La puerta cerrada de Palacio Nacional

Fotografía: Luis Suaste/Sandra Suaste

Texto: Sandra Suaste

La voz de un wixárika se quiebra de decepción. Ubaldo Valdez intenta contener la impotencia: “Hemos caminado un poco más de mil kilómetros para conmover el corazón de nuestro presidente y por lo visto no lo hemos logrado”.

Unos instantes atrás: Los pies agrietados que caminaron 33 días llegan hasta esa puerta densa y café. Con una bandera en la mano, la dignidad Wixárika se posa frente a Palacio Nacional en la Ciudad de México. El sol deslumbra el traje blanco y bordado de la máxima autoridad de la comunidad, Óscar Hernández Hernández, comisariado agrario que representa en ese momento a quienes están del otro lado de la valla. Tres golpes y suena la puerta. Nadie abre. Andrés Manuel López Obrador no sale.

Alrededor comienza una ráfaga sonora:

– ¡La tierra nos pertenece!

– ¡Cumple con tu palabra!

– ¡Queremos solución!

– ¡Viva Tuxpan, Viva San Sebastián!

– ¡Justicia!

El hombre de la voz quebrada, Ubaldo, está decepcionado después de llegar a pie desde Jalisco: “Nuestra autoridad acaba de tocar la puerta de Palacio Nacional y no salió el presidente. Nos sentimos frustrados, desde el 25 de abril salimos con la esperanza de que se nos haga un acto de justicia. [El reclamo] no es algo que no sea de nosotros: las tierras.”

Pero esa puerta no es del color de la tierra. Representa un sitio cerrado, inaccesible, frío, amurallado. De sombras y simulaciones. Del otro lado, en la plancha del Zócalo y en el ardor del asfalto, suele haber protesta. Es 27 de mayo de 2022. Viernes. El sol quema las pieles de mujeres y hombres que reclaman por una lucha histórica: la restitución de las 10 mil 448 hectáreas de tierra que les fueron arrebatadas y que el 15 de julio de 1953 se resolvió a través de una resolución presidencial que le pertenecen a la comunidad.

Los pies están cansados y de ellos emanan grietas, erupciones, dolor, punzadas. Se curtieron junto con los huaraches de la Caravana de la Dignidad y Conciencia Wixárika. Si ellos hablaran… ¿Qué nos contarían después de caminar mil kilómetros en un mes? Si ellos hablaran… ¿Cuál sería su relación con la tierra que defienden las personas que los portan?

* * *

San Sebastián Teponahuaxtlán es una de las comunidades más grandes del pueblo Wixárika en todo el país. Vienen junto con Tuxpan de Bolaños. Las dos son poblados del municipio de Mezquitic. Su historia tiene la palabra despojo bien marcada y constante, junto a ella están la violencia y la discriminación. Una historia de invasiones, usurpación, confronta permanente y también abandono institucional.

El fallido acceso a la justicia más reciente fue en 2018, cuando intentaron obtener el título de sus tierras por medio de la vía legal. Con armas de alto poder llegaron los ganaderos del poblado de Huajimic e impidieron que el Tribunal Unitario Agrario de la Ciudad de Tepic Nayarit ejecutara la sentencia que ordenaron desde el Tribunal en Guadalajara, Jalisco. La fuerza pública y el Ejército Mexicano observaron, pero no hicieron nada, narra Carlos González García de espaldas al edificio presidencial en una pequeña mesa. El sol cae en su rostro mientras cuenta la historia.

En diciembre de 2018 las autoridades del pueblo se reunieron en las oficinas de la Procuraduría Agraria con Luis Hernández, titular agrario; Jesús Ramírez Cuevas, vocero del presidente y Luis Cruz Nieva, en aquel momento subsecretario de Desarrollo Agrario. Ahí se comprometieron a buscar una salida para ejecutar las sentencias a favor de la comunidad, restituir las tierras y resarcir los daños por los derechos que han sido violentados por el gobierno mexicano, continúa el relato.

Carlos González, también abogado del Congreso Nacional Indígena (CNI) alza el tono: “Lo digo de manera clara y enfática, son derechos que siguen siendo violentados a la comunidad y a muchos de los pueblos originarios de este país”; si el estado no está en capacidad de resolverlo, se buscarán recursos internacionales. Será una vergüenza para el estado mexicano, porque sistemáticamente y desde hace décadas incumple sus obligaciones constitucionales.

***

Un día antes del toque de puerta en Palacio Nacional es jueves 26 de mayo de 2022. Llega la Caravana de la Dignidad y Conciencia Wixárika a la Ciudad de México. Desde la zona de Santa Fé se desplaza al Antimonumento por los 43. El viento mueve las plumas de los sombreros y los representantes ofrendan sus ampollas, el cansancio y el sudor para la tierra, “para que nos vaya bien a todos los mexicanos”. Con convicción se dirigen a la Basílica de Guadalupe bajo el cielo de las cuatro de la tarde.

Bailan. Frente al antimonumento por los 43. Bailan cada vez que llegan a un sitio nuevo. También saludan a su abuelo fuego como ofrenda y para pedir permiso a la tierra que pisen. Alrededor los ojos sorpresivos les observan. Las personas que recibieron a la caravana en la capital, se preguntan ¿Cómo es que bailan aún después de caminar tantos días? Y se responden ¡Cuánta energía! Después de cansarse, gritar y ampollar sus pies recuerdan las razones: “Venimos con mucho respeto como nuestros antepasados caminaron para pedir los papeles, hemos vivido décadas de invasiones”. Ríen. Suenan violines e instrumentos de cuerdas. Los pies se elevan en un ligero brinco que se repite y hace que los cuerpos suben y bajen. Se mueven en círculo. Más bien en espiral. Los pies marcan el ritmo.

El sol choca contra el asfalto y los edificios de la ciudad de México destellan. La temperatura es amarilla, pero no es la más alta de todo este recorrido. La comunidad caminó en condiciones climáticas álgidas, soportaron hasta 40 grados centígrados y desplazaron sus pies en ardientes pavimientos.

Existen 54 juicios agrarios de los cuales ganaron 35, sin embargo solo se ejecutaron 4. De las mil 448 hectáreas solo tienen 290. Lo que representa menos del 2 por ciento de la superficie que reclama la comunidad.

***

Los ojos wixárikas reflejan la determinación. Esa que se necesita para decidir salir de casa a buscar mejores condiciones. el paso para exigir que se resuelva una injusticia de décadas. Las 200 personas (14 mujeres) reclaman. Pero si mirada también se inhunda después de aquel momento frente a la puerta cerrada de Palacio Nacional. Las manos, las pañoletas y el viento absorben y secan la indignación y la rabia, las humedades del rostro. Esperaban una respuesta distinta después del esfuerzo humano que realizaron, pero mantienen un hilo de esperanza: “solo nuestras deidades sabrán cómo recompensarnos”.

¿Algún día la puerta se abrirá para los pueblos?

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