Rubèn Valencia Nùñez

Ponencia presentada el 17 de agosto de 2007 en el XXVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) en el foro dedicado a “El Pensamiento emancipador. Reflexión y Práctica desde los Movimientos Sociales”. Previo a dicho foro participé en la presentación del libro “Ghandi y la desobediencia civil en México”, del pensador humanista Pietro Ameglio durante la cual planteé la relación entre la lucha de Ghandi con el movimiento social en Oaxaca.

Agradezco a Pietro por invitarme a compartir las reflexiones que hemos estado haciendo en Oaxaca en torno a la desobediencia civil planteada por Ghandi y con el valioso aporte que Pietro hace de su pensamiento. Es importante resaltar que desde hace 2 años le damos vuelta al asunto del programa constructivo y el Hind Swaraj y que a través de la edición de Pietro pudimos conocer. Me gustaría empezar con algunas similitudes.

La comparación de nuestra lucha en Oaxaca con la que tuvo que enfrentar el pueblo indio para lograr su independencia quizá a algunos pueda parecerle simplista. Pero ahí van algunas ideas.

Cuando Gandhi habla de “colonia inglesa”, nosotros podríamos hacerlo de Ulises Ruiz y los partidos políticos. Cuando habla de civilización moderna, pues nosotros de capitalismo y neoliberalismo. Muy cercano a lo que pasa ahora en México y en Oaxaca nos resultan las palabras de Ghandi cuando dice que no sólo piensa en los ingleses, sino en los mismos indios de la lucha. Es decir, de lo que se trata es de una crítica a los que buscan a través de la lucha ocupar espacios de poder en las instituciones que crearon los ingleses.

Siguiendo con los paralelismos, podríamos relacionar la visión de Gandhi respecto a la falta de un liderazgo moral de los dirigentes del congreso en la India con lo que ocurre en el Consejo Estatal de la APPO, que en su conjunto no ha demostrado esa legitimidad, agravado por la falta de consenso.

Pero lo cierto es que me gustaría que la relación entre nuestro presente y lo que en su momento dijo Gandhi, no quedara reducida a una relación exclusiva con una persona de su calidad moral, sino que vaya más allá en busca de lo que une a los pueblos que protagonizaron la lucha contra el colonialismo inglés en la India con la gente que hace lo propio en el contexto de represión y autoritarismo en nuestra Oaxaca.

De quienes me gustaría hablar es de todas las personas sencillas, organizaciones, chav@s, banda, mujeres, maestr@s, amas de casa, que se empezaron a dar cuenta de que por más que luchan en sus espacios por cambiar la realidad, no lo pueden hacer entregando un voto, lanzándose así a la desobediencia civil, mostrando que es más grande y fuerte el coraje ante el avasallamiento de una vida digna que el miedo a la represión.

La no-cooperación es una forma de resistencia civil no violenta, como lo han hecho muchísimos pueblos indígenas y las personas en las calles que dejaron de asistir a los restaurantes o negocios que llamaron a la represión o a la entrada de la PFP. Comprendieron en ese momento que había que defender lo propio, el territorio, la autonomía. Entiendo que esto de la no cooperación se refiere a nuestra relación con el estado, con el gobierno, como por ejemplo los boicots que todo el tiempo se hicieron a los actos culturales de Ulises Ruiz, como en la Guelaguetza, cuya asistencia fue únicamente la de empleados de confianza y de quienes debían favores, (así como de personas pagadas por el Gobierno o amenazadas de perder el empleo si no acudían). O en el bloqueo a carreteras en las regiones, en oposición a la construcción de unas supercarreteras que sólo están sirviendo para el paso de mercancías de las transnacionales y no al paso de la gente, la mayoría de la cual no tiene casi ni dinero para un camión y mucho menos para un carro con el que transitar por ellas.

En lo que se refiere a la desobediencia civil, que es la forma mas avanzada de lucha no violenta según Gandhi, se ha practicado en Oaxaca en distintos espacios y niveles, y sin que las personas supieran teóricamente en qué consiste. Simplemente empiezan a no creer en el estado y comienzan a desobedecerlo, pasando a una ofensiva civil consistente en no hacerle caso y a desobedecer unas leyes creadas para proteger los intereses de unos pocos en contra del pueblo.

Los brotes de desobediencia civil en Oaxaca están por todos lados, y el 14 de junio sirvió para que se visibilizaran aún más: la instalación de las barrikadas, la toma de las instancias de gobierno, la toma de los medios de comunicación, incluido el canal 9, ante su negativa a dejar al pueblo dar su voz a través de él, la marcha hacia la ciudad de México, el plantón y el tianguis que siempre lo acompaña, etc.

Entiendo que la desobediencia civil y todo tipo de resistencia civil no violenta, son medios, no el fin mismo, que busca la liberación, que es su fin. La resistencia, pues, a través de ella, es un medio para alcanzar esa liberación de los poderes opresores y del sistema que los resguarda.

Ese fin buscado, es lo que Gandhi llama programa constructivo. Nosotros estamos en esta etapa precisamente, en la de proponer una alternativa en nuestros programas de lucha. Una alternativa que es, ante todo, anticapitalista.

Programa constructivo

Ghandi decía que sin programa constructivo, ninguna acción no violenta de resistencia tenía sentido, y much@s estamos de acuerdo con eso. Tal vez en Oaxaca lo que más se acerca a ese programa constructivo son los llamados “usos y costumbres”. Una forma de organización socio-política tradicional de nuestros pueblos y que fue elegida por más de 400 municipios de los 570 existentes en Oaxaca durante la reforma de la Ley Indígena de 1995. Ahí está la propuesta de fondo, las alternativas vivas, que el movimiento trata de fortalecer, pero siempre bajo amenaza. No hay que caer en una visión romántica que entiende lo indígena como algo valioso pero anclado en el pasado. Es un mundo que está en constante reflexión y transformación, y cuya regeneración tendrá que venir desde adentro. Ahora la mayor amenaza son los partidos políticos y la visión que se les transmite a los pueblos desde las escuelas, cuyos siempre están diseñados para mantener la ideología del poder. El papel de la modernidad y de los valores y estilo de vida que se impone en nuestras sociedades sería un tema sobre el que también deberíamos discutir, como un elemento más de ese capitalismo que en Oaxaca, como decía antes, se convirtió en el elemento fundamental contra el que todos coincidimos en dirigir nuestra lucha. Un capitalismo que va íntimamente unido a una concepción del poder vertical, frente a la política del acuerdo y el consenso en busca del bien común que se practica en la mayoría de nuestros pueblos originarios. Y aquí encontramos otro paralelismo entre el pensamiento de Gandhi y lo que ocurre en Oaxaca. Porque para el autor indio el papel del político, o sea, de una autoridad, no debe ser más que afirmar y defender lo propio. Como representante del colectivo esa es su responsabilidad, y eso es lo que se ha visto y se sigue viendo en las asambleas de barrios, por ejemplo, influenciadas por nuestras formas tradicionales de organización.

Gandhi se refería a los ingleses como un obstáculo pero no el enemigo r
eal, que no era más que la civilización moderna. Nosotros entendemos de igual forma que Ulises Ruiz no es el enemigo real, sino un obstáculo en el camino que supone la lucha contra el capitalismo. La gente sabe que todo está jodido y que el problema no sólo es la clase política, que viene desde Calderón y el capital transnacional. El fondo de la lucha, al final, no es más que un proceso de autoafirmación, autodeterminación, autonomía, lo que Gandhi llama “hind swaraj”, cuya traducción literal viene a ser “autogobierno de la india”. Para nosotros esa lucha es por la ‘autonomía de los pueblos’.

Gandhi llegó a enunciar y articular esos procesos, y orientarlos con una visión espiritual, moral, ética, política… Las asambleas tenderán a ocupar ese lugar, como en su momento ya lo hicieron. Pero ahora que no hay barrikadas, se están creando otros espacios de encuentro y de toma de decisión, o sea, otros espacios del quehacer político, como la asamblea de colonias. Sí, a cierto nivel estamos empantanados porque actualmente no tenemos esa orientación. Nadie está articulando, es decir, enunciando lo que está pasando, pero eso no quiere decir que no esté moviéndose el subsuelo. Esta es una etapa, y no sabemos con exactitud qué vendrá después.

En estos momentos al movimiento le ha falta esa orientación, me parece, porque no todos los liderazgos han sido legítimos. Ahora estos liderazgos tendrán que articularse a través de las asambleas y maniatarse ahí a la voluntad de los pueblos. Una voluntad que en muchas ocasiones actuó a través de acciones contundentes de desobediencia civil de un pueblo organizado espontáneamente: toma de 12 radios comerciales el 21 de agosto, voto de castigo contra el PRI en el 2006, abstención del voto en 2007, las barrikadas… Y digamos que lo esperanzador es que el pueblo está defendiendo lo suyo, está defendiendo su maíz. Está defendiendo sus tierras. Está defendiendo sus recursos, incluyendo el agua. Está defendiendo su ciudad. Está defendiendo sus formas de gobierno, su sentido de vivir con dignidad.

Y el movimiento ha servido para que todo eso se visibilice y se politice, y tenga coherencia, es decir, que se vean como parte de un mismo proceso de resistencia para la liberación y no como acciones o procesos aislados. Todo está relacionado, y eso se ha podido evidenciar a través del movimiento social y la APPO.

Se ha alcanzado un nivel más alto de conciencia, digamos, y la esperanza está ahí justamente, en la realidad de que las cosas ya nunca serán igual. Y que venga lo que venga es a través de esta conciencia colectiva que se adquirió través de un proceso de producción de conocimiento, diría un pensador muy conocido, el pueblo ahora sabe algo que no le ‘enseñó’ nadie. Y lo sabe porque produjo ese conocimiento de forma autónoma y a través de la acción colectiva. Ahora estamos en una fase de reflexión, me parece, sobre lo que se aprendió, y para prepararse para lo que viene…

La parte que crea polémica en relación con las propuestas sobre la visión de Gandhi es que si realmente queremos retomarlo no deberíamos ponerlo entre vencedores y derrotados, enemigos y amigos, los buenos y los malos. Lo que se busca no es la victoria en una lucha, porque entonces siempre habrá lucha; inclusive después de la victoria habrá vencedores y vencidos. Lo que se esta buscando es una transformación y esto implica a las dos partes. Porque las dos partes estarán presentes de alguna forma en la nueva sociedad, la que se quiere construir. Y en eso radica la importancia de la no violencia de Gandhi, en reconocer que lo importante no son sólo las acciones de lucha, sino también la forma de pensar y el lenguaje que usamos, donde tenemos que erradicar la violencia, la lógica de guerra, de confrontación. Se trata más bien de continuar un proceso de construcción hacia la transformación de la sociedad y creo que en eso están más claros que nadie los pueblos indígenas, así como la gente de las colonias. Porque la mayoría de gente quiere una mejor vida, y no una victoria o una toma de poder. Nosotros hemos podido observar esto cuando en un taller de agricultura urbana que realizamos en el barrio oaxaqueño de Brenamiel, participaron hasta señoras priístas.

Y a eso creo que se refiere Gandhi cuando se niega a interpretar la lucha bajo el esquema de vencedores y vencidos. Y creo que la gente, el pueblo, la gente ‘no-organizada’, eso lo entiende también así. Y lo hemos visto una y otra vez a lo largo del movimiento: un espíritu transformador, de unidad, como el que representaba la señora de clase media en un esfuerzo conjunto con el chavo en las barrikadas. La clase política sí está fuera de esta lógica, y por eso nadie votó el pasado 5 de agosto, y por eso todos quieren que se vayan a la chingada, toditos. Pero eso no sé si quiere decir que quiera la gente que se vayan todos los simpatizantes del PRI-PAN-PRD a la chingada también, dado que la mayoría son gente sencilla y humilde también, son pueblo también, son vecinos, son compañeros de trabajo, son parientes…

Lo que importa en definitiva es la acción, la construcción de alternativas que no tengan nada que ver con el poder, sino más bien con hacer las cosas de otra forma, con vivir con dignidad, con vivir bien, haciendo que la gente vaya simpatizando con la lucha. Pero no porque se les tire línea, sino porque sus lechugas crecen con orinas en su patio, (por usar el lenguaje de un taller de agricultura); o porque les das la voz en una radio y se da cuenta de que cuando participa es porque tiene cosas que decir, y no tiene los espacios para hacerlo; o porque se le ayuda a aprender por si mismo. Creo que eso también es el espíritu de Ghandi y lo que soñó para la India.

Gracias

1 Miembro del Consejo Estatal de la APPO e integrante de Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y Libertad (VOCAL)

Nota. Agradezco a todas las personas que contribuyeron en esta reflexión, en especial a Daniel Perera por su apoyo para la presentación de esta ponencia.

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