Junto al gobierno mexicano, una delegación mexicana asistió a la Feria Internacional del Libro en Lima, Perú a finales del mes de julio. Paralelamente se realizaba el festival CompArte 2017 convocado por el EZLN y sus Bases de Apoyo, al cual asistió Tryno Maldonado llevado por su corazón. Durante el primer día de actividades en el Centro Integral de Capacitación Indígena (CIDECI) Unitierra Chiapas, el escritor mexicano ofreció una conferencia dedicada a las familias de Ayotzinapa.

Después de una actividad intensa en sus redes sociales sobre su andar en territorio zapatista le pregunté sobre el mainstream  en la literatura mexicana que asistió como comparsa del gobierno a Lima: “Me parece absurdo e incluso insostenible y éticamente también fuera de lugar… que un grupo de escritores le sirvan como comparsa a la secretaría de cultura, al gobierno de Peña Nieto para representar lo que supuestamente es la literatura para este gobierno en otros países latinoamericanos. Lo menos que podría hacer la comunidad de artistas o de escritores sería declinar a una invitación como esta, o al menos hacer una denuncia pública, deslindarte, ir bajo protesta, hay cantidad de formas en que se puede denunciar… Me parece que ya no es un momento para ser ingenuos a nivel político, tampoco para estar sordos ni ciegos ante lo que está ocurriendo en México en esta guerra. Es muy importante como artistas, como escritores tener una postura clara”, dijo con esa voz gruesa y serena que lo caracteriza.

Tryno Maldonado es uno de esos espíritus fuertes. Lo último que supe de él es que anda proponiendo una nueva novela mexicana en su columna recién inaugurada en “El Sur Periódico de Guerrero”. Plantea la construcción de una narrativa que vaya más allá del individualismo del autor/narrador para pasar a darle voz al actor/a social, protagonista de su propia historia. Esta apuesta trae consigo un compromiso en contra del colonialismo que busca apropiarse de la tierra como objetivo estratégico del capital, por la cual hay que luchar y poner al servicio una literatura descolonizada, feminista que camine a un lado de las luchas y resistencias en contra de la guerra, “una Nueva Novela de la Tierra, rebelde y descolonizada, más allá de las novelas retiradas del mundo”.

Es lo que, desde su decir, ha aprendido en su caminar en los procesos por justicia y verdad que acompaña junto a los tíos y tías de Ayotzinapa que buscan a sus hijos desaparecidos por el Estado mexicano desde el 26 de septiembre del 2014, ya casi 3 años de aquella eterna noche de Iguala.

Antes de Ayotzinapa escribía ficción, en su mayoría novelas. Le interesa la literatura, su relación con el poder y las resistencias. Ahora hace énfasis en el tono y la potencia de las voces que están en los márgenes. Así se presenta Tryno, dice que esa potencia, paradójicamente, la ha encontrado en las víctimas de desaparición forzada de los miles de casos que han ocurrido en México desde que se inauguró la guerra contra el narcotráfico en el 2006.

“Coincide que he acompañado a las familias de  Ayotzinapa, van a ser ya 3 años… ahora los considero prácticamente mi familia, y esas voces que he recabado en estos últimos años me han hecho ver que al menos para mí como escritor, como creador lo que me interesa es ese tono y esa potencia que adquieren esas voces en las resistencias y en las luchas… y que las he venido encontrando poco a poco principalmente en estas víctimas de la guerra, las familias de ayotzi, los chavos sobrevivientes que son mis compas de Ayotzinapa también y pues eso es lo que me interesa ahora, es el tipo de literatura que me interesa, el tipo de periodismo, o incluso una narrativa que está pues con un pie en el periodismo, en el reporteo y con otro pie en lo literario”.

A través de su libro Ayotzinapa el rostro de los desaparecidos publicado en el año 2015, buscó construir una contranarrativa de los hechos en primera persona, desde las familias de los normalistas desaparecidos, y de sus compañeros desaparecidos en contrapeso de la versión oficial, la supuesta “verdad histórica”.

Actualmente escribe sobre las mujeres que integran el comité por los 43 de Ayotzinapa, pues “las mujeres son pieza fundamental para la resistencias”. En él recapitula desde el momento en que sufren la desaparición de su hijo, esposo, un padre, un tío y cómo es el sufrimiento y el caminar de la lucha desde que el gobierno mexicano las orilló a arrojarse a la lucha por la presentación con vida de sus seres queridos desde hace 3 años: “son perfiles narrados por ellas en primera persona y contrastado a veces por los mejores amigos de los compas desaparecidos, por algún familiar más, pero centrándome en la figura de las mujeres y en… todo el dolor… todos los sacrificios que han tenido que hacer”.

Es un teórico de la palabra escrita. Sabe que la literatura va más allá de las cifras que el gobierno mexicano maneja alrededor de la guerra. A través de la herramienta que practica le pone rostro a los datos duros de las estadísticas, le da una cara humana y se la presenta al lector como alguien que pudo haber sido él mismo.

Cuando hablamos sobre su andar con el movimiento de Ayotzinapa desde el cual pone a disposición lo que “más o menos” sabe hacer, Tryno dice que ya no hay para donde hacerse, pues cuando conoció de primera mano las injusticias que trae consigo las diversas ignominias que existen hoy en México ya no se pudo desentender; lo transformaron, se dio cuenta que el dolor de los demás también es su dolor.

Para dejarlo en claro trajo a la memoria a la tía Carmelita, madre de Jorge Aníbal Cruz, a quien alguna vez le preguntó “y a usted si su hijo regresara mañana, ¿que pasaría con usted, se iría a su casa con su hijo feliz? Y ella me dijo que no, que ya no hay vuelta atrás. Que después de 3 años de ver tanta injusticia y tanto dolor recorriendo el país para ella ya sería imposible abandonar la lucha”.

Tryno Maldonado crea su narrativa corriendo riesgos, estando en terreno. Forma parte de un grupo, aunque pequeño, “sobre todo de periodistas” que hacen la labor de construir narrativa recogiendo las “memorias que emergen de la guerra en contraposición de las posturas vacías que hablan de escritores muertos en parís o de Nueva York y que ignoran la realidad inmediata.

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