“Me detuvo la PFP, eran muchos, uno en especial me partió y me dio garrotazos en la espalda hasta dejarme tirada y no poderme mover. Después me torturaron viendo como golpeaban a mi hija y me amenazaban con violarla, lo único que hice fue abrazarla y ver a punto de reventar su ojo a causa del golpe y después la golpearon tanto que me la dejaron como muerta, se asusto el golpeador y entonces me arrastraron del pelo y a mi hija también ya que yo me vi aferrada a ella. Colgándonos del pelo nos aventaron a una patrulla ahí me golpearon contra el filo de la raja en la frente, dejaron de golpearme porque trajeron a un joven el cual parecía agonizando y el mismo que estaba golpeando se bajo de la patrulla y sacando de su cintura como una granada la destapo y la puso en la cara del muchacho, después subió su pie con bota sobre la espalda y les jalaba el pelo para que aspirara el contenido de este, ante eso ya no pude ni gritar de angustia al pensar que le podían hacer a mi hija.

Cuando llenaron la patrulla nos llevaron por algunas calles de la ciudad, eran como las 7 de la noche cuando llegamos. Al llegar a paseo Juárez nos tomaron fotografías, a algunas nos quitaron sus bolsas, a mi nada ya que mi canasta de dulces me la quitaron desde que me arrastraron a la patrulla, también nos tomaron nuestros datos personales y nos dijeron como hacía mucho frío nos iban a dar otra calentadita para que no se nos enfríen. Nos amenazaban con su arma como si nos fueran a disparar, allá nos tuvieron un tiempo y luego nos subieron a la patrulla 740, de ahí nos llevaron a la base aérea militar de Tequio donde las muchachas pidieron ir al baño y las bajaron a que fueran a lo oscuro por los arbolitos y las rodeaban, no permitían orinar.

Después nos decían que del frío a las llamas del infierno quedaba bien poquito, de todos modos nos iban a dar otra calentadita, y de ahí nos trasladaron al cuartel general de la policía del estado de Oaxaca en Santa. María Coyotepec, donde cambiaron de personal el cual nos traslado a Miahuatlán de Porfirio Díaz. Llegamos a Miahuatlán de Porfirio Díaz en la noche. Nos encerraron en un cubículo, estuvimos muchas horas de pie con mucho frío y sin comer. Después nos trasladaron a declarar en donde el que era ministerio publico también era secretario y resulto ser defensor publico, el cual me dijo que con lo declarado era suficiente ya que había cerrado el caso, no prestando atención de mi solicitud me regresaron al cubículo donde nos reviso una mujer diciendo “ya ven lo que dejan las barricadas”. Después vino el medico y nos observo de lejos. A pesar de los golpes y que casi no podía caminar no me dieron ni un “mejoral” para el dolor, nos sacaron al patio como a la una de la tarde dándonos una taza de te y un poco de sopa con huevo y tortillas; permitiéndonos comprar una tarjeta telefonica para comunicarnos con nuestro familiares, dándonos 5 minutos para avisar donde estábamos siendo un solo teléfono para 56 personas. Llegaron los de derechos humanos estatales, íbamos a empezar a declarar cuando llegaron con la orden de encerrarnos de nuevo en el cubículo porque nos iban a trasladar.

Cuando preguntamos a los derechos humanos nos dijeron que ellos no sabían pero que era por nuestra propia seguridad. Alcance a declarar y a que me tomaran fotografías de los golpes recibidos así como a mi hija, también otra muchacha declaro. Como a las 4 de la tarde entraron en el cubiculo los de la PFP en presencia de los derechos humanos, preguntándoles todos porque nos esposaban, ellos contestaban que era por nuestra seguridad y que ellos no podían hacer nada. Procedieron los de la PFP a sacarnos en fila india custodiando, cerca la PFP armados con fusiles, pistolas, granadas y granadas de gas esposándonos y empujándonos nos subieron a un helicóptero y los que no podíamos subir nos arrastraron. El tiempo transcurrido considero que nos trasladaron a la base aérea de Cd. Ixtepec donde ya estaba un avión a donde nos hicieron subir esposados y custodiados por un PFP llegando a una prisión sin saber.

En el avión nos pidieron nuestro datos personales y nos tomaron fotografías, después subió un hombre alto fornido de lentes como civil y nos tomo nuestros datos y nos pregunto si teníamos un alias que se lo dijéramos con toda confianza, que era para avisar a los familiares. Pude hablar con mi hija el jueves 30 de noviembre porque ella se puso a buscarnos. El miércoles 29 amplié mi declaración. Al Ingresar al penal me indicaron que lo único que podía decir era si señor o no señor. Después de una visión exhaustiva, me desnudaron en frente de todos, nos dieron uniformes para vestirnos, no mantienen incomunicados no he podido ver a mi hija ni saber de su salud. Me siento muy agredida no físicamente sino emocionalmente ya que cuando nos revisan nos tratan como asesinos nos tratan con la cabeza agachada y las manos hacia atrás. He comido bien y he dormido mal. El 06 de diciembre me sentí tan triste y tan ofendida al ver que la guardia revisaba a los que salían a alguna diligencia bajando su pantalón y pantaleta estaba entre estas mi hija. Que agradezco su solidaridad y sus oraciones yo a cambio les ofrezco fortaleza y portarme a las alturas de las circunstancias para q su esfuerzo no sea en vano, agradezco a mi familia todo s apoyo y esfuerzo gracias a todos.”

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