“Nunca más le llamaremos INPI”: Casa de los Pueblos Samir Flores Soberanes

Transmisión: Miguel Ángel Suaste Fotografías: Luis Suaste/ Sandra Suaste Texto: Sandra Suaste

Para festejar la dignidad ante los procesos históricos de conquista, mujeres y hombres otomíes renombraron “lo que inútilmente se llamó” el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI). Ahora es la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes, en memoria del defensor ambiental asesinado en 2019. Las ruinas del instituto yacen sobre el piso. Las siglas, un escudo nacional y un bastón de mando que no los representan. ¿Este 12 de octubre tenemos algo que celebrar que no sea la dignidad y la resistencia de nuestros pueblos? preguntan.

“Nacimos de la rabia que provoca el asesinato de nuestro hermano Samir Flores Soberanes. Nacimos de la resistencia de hace más de 500 años. Nacimos de la rebeldía de hace más de 529 años” dicen antes de que se devele la nueva imagen. Gritan: “Otomíes, otomíes, ya chingamos el INPI”.

Una tela café ondea con el aire y deja entrever las letras nuevas antes de que se muestren. Se pintaron dos días antes del aniversario. Es un renacer como espacio y como comunidad. Las mujeres están al frente. Un año después de la toma el semblante cambia. El rostro y el torso están en alto. Un joven tira de un hilo y se descubre la nueva imagen.

En donde antes hubo un fondo blanco, ahora está el rostro del radialista Samir. En lugar de las siglas, el escudo y el nombre oficial, ahora está el nuevo nombre en español y en lengua ñöñhö: “Yä nghü yä jhöy”. De lado izquierdo hay una muñeca Lele zapatista en tonalidades rojinegras. De este modo festejan un año de organización.

Hay un ánimo festivo y de construcción. Esfuerzo de semanas. Días de quedar en vigía para cuidar los detalles del evento. Emoción, agradecimiento y un tejido de redes con diferentes colectivos, pueblos y organizaciones. Pero el reclamo es una de las razones que los llevaron a este sitio y lo evocan:

“Nacimos enfrentando el racismo, el desprecio, la discriminación y el olvido que gobiernos pasados y presentes, asumen como política de Estado en contra de los Pueblos y Comunidades indígenas originarias y residentes en la Ciudad de México”.

Recuerdan cómo llegaron a la urbe cuando migraron de Santiago Mexquititlán: Fue hace más de cuatro décadas. De noche, bajo la lluvia, con los hijos e hijas en brazos. “Cargando nuestra miseria. Nadie nos miró llegar, nadie nos escuchó hablar, nadie supo de nuestros llantos y dolores, nadie supo si comíamos o no, nadie sabía si nacíamos o moríamos por enfermedades curables, nadie nos dio trabajo, educación, alimentación y salud, mucho menos una vivienda digna”.

Después señalan que el valor económico del inmueble ubicado en avenida Coyoacán 343, no se compara con el despojo a los pueblos y comunidades indígenas y a la madre tierra. Y reiteran que no son cifras, folklor, ni piezas decorativas de oficinas, museos o exposiciones. Reclaman su derecho a la ciudad, a la vivienda. Los gobiernos los han condenado al olvido, pero se niegan a acatar esas normas.

“Rechazamos abiertamente la gentrificación y el desplazamiento forzado de los pueblos originarios residentes en la Ciudad de México a manos del gran capital y la especulación inmobiliaria”.

Hasta el momento “las promesas resultaron letra muerta”. La comunidad solo obtuvo la titularidad de uno de los cuatro predios que demandan para satisfacer su necesidad de vivienda digna; las autoridades no dieron seguimiento a las mesas de trabajo. La expropiación del predio ubicado en Zacatecas 74 es un triunfo que proviene de una lucha de años, dice la Comunidad Indígena Otomí. Sin embargo, aclaran que no es su única demanda. Buscan una vida digna en donde se garanticen sus derechos humanos. “es lamentable que las mesas y temas que propusimos, una sola no se haya atendido cabalmente”

***

25 años del CNI

Una bandera se despliega desde el sexto piso. Carlos González, representante del Congreso Nacional Indígena recuerda a la comandanta Ramona mientras la tela baja hasta que se puede leer: “No nos conquistaron. 25 años CNI”.

“¿Que mejor que conmemorar este aniversario con ustedes? Hermanas de la Comunidad Otomí” dice y voltea a verlas. Algunas de ellas también lo miran. Él continúa: “En sus blusas coloridas, en sus fajas de múltiples estampados nos reconocemos. La pluralidad que somos el CNI, pero sobre todo en su recia palabra y en su digna lucha”.

También dirige sus palabras a habitantes de los pueblos cholultecas que convirtieron las instalaciones de Bonafont en Altepelmecalli. En náhuatl significa La casa de los pueblos:

¿Qué mejor que conmemorar esos 25 años teniendo a lado a nuestros hermanos que se atrevieron a tomar lo que nos pertenece? Las instalaciones físicas de la trasnacional en Puebla.

Después recuerda el surgimiento del CNI. Se reunieron por primera vez el 12 de octubre de 1996. Para conocerse, soñar en conjunto, proponer y planear la reconstrucción de los pueblos. Recuerda que confiaron en la palabra del Estado Mexicano. Del gobierno federal y del gobierno estatal en Chiapas. “Fuimos ingenuos. No solo eso, se burlaron de nosotros y nosotras”.

“Hoy a 25 años decimos que este sigue vivo y que siguen participando hombres y mujeres de pueblos originarios de México que albergan en su corazón resistencia y rebeldía para seguir existiendo y que la vida humana pueda seguir en este planeta”.

Señala que la violencia de los diferentes gobiernos es atroz e implica varias represiones: la guerra del expresidente, Felipe Calderón Hinojosa, las Reformas Estructurales de Enrique Peña Nieto y los actuales megaproyectos del presidente Andrés Manuel López Obrador en complicidad con los gobiernos estadounidenses.

El grupo de otomíes es parte del CNI. Pasaron 25 años desde su fundación, cuando la Comandanta Ramona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) dijo desde el Zócalo de la Ciudad de México:

“Llegamos hasta aquí para gritar, junto con todos, los ya no, que nunca más un México sin nosotros. Eso queremos, un México donde todos tengamos un lugar digno. Por eso estamos dispuestos a participar en un gran diálogo nacional con todos. Un diálogo donde nuestra palabra sea una palabra más en muchas palabras y nuestro corazón sea un corazón más dentro de muchos corazones”.

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