“Los ojos del mundo están puestos en México”, rezaba la propaganda gubernamental. El milagro mexicano anunciaba la posibilidad de la promoción social.
Veamos algunos elementos.
e ha sido el peso de su burocracia sindical en los asuntos del Estado, hasta Carlos Salinas de Gortari. De esa manera, los sindicatos se convirtieron en agencias del poder estatal. Es decir, se corporativizó al movimiento obrero.
II. La dinámica del movimiento
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68 es también, y sobre todo, la Marcha del Silencio, el Poli, la UNAMy cientos de estudiantes de instituciones de educación superior viendo para abajo, el Topilejo de la autonomía popular, las asambleas, las pintas en los muros, las brigadas, los mítines relámpago, la calle subvertida y vistiendo la dignidad con ropajes nuevos. La calle como territorio de la otra política, la de abajo, la nueva, la luchadora, la rebelde. La calle hablando, discutiendo, haciendo a un lado automóviles y semáforos, pidiendo, reclamando, exigiendo un lugar en la historia.
68 es una ventana para ver y aprender de la abierta confrontación entre varias formas de hacer política, entre distintas maneras de ser humanos. (Comunicado del EZLN, leído en la plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1998) |
ional de Huelga (CNH) en delegados de esas asambleas, lo que permitió hacer realidad una de las consignas fundamentales del movimiento: “Todos somos el CNH”. Esa voluntad de salir a la calle, subirse a los transportes, ir a los mercados, ir a los talleres, recorrer toda la ciudad a pie para explicar, oír, tomar contacto.
III. El carácter independiente frente al Estado
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El movimiento de 1968 marcó la historia de este país de manera definitiva. Entonces se enfrentaron dos países: el construido sobre la base del autoritarismo, la intolerancia, la represión y la explotación más brutales; y el que se quería y quiere construir sobre la democracia, la inclusión, la libertad y la justicia.
(Comunicado del EZLN, leído en la plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1998)
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- La dominación política, en función de la integración de los trabajadores del campo y la ciudad al partido en el poder. De esta manera, los sindicatos y las organizaciones campesinas se convirtieron de facto en brazos del poder, por medio del establecimiento de burocracias que jugaban un doble papel: organización del consenso e instrumento para desatar la represión cuando había el riesgo de desbordamiento social. De alguna manera, las organizaciones de los trabajadores se fueron convirtiendo en agencias gubernamentales encargadas de negociar con el poder las condiciones de la explotación y el despojo. Logrando, al mismo tiempo, parcelas de poder, ya sea en el poder legislativo y eventualmente en el poder ejecutivo, que las fortalecía como burocracias con capacidad de presión al interior de la casta gobernante. Pero, sin embargo, las iba convirtiendo en un cuerpo extraño a los trabajadores del campo y la ciudad, y profundamente improductivo y, más aún, oneroso para el proceso de acumulación de capital. Desde el poder se decidió intercambiar productividad por control, desde luego, ese intercambio tenía un límite en el tiempo y en el espacio.
- La dominación jurídica, que le dio sustento a la mistificación del Estado como arbitro entre las clases, que se ubicaba por arriba de la sociedad y que incluso tendía a beneficiar al más desprotegido. Eso permitió que, en innumerables luchas, fueran los mismos trabajadores los que solicitaran la intervención del Estado en sus conflictos.
- La dominación ideológica, basada en la idea de que el poder político existente era el resultado de una profunda revolución social, cuyas principales demandas habían quedado plasmadas en la Constitución política. Se trataba de un Estado revolucionario siempre listo a apoyar las causas populares de cualquier otro país,
- La dominación social, basada en un diseño de atomización y pulverización de las diversas clases sociales, en especial los trabajadores y los campesinos. La existencia de miles de sindicatos, de varias centrales sindicales, la inexistencia de contratos-ley para sectores industriales completos, la existencia de varias centrales campesinas, dispersó a los sectores sociales y centralizó la capacidad de decisión en el poder, más cuando todos esos sindicatos y organizaciones campesinas estaban afiliadas al PRI.
- Esta forma de dominación fue funcional en cierta fase del proceso de acumulación de capital. Fue indispensable para realizar una tarea clave en la lógica del capital, tal y como lo señaló Rodolfo Stavenhagen: “el grupo hegemónico no era homogéneo, no conformaba una clase social bien definida y carecía de una base económica seria (…) la burguesía no creó al Estado Nacional, sino más bien el Estado creó a la burguesía”.
- Desde luego, este proceso no fue ni lineal ni bucólico; siempre estuvo rodeado de la rebeldía de los subalternos. El dichoso consenso fue afectado de manera global varias veces y nunca fue total; eso no existe en la realidad.
Incluso, ante el hecho de que el movimiento había permitido una fractura entre la élite política de dominación, el movimiento no cabalgó sobre esas divisiones, más bien las ignoró.
Todo esto tenía un referente organizati
vo. La conformación del Consejo Nacional de Huelga no sólo rompió a las viejas organizaciones corporativas de los estudiantes, sino que generó una forma democrática total y absolutamente novedosa para México. Los delegados por escuela eran revocados por las asambleas al momento que ellas pensaran que no estaban planteando correctamente sus posiciones. Al mismo tiempo, existía una estructura intermedia que se llamaba Comité General de Brigadas que logró que decenas de miles de estudiantes salieran a la calle y entraran en contacto con los otros sectores sociales. Y, luego, cada escuela tenía un comité de lucha que organizaba las actividades escuela por escuela.
Así, el movimiento generó una estructura organizativa muy grande. En las asambleas del CNH había siempre más o menos unos 400 delegados, esto hacía muy tortuosa la toma de decisiones, pero profundamente democrática.
Entonces, es imposible entender el movimiento como algo simplemente cultural. Se trató, antes que nada, de un movimiento social que rápidamente actuó como un movimiento político de ruptura con la antidemocracia realmente existente.
IV. El movimiento de 1968: el gran anunciador de lo que seguiría
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El México de los que aprendieron que la esperanza se construye también con dolores y caídas. El México de los que dijeron NO a la falsa comodidad de la rendición, de los que con el pelo corto, largo o sin cabellos hicieron crecer su dignidad, de las que acunaron la memoria sin importar si la falda cubría o no las rodillas. El México de los que vivieron y murieron 68 y empezaron a parir otro mañana, otro país, otra memoria, otra política, otro ser humano. El México de los que no construyen escaleras, de los que ven a los lados y encuentran al otro para hacerse y hacerlo “camarada”, “compañera”, “compañero”, “hermano”, “hermana”, “pareja”, “compita”, “valedor”, “amigo”, “amiga”, “manito”, “manita”, “colega” o como quiera que se le llame a ese largo y accidentado camino colectivo que es la lucha por todo para todos. El México de los de abajo. El México que vivirá.
El México de 1968. (Comunicado del EZLN, leído en la plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1998) |
La gran huelga de los estudiantes mexicanos se definió en la masacre del 2 de octubre. El Estado mexicano decidió mandar a miles de soldados, soldados disfrazados de policías, policías disfrazados de paramilitares, a masacrar a los estudiantes y al pueblo que cada vez estaba más presente en sus acciones. Cientos de muertos, miles de heridos, centenares de detenidos. México se preparaba para la inauguración de los juegos olímpicos y desde el poder decidieron que, para que éstos se llevaran a cabo como ellos habían soñado, era indispensable realizar la masacre.
No se enfrentaba, como en otros momentos de la historia, a levantamientos armados dentro de la misma familia “revolucionaria”; tampoco a un intento de golpe de Estado; o a un movimiento como el de los cristeros, apoyado por los sectores más reaccionarios de la jerarquía eclesiástica. Enfrente tenía a los estudiantes, los que supuestamente deberían estar agradecidos, en tanto se beneficiaban de los logros del desarrollismo económico.
De ahí siguió la insurgencia obrera de 1970-77, que llevó al estallido de una serie de huelgas duras, en las que, por primera vez, la izquierda organizada jugó un papel clave. Esa insurgencia obrera reivindicaba, como seña de identidad, la independencia y la democracia sindical.
Igualmente, después de la masacre, muchos estudiantes sacaron la conclusión de que la vía pacífica era inútil y fueron la base del surgimiento de un sinnúmero de organizaciones armadas.
En 1970, surgen los primeros grupos de mujeres, fundamentalmente universitarias, que se organizan en función de sus derechos y luchan en contra del poder patriarcal.
Los grupos de izquierda, herederos legítimos de 1968, se ven envueltos en una serie de movimientos que les permiten rápidamente un crecimiento significativo, en especial el Partido Comunista Mexicano y el Partido Revolucionario de los Trabajadores, sección mexicana de la IV Internacional.
Pero la herencia fundamental del movimiento no se encuentra en todos esos factores que, siendo muy importantes, no rescatan la esencia de 1968.
Es indudable que, desde el poder, por cerca de 70 años, se filtró hacia abajo una forma de hacer política y una forma de entender la política. Todavía hoy, varios movimientos sociales siguen viendo hacia arriba como opción, no saben, no tienen la menor idea de cómo se pueden construir nuevos movimientos sociales mirando hacia los lados.
En 1994, otro movimiento surgiría como un buen espejo de 1968. Por eso, hemos querido acompañar este artículo con las palabras que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional les mandó a los estudiantes hace diez años. Porque —y esa es otra gran diferencia con los otros movimientos de 1968— aquí en México, cada año, el 2 de octubre, salimos a la calle los ahora ya viejos que en 68 combatimos en las calles y los jóvenes que continúan ese combate.
El México de los que siguieron, y siguen, exigiendo, luchando, organizando, resistiendo. El México de los que no vieron pasar los años con amargura, los que se levantaron, volvieron a caer. Los que volvieron, vuelven siempre, a levantarse. El México de los que no limitaron la rebeldía y la exigencia de justicia a meros asuntos de calendario, a enfermedades pasajeras que la edad cura. El México de los que no definieron “rebeldía” sólo como una noción que no iba más allá del largo del pelo de los hombres e inversamente proporcional al largo de la falda de las mujeres. El México de los que no se contentaron sólo con buscar en el cuadrante de su radio la respuesta que está en el viento, que no vieron
la rebeldía nada más como una incómoda moda de decir “no “, que no definieron la lucha por la justicia sólo como el éxito musical que se tararea continuamente. El México de los que no dejaron que el paso del tiempo igualara cordura con claudicación. El México de los que no cortaron su dignidad ni alargaron la desmemoria. El México de los que no hicieron del 68 pasado vergonzante, mera travesura juvenil, escalera al mal gobierno. El México de los que no fueron, ni son, ni serán líderes, pero que en la casa, en el trabajo, en el camión, en el taxi, en el caballo, en la máquina, en el aula, en la fábrica, en la iglesia, en el pesero, en la silla de ruedas, en el autobús, en el arado, en la peluquería, en el salón de belleza, en el tractor, en el avión, en el taller, en el puesto ambulante, en la motocicleta, en el mercado, en el hospital, en el estadio deportivo, en el consultorio, en el escenario, en el laboratorio, en el cabaret, en el asilo, en el escritorio, en la oficina, en los estudios de cine, radio y televisión, en los talleres de artes plásticas, en el metro, en el clóset, en las salas de redacción, en el mostrador, en la bicicleta, en cualquiera de los colores con los que se pinta lo cotidiano y silencioso, levantan una mano, una imagen, un sonido, una boleta, un voto, un puño, un pensamiento, una voz para hacer frente a las mentiras gubernamentales y decir: No, ya no. Ya basta. No les creo. Queremos algo mejor. Necesitamos algo mejor. Merecemos algo mejor”.