El COVID-19 asoló al mundo. China, Italia, Irán y España son los países más afectados. La llegada del virus a México y el aire despreocupado que le dieron las autoridades de nuestro país al tema, es motivo internacional. Somos ejemplo de lo que no se debe hacer. Existe una preocupación interna (poblacional) y externa (de otras naciones).

 

En China el número de casos era creciente y alcanzó los 81 mil 139 infectados. México, espectador. Sin precauciones ni prevenciones. Solo esperó al virus, pasivamente. Antes de la llegada de la pandemia a nuestro territorio, se permitió el acceso de embarcaciones con sospecha de contagio, en el puerto de Cozumel. El presidente Andrés Manuel López Obrador, argumentó que era inhumano prohibirles el acceso.

 

Cuando se registró el primer caso, el 28 de febrero, las medidas no cambiaron, tampoco la cotidianidad de las personas. La vaga recomendación de “lavarse las manos mientras cantas las mañanitas, por 20 segundos” tan solo logró colocarse en la sátira de redes sociales.

 

 

Las declaraciones del presidente, son “hay que abrazarse, no pasa nada”, lo que contradice las medidas propuestas por el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez. Con 118 casos detectados al 18 de marzo, en la conferencia matutina, se presumieron un par de amuletos religiosos en contra del virus.

Italia alcanzó la cifra con más muertes en un día: 475. En un mes, fueron 3 mil 405 decesos. En este sitio tomaron medidas duras. El 21 de febrero se ubicó al paciente uno. Al tercer día sitiaron al pueblo de Codogno, en donde aparecieron los primeros casos y lo declararon como zona roja.

Estados Unidos canceló los vuelos provenientes de Europa, en Italia declararon a toda su población en cuarentena. En México las fronteras no se cierran por motivos turísticos, pues entran miles de visitantes extranjeros que suben los números económicos en semana santa. Esa es la preocupación de las autoridades.

La cuarentena es un lujo que solamente se puede permitir una pequeña parte de la población. La mayoría de las fábricas, comercios oficiales, empresas, maquilas, comercios informales e incluso las consultas para introducir nuevos proyectos trasnacionales, no cesarán. “Si no salgo, no como”, es la frase que sintetiza la condición por la que miles de personas mexicanas no pueden permanecer en casa.

El 9 de marzo, por decreto oficial, el Primer Ministro de Italia declaró en Zona Roja a toda su nación. “No hay más tiempo”. Sus medidas no fueron perfectas, esta alarma desató pánico en la población y quienes vivían en la zona norte tomaron el tren de las 11:30, se desplazaron al sur, en busca de sus familias, el virus se dispersó.

Con 107 muertos, en Italia se paralizó todo: eventos públicos, espectáculos, manifestaciones, cine, escuelas, empleos y visitas a los asilos. En la Ciudad de México, aún con 40 casos registrados, los eventos continuaron.

El primer muerto por Coronavirus estuvo diez días antes en un concierto en el Palacio de los Deportes, de acuerdo a información de sus familiares.

El Vive Latino no fue cancelado, confluyeron en un mismo sitio 50 mil personas, el primer día. Una de las medidas, fue medir la temperatura de los asistentes, algunas personas que aseguran que no los revisaron.

Pasarán 22 días desde el primer caso detectado, para que se suspendan clases por instrucción oficial de la Secretaría de Educación Pública: 7 veces más lentitud que en otras naciones.

Así es como en México se espera al Coronavirus. Si China e Italia, aún con cuarentenas inamovibles y parálisis general, fueron de los sitios más infectados y con números alarmantes de propagación y muerte ¿Qué le espera a México? Un lugar con economía líquida, en donde la construcción de un hospital puede tardar hasta 5 años. Las inexistentes medidas de salud son un reflejo del día a día de los mexicanos. Nuestra fortaleza, es la solidaridad.