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Texto original aquí (en ingles)

Durante las últimas dos semanas, los Estados Unidos ha visto algunos de las protestas y los disturbios más grandes y militantes en décadas. Ya a escala nacional, el movimiento inició en Minneapolis después del asesinato policial de George Floyd. El enfado que siguió resultó en manifestaciones masivas, confrontaciones con la policía, incendio provocado,saqueo, duelo, y rebelión que propagó por todo el país dentro de algunas horas. El Tercer Recinto Policial de Minneapolis, donde los asesinos trabajaron, fue quemado hasta los cimientos, y coches policiales fueron incendiados desde Nueva York a Los Ángeles en el daño más extendido a los edificios punitivos del estado visto en el siglo, alimentado por décadas de enfado a vigilancia racista y el flujo incesante de asesinatos policiales de personas Negras. Ahora, incluso la izquierda electoral orientada a reforma está seriamente discutiendo una versión ablandada de abolición policial al nivel nacional, reinventado como “desembolsación”, y el Consejo Municipal de Minneapolis ha comprometido a “disolver” su departamento de policía. No hace mucho tiempo, la demanda de abolición habría sido considerado utópica.

Mientras que el movimiento contra la brutalidad policial y la institución de la propia policía se desarrolla rápidamente en los EEUU ya hemos visto en ella las huellas de otros disturbios y luchas masivas que surgieron a través del globo, de Chile a Francia, Líbano, Irak, Ecuador y Catalonia, por nombrar algunas. Aquí, cualquier análisis amplio de rebelión en los EEUU sería prematuro, mientras los fuegos están literalmente quemando en las ciudades por todo el país. En su lugar nos gustaría ofrecer algunas observaciones breves sobre las luchas en Hong Kong, que hemos hecho lo mejor posible seguir de cerca, enfocando en una innovación táctica en particular que nos sentimos podría ser una contribución útil a las protestas que siguen en los EEUU y más allá. Ya hemos visto gente en las calles adoptando lecciones dispersados desde Hong Kong y otros puntos calientes en el ciclo global de rebeliones del año pasado: una barricada de carros de compras de Target en el estilo Hong Kong afuera del asediado Tercer Recinto Policial de Minneapolis, técnicas para extinguir gases lacrimógenos en Portland, informes de láseres deslumbrando cámaras policiales y viseras en varias ciudades, paraguas levantados contra spray de pimienta en protestas en Columbus y Seattle, y agradecimientos de graffiti a camaradas de Hong Kong en tiendas tapiadas o saqueadas en ciudades múltiples. Las semejanzas eran tan chocante que el director paranoico del tabloide estatal The Global Times en China, Hu Xijin concluyó que “manifestantes de Hong Kong han infiltrado a los EEUU” y “planificaron y dirigieron” los ataques.

Podemos hacer poco para guiar como el movimiento se desarrolla (ni querríamos guiarlo si fuera posible), pero esperamos que algunas de las herramientas y las tácticas utilizadas por nuestros amigos y camaradas en Hong Kong podría ser útil para los que están en las calles de otras ciudades[1]. En particular, les ofrecemos para su consideración la evolución del rol de la “primera línea” (“frontline” en inglés) en el movimiento en Hong Kong, con la esperanza que sea útil en formar cercania entre militantes y participantes pacíficas en las calles en otras partes.

Como en movimientos anteriores, ya ha habido desacuerdos considerables sobre cómo enfrentar las fuerzas del estado en los EEUU. Parecido a otros movimientos desde Ferguson y antes, algunas (pero no todas) organizaciones activistas formales han empezado engranar con la ala “suave” del aparato represivo local, saltando a la acción para apisonar la militancia de la insurrección inicial: “Líderes comunitarias” colaboran con la policía, llevando a las multitudes a emboscadas y rodeas policiales (“kettling” en inglés) y literalmente señalando manifestantes “violentos” en la multitud. Mientras tanto, gobiernos locales por todo el país declaran que los que están iniciando la destrucción de la propiedad o luchando contra la policía son “agitadores externos,” con la alcaldesa de Seattle tuiteando que “la mayoría de la violencia y destrucción, tanto aquí como en todo el país, ha sido instigado y perpetuado por hombres blancos.” Pero es abundantemente claro que la ira reprimida contra la policía es sumamente extendida, y en las calles ha surgido un consenso amplio que ellas deben ser opuestas.

Hong Kong podría ofrecer un camino que escapa la inevitabilidad parecida de conflictos sobre acciones violentos y no violentos y como abordar con las fuerzas del estado. Para los que buscan una nueva forma de formar cercanía entre formas de participación militante y pacífica, pensamos que una de las contribuciones más importantes de la ciudad a esta nueva época de luchas ha sido el desarrollo de roles y formaciones particulares para ser desplegado en las calles, y además sus enlaces con las estructuras apoyantes que han unido a los que están dispuestos a pelear contra la policía con todos los demás en el movimiento. En particular, queremos subrayar el concepto de las personas de la primera linea de Hong Kong, quienes no solo desarrollaron muchas técnicas exitosos para confrontar a la policía, pero también establecieron una nueva relación entre los elementos militantes y no violentos de acciones callejeras tras de muchos meses de experimentación.

¿Qué significa “estar en el la linea primera”? El término se ha vuelto increíblemente popular durante los últimos meses a través de idiomas y dominios sociales, especialmente en referencia a trabajadores médicos y otros que están particularmente vulnerable a la pandemia en curso. Esto oscurece la oleada original en la popularidad del término en cultura dominante el año pasado, cuando se refirió a manifestantes en varios partes del mundo. Las adulaciones oficiales por trabajadores saliendo del turno en Wuhan y Nueva York nos parece como extraño ecos, orquestado por el estado, del canto “¡vivan lxs de la primera línea!” que había saludado a manifestantes regresando de batallas contra la policía en Chile durante el otoño pasado. Lo que permitió los usos del término versátil y aparentemente opuesto fue precisamente su habilidad de integrar efectivamente actividades que de otra manera hubiera sido separado. Este uso propuso una unidad definido no por homogeneidad sino por apoyo de la lucha en general, simbolizado por aquellos en la linea primera. Ahora, con el regreso de disturbios en los EEUU, nos parece posible que el uso del término puede volver a nombrar a los que enfrentan a la policía: En Connecticut, una linea de manifestantes vestida de negro enfrentaron a la policía usando máscaras que debe haber sido destinado para prevenir la propagación del virus. En una captura de pantalla borrosa, una mujer tenía un cartel que leyó, “los únicos aliados son los que están en la linea primera.

La idea básica que permite que el concepto de la linea primera integra con el movimiento más allá que las divisiones viejas entre violencia y no violencia, o “la diversidad de tácticas”, es que los y las de la primera linea toman riesgos personales para proteger a los que los rodean, idealmente con (pero a menudo sin) equipo de protección distintivo, y que estos riesgos ayudan a empujar hacia adelante el movimiento entero. Esta es también la razón por la expansión tan fácil del concepto a la respuesta pandémica. La lógica básica del riesgo personal en apoyo de la lucha es más o menos identical. Pero en los casos médicos, el estado tenía un interés claro en movilizar el término para cooptar respuestas populares o disfrazar su propia incompetencia, todo con el meta final de suprimir la pandemia. Ahora, sin embargo, el estado no tiene tal interés, porque no comparte el mismo objetivo que los manifestantes que invocan el concepto de la primera linea. En cambio, posará “líderes comunitarios,” tal vez incluso retratarlos como hubieran sido “en las primeras lineas” del movimiento en alguna manera, pero no hay necesidad a fingir a apoyar quienes están realmente en conflicto con la policía. Esto significa que el término tiene la habilidad para volver al significado que ganó en Hong Kong, definido por riesgos tomado en defensa de todos o el acto de arriesgar la vida para proteger a los demás, simultáneamente empujando la lucha hacia adelante.

En el transcurso de la intensificación de enfrentamientos callejeros durante 2019, manifestantes de Hong Kong produjeron innovaciones rápidas, incluyendo la invención de equipo nuevo y formaciones distintas con posiciones específicas tácticas que sería llenado dentro del cuerpo de la protesta. La primera linea surgió en este contexto como un rol reconocible para los que, con armadura y estrategias de mitigar gases lacrimógenos, se posicionaron directamente contra la policía, respaldado por camaradas en las segundas y tercera líneas.

Traducción de consignas entre las protestas de Hong Kong y Chile: “No podemos volver a lo normal, porque la normalidad fue el problema.”

Esta innovación técnica propagó rápidamente, primero a Chile y después a otros contextos latinoamericanos. El primer salto de Hong Kong a Chile fue probablemente traducido por “pornografia del alboroto” subido a YouTube o simplemente transmitido por el aire embriagador del ciclo de rebelión de 2019. Un participante en un “clan de la primera linea” en Chile deja en claro que las tácticas que usa su grupo fueron adoptadas de Hong Kong. Pronto, otros alborotadores locales estaban preparándose con tácticas notablemente similar, incluyendo escudos, consignas, construcción creativa de barricadas, y la adopción extendida de punteros láser de alta voltaje como herramientas para interrumpir las cámaras policiales y su visión (tanto como, en un caso memorable de la destrucción de un dron policial). Más allá de estas adaptaciones específicas, la estructura del movimiento chileno fue también organizado a lo largo de maneras reconocibles: Siguiendo un periodo de demostraciones contra un aumento en los precios de transportación pública, incluyendo la evasión generalizada de tarifas y las marchas grandes, una ofensiva policial luego provocó a demostraciones masivas y alborotos que, en Chile, se conocen popularmente como “la explosión social.” En un video de una protesta en Plaza Italia, Santiago de Chile, un hombre en un edificio con vista a la plaza comenta con entusiasmo que la demostración “es solo posible porque hay un grupo de jóvenes” que ha organizado a “parar los esfuerzos represivos.”

Durante el período siguiente, cuando se declaró el estado de emergencia en las ciudades del país, un espacio por manifestaciones pacíficas fue defendido por manifestantes dispuestos a luchar contra la policía. Al igual que en Hong Kong, estas personas de la primera linea se organizaron principalmente por rol: portadores de escudos, lanzadores de rocas, médicos, “mineros” (productores de proyectiles), manifestantes en la última línea con láser para interrumpir la visión de la policía o las cámaras, y barricadas para bloquear los avances. A diferencia de los desarrollos posteriores en la estrategia de Hong Kong “be water” (“ser agua”), que promovió el agotamiento de la policía a través del movimiento constante, el movimiento chileno comenzó con el establecimiento y el defendimiento de líneas específicas alrededor de la “zona cero” o “zona roja” para evitar que la policía ingresaron áreas donde se reunieron otros manifestantes. Sin embargo, a medida que aumentaba la represión, los enfrentamientos diarios se convirtieron esencialmente en batallas, calle por calle, entre los organizadores y la policía. Aún así, la importancia de la primera linea, como una herramienta para hacer posible la protesta, fue ampliamente reconocida por aquellos dentro y fuera del movimiento, con lxs “representantes” de la primera linea, bien celebrados cuando fueron invitados a participar en entrevistas de televisión. Al igual que en Hong Kong, lxs miembrxs de la primera linea que formaron grupos autónomos para defender el movimiento tuvieron tremendo apoyo de participantes externos, de forma anónima y grupal, como se quejaron algunas figuras de los medios comunicativos de la derecha.[2]

Se adoptaron tácticas similares en Colombia a través de Chile y Hong Kong, a medida que los grupos que se organizaban en Facebook dieron cuenta que era necesario proteger a lxs manifestantes del movimiento contra la violencia policial, que era mayormente guiado por estudiantes. Sin embargo, los miembros más prominentes de la primera linea declararon que actuarían de manera puramente “defensiva” en lugar de atacar directamente, sin antagonismo de la policía. A medida que el movimiento popular más amplio se calmó, las opiniones sobre estos grupos (caracterizados por sus escudos azules reconocidos por los medios) comenzaron a cambiar. Adoptaron conscientemente la estrategia de “be water” de Hong Kong, pero muchos de los movimientos estudiantiles lo percibieron como un abandono físico del movimiento estudiantil, que no había tomado las mismas decisiones tácticas. En términos más generales, las personas “de la primera linea” en las protestas estudiantiles Colombianas fueron percibidas como oportunistas, intentando hacer un espectáculo amigable con los medios y tratando de desviar las marchas de las rutas acordadas. Últimamente, este tipo de “linea primera,” altamente inorgánica, quedó alienada del apoyo que recibió en el principio por el parte del movimiento más amplio.

“Amor por el la linea primera” en el graffiti de protesta Chilena

En estos contextos diferentes, el desarrollo de la posición del líder ha marcado un avance importante en las tácticas de confrontación callejera con la policía. Estos tipos de tácticas deben, por supuesto, cambiar para adaptarse a situaciones particulares, pero podemos aprender del conocimiento global de la lucha que desarrolla continuamente. En la década siguiente a la caída del movimiento anti-globalización, la discusión sobre las tácticas para combatir a la policía se solidificó en gran parte en debates sobre el “el bloque negro” (black bloc en ingles). Originalmente de Alemania en la década de 1980[3], el bloque negro se refiere a la táctica de usar ropa completamente negra, que evita que la policía elija a un individuo de la multitud de manifestantes. En parte debido a su éxito práctico, las acciones del bloque negro en los EEUU y gran parte de Europa han sido sujetas a debates amplias que pueden ser reducido a una cuestión del rol que la acción militante debe tomar en las protestas callejeras. En los EEUU, el resultado final fue una détente en la que lxs manifestantes que apoyaban la militancia y aquellos que solo podían apoyar la acción sin confrontación violenta llegaban a dividir áreas de las ciudades para evitar la interacción entre los grupos. El conocimiento de que el bloque negro protege a los manifestantes no violentos (ya sea directamente o por guiar la represión policial y los recursos a otros lugares) han sido puntos comunes de contención, pero nunca llegaron a un consenso. En el mejor de los casos, se proponen una “diversidad de tácticas”, tal vez la mejor frase para describir esta frágil détente.

Al principio de tales movimientos, la diversidad de tácticas permite una coexistencia débil entre las protestas militantes como las que son pacíficas, ya que hay muchos participantes y marchas, lo que permite que las personas se distribuyan en aquellos lugares donde prevalece su forma preferencial de protestar. El término efectivamente imagina esferas enteramente diferentes en las que pueden utilizar “tácticas diversas.” Pero este no es siempre el caso. Cuando aumenta la represión estatal y se afloja la fuerza inicial, las dos esferas se obligan a fusionarse. Es precisamente en este punto cuando se cansa la energía de los participantes que se necesitan tácticas más agresivas para defender el movimiento contra la policía y para continuar el avance. Por un lado, esto es cuando se activa la función represiva del estado, ya que la policía local se reabastece y recibe respaldo de los niveles superiores del gobierno. Incluso, este es el momento en que el estado moviliza su aparato de autocontrol en la forma de líderes y organizaciones comunitarios y políticos “progresistas,” todos los cuales rupturan a la alianza táctica que, aunque débil, existía. Estas son, después de todo, las personas más exitosas en accionar el mito del “agitador externo.” Desacreditan la destrucción de la propiedad que hace la “anarquista blanca” y, a veces, intervienen para evitar ataques a la policía o el “de-arresto” de otros manifestantes. Muchas veces, después motivan a las personas a entregar videos “snitch” que muestran quién tiró las botellas a la línea de la policía. Estos “progresistas” inundan las redes sociales con publicaciones que afirman que la policía, o incluso, los nacionalistas blancos fueron los que rompieron las primeras ventanas.

Sin embargo, en las protestas de 2019 en Hong Kong y Chile, de diferentes maneras y a diferentes velocidades, la afirmación de que el bloque protege a los demás se convirtió en un conocimiento común clara e innegable. Esto fue posible en parte a través de la borradura de cualquier significado antecedente relacionado con las protestas del bloque negro y su renacimiento en la forma de la primera linea: ese manifestante que, al ponerse en el camino de peligro y los gases lacrimógenos, no estaba actuando en ninguna otra capacidad que la defensa de todos los otros manifestantes en la protesta contra la policía. Esto representa un cambio: ya no hay una gran separación geográfica entre dos cuerpos de manifestantes (una zona para la protesta pacífica y otra para la de confrontación), sino un solo cuerpo unificado, protegido en la la primera linea de la lucha por aquellos que han hecho la protección física su objetivo. En un sentido más amplio, y quizás aún más importante, las protestas de Hong Kong y Chile reconfiguraron la consideración global de los manifestantes vestidos de negro, enmascarados, militantes y dispuestos a luchar contra la policía. A diferencia de la situación en los EEUU, donde es posible que los medios y la policía colaboren para aislar a los militantes, describiéndolos como separados del grupo principal de los “buenos manifestantes” e incluso todavía más alejados del cuerpo político en un sentido general, las y los personas de la primera linea también llegaron a ser extensamente (si no completamente) entendido como manifestantes que actúan en defensa de todos los demás, participantes y no participantes igual, haciendo posible resistir un statu quo defectuoso y asqueroso.

La construcción de una solidaridad efectiva entre “militantes valientes” (??) y adherentes a “no violencia pacífica y racional” (???) no fue el resultado automático del movimiento ascendente en Hong Kong en 2019 ni sucedió de la noche a la mañana. Como es el caso en los EEUU, movimientos anteriores en Hong Kong eran divididos a lo largo de líneas ideológicas de militancia y no violencia, tanto como entre los que estaban en las calles y la “oposición controlada” de los partidos Pan-Democráticos en el Consejo Legislativo (LegCo, abreviatura por Legislative Council en inglés).[4] Nosotros debemos recordar que las protestas de 2019 vinieron después de años de experimentación, incluso la aparición y el fracaso del Movimiento de Paraguas de 2014: una protesta igualmente masiva y en gran parte “pacífico” que satisfecho todos los requisitos defendido por los proponentes liberales de la no violencia.

Cuando el movimiento fue tan decisivamente derrotado, la juventud de Hong Kong empezó a agitar en nuevas formas – primero en acciones callejeras de menor escala, como el extraño y aún controvertido “Alborotos de Albóndigas de Pescado” de 2016. En estas acciones, vimos algo que como la primera linea se cortó de su base en demostraciones masivas. Gente joven todavía tambaleándose del fracaso abyecto del “paz, amor y no violencia” de 2014, en su lugar saltó a la confrontación directa, declarando guerra contra la policía, apilando y tirando ladrillos, y luego pilotando la estrategia de “be water,” basado en negarse a mantener espacio. Al mismo tiempo, no esperaron estar unido por otros manifestantes, y no hicieron ningún esfuerzo por reclutarlos. El resultado fue que las primeras lineas en los “Alborotos de Albóndiga de Pescado,” tal como eran, no tenían las connotaciones de defender a los otros que tienen ahora. Esta instancia de disturbios es todavía controversial entre los ciudadanos de Hong Kong dentro del movimiento debido a su carácter aislado se lo convirtió en una especie de aventura arriesgada (sin mencionar el papel jugado por localistas de la ultra-derecha en los alborotos). Ahora sin embargo, vemos a tácticas muy similares redistribuidas y pulidas, pero en un contexto notablemente diferente. Es como si las tácticas pilotadas tanto en las acciones (relativamente) pacíficas de 2014 que en las confrontaciones (relativamente) violentas con la policía de 2016 eran finalmente forzada a combinada en un síntesis efectivo.

Los raíces de esta síntesis podría ser mejor visto cerca del final del Movimiento de Paraguas, que tomó forma por interacciones a veces confrontacional entre organizaciones formales y decenas de miles de participantes autónomos. Durante las ocupaciones de Central y, más tarde, Mong Kok, algunos elementos del movimiento eran centralmente organizados, con ocupaciones centradas en un “gran escenario” (??) que fue esencialmente controlado por organizaciones políticas grandes, particularmente dos grupos de estudiantes: el HK Federación de Sindicatos de Estudiantes y el Eruditismo (un grupo fundado por estudiantes de colegio), además de los principales partidos electorales del campo Pan-Democratico y un montón de activistas establecidas de los ONGs. Mientras que estas ocupaciones nunca podían haber empezado – mucho menos sostenido – sin grandes esfuerzos de trabajo y acción autónoma, organizaciones formales intentaron a mantener un nivel de control sobre la forma del movimiento, y en algunos casos intentaron a cancelar acciones específicas, algunas de las cuales continuaron de todos modos sin su apoyo. Todavía, aquellos en posiciones de liderazgo eran los grupos que eventualmente entraron con negociaciones con el gobierno. Como en muchos contextos occidentales, estos organizaciones eran orientados en gran medida hacia el así llamado “no violencia racional.” Sin embargo, los tensiones entre los radicales y los que controlaron el escenario crecieron durante el movimiento, alcanzando un pico siguiendo un ataque por manifestantes sobre el edificio de LegCo, después de lo cual manifestantes no violentos y organizadores etiquetaron a todos los militantes como agentes secretos de Beijing o “demoledores.” Al otro lado, algunos manifestantes empezaron a poner en circulación eslóganes llamando por el escenario principal (y el base de poder que representó) a ser desmantelado (???) y por los piquetes que había tratado parar ataques en LegCo a ser disueltos (???).

En la estela del fracaso del Movimiento de Paraguas y el despeje de las ocupaciones, el primer periodo del Movimiento de Anti-Extradición de 2019 – aproximadamente desde la propuesta del ley en marzo de 2019 a la marcha de dos millones de personas en el 16 de junio – fue todavía caracterizado por la no violencia racional como táctica dominante. Sin embargo, siguiendo la renuencia del gobierno a retraer la ley en la cara del movimiento masivo y no violento, y siguiendo represión policial cada vez más violento, un consenso general emergió alrededor de algunos principios básicos. Aprendiendo de los fracasos del Movimiento de Paraguas, las protestas no deben ser organizados alrededor de un cuerpo central ni intentar a tomar ni sostener espacio. Esta forma organizacional fue entendido específicamente en referencia a los escenarios principales del Movimiento de Paraguas, con “descentralización” como eslogan y su principio organizacional, dictado en cantonés como “sin un gran escenario” (???).[5]

Al mismo tiempo, experiencias de la violencia de represión policial creó una atmósfera de solidaridad entre los manifestantes. Basado en demandas unificadas – primero por la retracción de la factura de extradición, y entonces por una investigación sobre brutalidad policial, un fin a las clasificaciones de manifestantes como alborotadores, amnistía para detenidos, y sufragio universal – participantes logró a un consenso amplio que el éxito requeriría un nivel de unidad entre militantes y manifestantes pacíficos: “no divisiones, no renunciaciones, no traiciones”  (???????????) o más positivamente, “cada persona luchando a su propia manera, subimos a la montaña juntos” (?????????)  y “los pacificos y los valientes son indivisibles, subimos y caemos juntos” (?????????). Encuestas de los participantes del movimiento tomados en la calle en el inicio de junio demostraron que 38% de encuestados creyeron que las “tácticas radicales” eran útiles en hacer que el Estado escucharía a las demandas de los manifestantes, pero en septiembre, 62% estaban de acuerdo. Cuando se le preguntaron si las tácticas radicales eran comprensibles frente a la intransigencia del Estado, casi 70% ya estaban de acuerdo en junio, y por julio, el porcentaje había llegado a 90%. En septiembre, solo 2,5% de encuestados declararon que el uso de tácticas radicales de manifestantes no era justificable. De la misma encuesta, en septiembre, más que 90% de participantes estaban de acuerdo con la declaración que “Reuniendo acciones pacíficas y militantes es la forma más efectiva de obtener resultados.”[6] Un punto de inflexión similar podría estar surgiendo en los EEUU, como casi el 80% de encuestados a una encuesta nacional preguntando si la ira que conduce a la manifestación de protestas es “justificada” respondió afirmativamente, y 54% afirma que la respuesta al muerte de George Floyd, incluyendo reducir a cenizas un edificio de un recinto policial, es justificado.

En Hong Kong, el carácter descentralizado del movimiento, combinado con el sentido creciente de una intención unificada compartido entre los manifestantes pacíficos y militantes permitió la formación y la reproducción de roles reconocibles en que los participantes podían apoyarse mutuamente en grupos organizados autónomamente, coordinado anónimamente por herramientas online como Telegram y los foros como LIHK.org. Estas herramientas y estructuras organizativas merecen una investigación aparte o una guia de protesta de código abierto (“open-sourced protest guide” en inglés) por ellas mismas: Telegram permite para la creación de estructuras extremadamente flexibles mientras conserva el anonimato, que permitió que los manifestantes y partidarios podían desarrollar un ecosistema digital entera que fue esencial para aventajar a la policía en vivo. Los “canales” de Telegram permitió la creación de salas de chat grandes similar a la característica de comentario en software de la transmisión en vivo que los manifestantes en los EEUU están usando. Sin embargo, mientras estos “mares públicos” (??)  eran capaz de proveer alguna información útil, se entendía que estaban bajo vigilancia policial debido a su estado público, y organización susceptible pasaba en canales de “breakout” con amigos de confianza.

Manifestantes también crearon otros canales específicamente para compartir la ubicación de la policía y rutas de escape, que eventualmente llegó a decenas de miles de manifestantes. En estos canales, la publicación está restringida a ‘admins’ o bots específicamente designado, quienes retransmite información verificada sobre la ubicación y disposición de fuerzas policiales, ayudando a debilitar el fenómeno de rumor desbocado que es común en cualquier manifestación. La información, en si misma, está agregado por colaboración participativa de individuos que trabajan como observadores en las franjas de las marchas. Ellos mandan noticias según un formato específico para que pueda ser estandarizado fácilmente y pasado a agregadores de datos quienes monitorizan los canales de centinal y transmisiones en vivo, publicando actualizaciones a canales comunicativos y mapas de tiempo real de ubicaciones policiales.

Más allá de las funciones de informes, los canales de Telegram creados por acciones específicas también permitieron a manifestantes a retransmitir información sobre necesidades (por ejemplo: “se necesita médicos en esta intersección” o “se necesita herramientas para la mitigación de gases lacrimógenos pronto”) y hacer decisiones colectivas sobre respuestas en tiempo en vivo usando capacidades que facilitan la votación. El último facilitó las elecciones rápidas como rutas de escape para evitar un ataque policial. Importantemente, estos métodos organizacional atrajeron a los militantes y a los que eran reticentes, no interesado o (debida a estado de immigración, invalidez, o otros vulnerabilidades potencial a violencia policial) incapazes de participar en la linea primera. Mientras, las personas de la linea primera enfrentaron con la policía y su violencia creciente, partidarios no violentos se involucraron en marchas, como médicos o por proveer apoya logistica (moviendo suminitros de barricada, las herramientos para la mitigación de gases lacrimógenos, o un cambio de ropa para las y los de la primera linea vestido en negro), como vigilancia de la actuación policial con cámaras de video, o como centinelas dando información a otros partidarios trabajando como agregadores de datos.

Muchas de las formas de que los que están “fuera” de la primera linea proveyeron apoyo material directo a las personas en la linea primera en las calles: En algunas acciones, los manifestantes sin equipo formaría paredes humanas, a veces usando paraguas, para proteger a las y los de la primera linea mientras aquellxs sacaron su equipo que los habrían sido marcado para la detención al regreso de la acción. Otros, aunque no directamente participando ellos mismos como lxs de la primera linea facilitaron daño a la propiedad mediante el uso de sus paraguas para proteger, de la vista de las cámaras, a los que estaban rompiendo las ventanas. Luego en el movimiento, los manifestantes fuera de la primera linea llevaban los componentes individuales para cócteles de molotov a los acciones, y formaron cadenas humanas para suministrar a lxs de la primera linea con materiales como botellas, gasolina, azúcar, y trapos.

Más allá de estas acciones de apoyo específico, simplemente permanecer en las calles durante las prohibiciones de reuniones públicas fue eventualmente entendido como una forma de apoyar al movimiento: Un amigo cuenta la historia de un trabajador anciano de oficina que, en un receso para fumar, después de haber leído en Telegram que un grupo de la primera linea cerca de su edificio necesitaron ganar tiempo antes de meterse con la policía, caminó directamente a la línea policial y trato de pelear con ellos, pensando que su identidad como una persona mayor y bien vestida podría disminuir su posibilidad de ser arrestado y proveería un mejor coartada si fuera arrestado. Sin embargo, se ve también esta generalización de la lucha como un razón por el cambio en la estrategia de la policía a cambiar a trampas y hacer arrestos masivos (kettling and mass arrests, en inglés) a todos en un área predeterminada. Se puede asumir que cualquiera persona en las calles es un participante, o por lo menos odian a la policía.

Imagen de los roles de protesta de Hong Kong, traducido a inglés anónimamente y circulado durante las luchas recientes.

Temprano en el movimiento, sin embargo, antes de la ampliación de represión policial y arrestos en el verano y el otoño de 2019, el rol de la persona en la linea primera fue relativamente claro, con opciones para partidarios a permanecer separados de la confrontación directa con la policía por construir barricadas, por proporcionar suministros para la mitigación de gases lacrimógenos, o por esconder a lxs de la primera linea de la policía mientras se cambiaron de su ropa y equipo. Esta división todavía fue algo problemática, sin embargo, porque la aceptación de la primera linea como un segmento crucial del movimiento dío a esos que actualmente peleaban con la policía una posición de “mayor mérito” en algunas maneras, con la acusación que algunos manifestantes pacíficos no hacían bastante. Pero, mientras la aceptación de acción militante creció junto a violencia policial más y más extrema, estas divisiones empezaron disolver. Por un lado, las acciones que eran entendido formalmente como pacifica se asoció con cada vez mayor riesgo de detección y detención.

Por ejemplo, la creación y la protección de “Los paredes de Lennon,” espacios de arte política y auto-expresión fueron, originalmente, entendidos como una moda de participación completamente “pacífica,” pero mientras que subieron ataques violentos contra los paredes mismos y las detenciones de la gente quien las estaban construyendo, llegó a ser más difícil participar sin preparación física y mental para la violencia. Contra la violencia de la policía y el “terror blanco” de ataques por matones que apoyan a Beijing, cualquiera división entre los que eran dispuestos a sacrificar sus cuerpos y otros comprometidos a participación de menor riesgo o éticamente no violento se convirtieron aún más imposible distinguir. Este hecho fue particularmente cierto mientras subieron las detenciones de los manifestantes. Para algunos amigos, la decisión de unirse en la primera linea ocurrió gradualmente y fue resultado de la erosión paulatina de diferencias entre actividades de la primera linea y las otras maneras de apoyar al movimiento. Otros amigos relataron conversaciones difíciles con sus padres ancianos, quienes, observando las detenciones de tantos jóvenes, resolvieron unirse a la primera linea para reemplazar el espacio que dejaban vacío las detenciones.

Aunque hemos concentrado resueltamente en las tácticas materiales en vez de las identidades políticas, debe ser reconocido que las cinco demandas que ayudó proveer un basis por la unidad admirable entre manifestantes en Hong Kong también borró divisiones importantes de política. Particularmente, el hecho que el movimiento tenía una base bastante amplio significó que incluyó (y en algunos casos fue dirigido por) sentimientos derechistas provisionales. Distinto al movimiento de los Chalecos Amarillos (Giles Jaunes) en Francia, que también tenía una base amplia, la escalación de la tacticas militantes a incluir daño a la propriedad no alcanzó a rechazar la participación de elementos derechistas en el movimiento. En cambio, la situación en Hong Kong era al revez, y algunos (pero de ninguna manera todos) izquierdistas limitaron su participación en el movimiento, poco dispuesto gritar consignas al lado de nacionalistas exigiendo por una revolución para “restablecer” Hong Kong, ni participar en las marchas con banderas de los EEUU ni los regímenes británicos.

Aunque la estructura racial de la política en los EEUU hace casi imposible que participen los derechistas en los ciclos de rebelión (a pesar de los políticos que promueven mentiras al contrario), la unión del movimiento en Hong Kong formado alrededor un serie de cinco demandas es también algo extraño al contexto estadounidense. Mientras su propia imposibilidad dio espacio al movimiento a encarecer, el uso de demandas insostenibles ha caído en desgracia en los EEUU. Siguiendo el fracaso de las primeras manifestaciones contra la guerra en los mediados de los 2000s, la subida y la caída de Occupy unos años después definió lo que convertiría a la norma: un exceso de demandas llevó a una incapacidad de llegar a ningún acuerdo en general. En la primera ola de manifestaciones de Black Lives Matter después del alzamiento en Ferguson en 2014, ocurrió un fenómeno parecido: las organizaciones sin fines de lucro “oficiales” de BLM, hicieron demandas concretas para cámaras de cuerpo (“body cameras” en inglés) para la policía y la redistribución de dinero destinado por equipaje militar a entrenamientos contra el racismo y a métodos del freno a la escalada de tensiones. Pero estas no fueron las demandas populares de la calles. En vez, el movimiento se unió sobre no una demanda, sino una afirmación: que Las vidas negras importan (Black Lives Matter, en inglés).

Es la afirmación que ha regresado como la fuerza que une el levantamiento de hoy. Al mismo tiempo, esto también puede ser cambiando. Pero todavía no hay una lista coherente de demandas que podía unir manifestantes pacíficas y militantes levantando después del asesinato de George Floyd. Si unas demandas debían surgir, probablemente serían básicas y poco probable de alcanzar sin “el desmantelamiento del escenario grande” de negocios normal en los EEUU, mucho como Las cinco demandas de Hong Kong: la amnistía general, la abolición de la policía, o reparaciones para siglos de asesinos sancionados por el estado y trabajo forzado. Parece que llamadas para “cortar los fundos de la policía” (defund the police, en inglés) han tomado prominencia después de su adopción de grupos activistas y políticos progresivos locales. Pero, estas demandas se quedan corto de la llamada más popular de abolir a la policía, y permite a los líderes locales a afirmar que están “cortando” los departamentos de policía, cuando en realidad, solo implementan cortos mínimos del presupuesto. En este sentido, parece que “cortar los fundos de la policía,” está tomando un carácter como la demanda para cámaras de cuerpo en 2014.

Con o sin estas demandas, vemos que la innovación central del rol de los grupos de la primera linea está enterrado en las nuevas relaciones que se ponen posibles: entre la linea primera, y las segundas y terceras líneas, y otros manifestantes de apoyo. Una similaridad entre las experiencias de Hong Kong y los en las calles de los EEUU es que, aunque muchos han observado la manera en que funciona la represión de la policía y han sufrido sus efectos, para muchos es la primera vez (o por menos unos de los momentos más graves) en que la represión policial de manifestaciones pacíficas es visible. En cierto sentido, el rol evolutivo de la primera linea actualmente fue forzado por acciones policiales. Una vez que la represión del movimiento en Hong Kong cruzó un punto cierto, dos hechos eran aparentes: Primero, la policía es fundamentalmente violento, y son capaces y dispuestos a usar esta violencia no importa si los manifestantes son violentos o no. Segundo, se convirtió aparente que si el movimiento continuara, manifestantes tendrán que defender a sí mismos.

Mientras la policía y los refuerzos de la guardia nacional intentan dispersar las manifestaciones en maneras sumamente violentas en las calles de casi cada ciudad grande en los EEUU, puede ser que el país llegara a un punto de inflexión en términos de la escala e intensidad de represión. Para los que busquen un camino adelante – maneras de apoyar nuestros amigos y camaradas, de trabajar en solidaridad, de llorar la muerte de los asesinados por los manos de la policía, y de asegurar que la violencia sistémica parará un día –  se puede encontrar un método de avanzar la lucha en reconocer que el rol de la linea primera es proteger a los demás. Entonces decimos: bienvenido a la linea primera, y también a las líneas segundas y terceras, y a las líneas de los médicos y los suministros, a todos que toman el espacio, a los ilustradores y los impresores y los distribuidores, a los retransmisores en vivo y todos tuiteando la información de los escáneres policiales. Quizás esta vez, podemos estar juntos.

“Me alegra luchar contigo” – “Yo también, camarada”

*  *  *

[1] Este análisis es el resultado de muchas conversaciones con amigos en Hong Kong, Chile y los Estados Unidos, entre quienes nos gustaría singularizar a Dashu y KW por su ayuda paciente con comprobación de hechos y información clarificante para este artículo. Ellos esperan que sus experiencias desde HK puede ser de servicio en la lucha contra la brutalidad policial y racismo en los EEUU y más lejos.

[2] Como señalan lxs compañerxs chilenos, las tácticas especificas, como ocupar escudos contra las balas de goma, lxs manifestantes enmascaradxs como defensores de lxs manifestantes pacíficxs, el uso de las barricadas, han estado presente en Chile desde la década de 1980. Estas tácticas fueron particularmente importantes durante la dictadura, para evitar manifestantes de ser capturadxs, torturadxs y asesinadxs.

 Otras tácticas parecidas a las que hoy día usan en Hong Kong, como colgar materiales entre postes de luz para impedir el avance de los vehículos policiales, también estuvieron presentes en Chile antes de 2019. Estas tácticas históricas y roles preexistentes, como los médicos, equipos de apoyo y vigilar a la policía, definitivamente influyeron en las formas en que se adoptó el concepto de primera línea en Chile.

De modo parecido, si bien el movimiento de Hong Kong enfatizó la movilidad a través de la estrategia “be water” (ser agua), los movimientos chilenos tienen una fuerte tendencia histórica hacia la protección de una zona específica, lo que influyó en la forma en que el concepto de la línea primera se desarrollo allí.

[3] Nota de lxs traductorxs: Los origenes euro-centricos del “bloque negor” han sido contestado, especialmente en el libro recien Movement for No Society (2018, Contagion Press), que ilumina como militantes Negros del Revolutionary Action Movement (RAM) ya estaban inovando muchas de las tacticas callejeras en los años 70s que luego serían adoptados por anarquistas europeos.

[4] Mientras que el contingente Pan-Democratico apoya reforma electoral en Hong Kong, en gran parte apoya la política gubernamental existente – aparte del Partido Laboral y La Liga de Democraticos Sociales – los únicos dos partidos que tienen cualquier tipo de agenda inclinada hacia la izquierda.

[5] Mientras que este principio organizacional jugó un papel importante en ayudar al movimiento a hacerse más militante y sostenible, según nuestros amigos en las calles, también parece haberse convertido a un obstáculo para la posibilidad de politización anti-capitalista, y no debe ser romantizado. “Aunque parece horizontal y anarquista, en práctica no tiene relación a los discusiones democráticos entre los participantes, pero ideológicamente asociado más con los Localistas que eran opuestos al grupo Pan-Democratico que estaba en el poder y controlaban el escenario. Eventualmente el término proliferó entre la masa de participantes, quienes temían que el conflicto entre las facciones políticos socavaría el movimiento, y surgió un consenso que nadie debe tomar el poder. […] Pero no involucra, y actualmente activamente limita, el tipo de descarga in situ de puntos de vista diferentes normalmente asociado con terminos como ‘horizontal’ o ‘movimiento sin líderes’ (De “Remolding Hong Kong.”)

[6] Todas estas estadísticas vienen del reporte de investigación de la “protesta Anti-Elab” (“?????????”??????)

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