I. El magisterio y sus demandas

Casi 4 años han pasado desde que el anuncio de la reforma educativa despertó suspicacias, dudas y finalmente la oposición clara y definitiva del magisterio concentrado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Desde comienzos de año 2013, varias movilizaciones fueron la respuesta inmediata que culminó con un plantón indefinido en el Zócalo capitalino. Miles de profesores, maestras de diversos niveles educativos, trabajadores administrativos y algunas organizaciones sociales solidarias se instalaron en campamento en la principal plaza del país.

De pronto surgió esta vida cotidiana tan intensa que se crea debajo de las lonas multicolor, en las casas de campaña siempre húmedas de tantas mañanas expuestas al rocío de la madrugada; noches de guardia ocupadas en el café, las pláticas, algunos aventurados leyendo bajo la tenue luz de un foco, el riesgo permanente del desalojo y la cerrazón del Estado para discutir las alternativas a la reforma planteadas en un proyecto alternativo, proyecto, por cierto, aplicado ya en muchas de las escuelas que son la base del magisterio disidente. Disidente de la oficialidad, del sindicalismo educativo alineado que guarda en su memoria reciente nombres como el de Elba Esther Gordillo.

El 13 de septiembre de 2013, la policía federal, acompañada de los granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, desaloja el campamento del Zócalo. Se utilizan por primera vez una suerte de tanquetas que disparan un agua fétida y que, presumiblemente, está mezclada con algunos químicos. Es un día lluvioso, las carpas son barridas por estos vehículos y los elementos policiacos que caminan entre las ruinas detienen gente: o son maestros o son familiares de miles de alumnos que aguardan a que el gobierno responda con ideas y no con toletes.

Desde entonces y pasando por Guerrero, Morelos, Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Nuevo León, Colima, Ciudad de México y Tabasco, la oposición a esta reforma se mantiene inamovible. Es la demanda principal del magisterio, que a través de foros, encuentros, volantes, movilizaciones, bloqueos, plantones no se cansa de advertir, se trata de una reforma que vela más por lo laboral que por lo pedagógico, una reforma centrada en aspectos que favorecen a la paulatina privatización de la educación pública y no una reforma que apele a la discusión de un modelo educativo sustentable, legítimo y aceptado socialmente. Eso es lo que las y los maestros no se cansan de decir, día con día en los cuatro años que han pasado desde que se trata de imponer esta reforma. Primero Manuel Mondragón y ahora Arturo Nuño han sido los funcionarios que presiden la Secretaría de Educación Pública mientras esta confrontación no deja de llegar al límite.

Tal y como ha sucedido en otras ocasiones, una de las respuestas que han recibido los maestros es, además de desalojos y amenazas, es el encarcelamiento de algunos integrantes de la base sindical y entre el 11 y el 12 de junio de 2016, se consuma la captura de dos de los líderes de la cúpula de la Sección XXII de Oaxaca, adscrita a la CNTE. Mientras otro desalojo se daba en la capital oaxaqueña, Rubén Núñez y Francisco Villalobos, eran detenidos en la Ciudad de México acusados de lavado de dinero y robo calificado. No son los únicos que corrieron esta suerte, además hubo otros 38 líderes magisteriales con ordenes de aprehensión. Por eso, además de la demanda central de abrogación de la reforma educativa, se exigió la liberación inmediata de los presos por ser considerados como presos políticos.

II. La lucha en las calles

 

Los mismos cuatro años de oposición a la reforma educativa se pueden sumar a las décadas que tiene el magisterio de lucha en las calles. No hace falta haber vivido mucho tiempo en México para darse cuenta de que si hay un sector en la población que se ha movilizado constantemente, ese es el sector educativo y dentro de éste, maestras y maestros han recorrido todas las calles del país enarbolando sus demandas; han cerrado las avenidas más importantes de las capitales para defender su salario y sus programas educativos, para lograr algunos recursos extras que hacen falta en las desvencijadas escuelas públicas mexicanas.

Si alguien sabe de lucha en las calles, son las y los maestros. Han pasado muchas horas bajo el sol, a la sombra de los trailers, en la espera de que las negociaciones avancen; durante miles de horas han soportado lluvias, fríos, repudios, insultos, golpes, gases lacrimógenos, balas de goma y balas de verdad. Las y los maestros han hecho el largo viaje que separa sus comunidades hasta la capital del país o de su estado para oponerse a la desaparición de los pocos beneficios que han conseguido. Dice una maestra de la mixteca que hizo guardia en el largo bloqueo de Nochixtlán: «Mis quincenas, cuando llegaban, se me iban en algo de comida, pagar las deudas que la compra de materiales escolares me generaba, el transporte y la renta. A veces ni colores o gises tenemos en la escuela y ahora nos amenazan con corrernos. No importa, que sepan los de la SEP que esta lucha no es para enriquecernos, es para mejorar la educación del país, así que si ya me corrieron, no me importa, yo aquí seguiré».

A lo mejor son las industrias de las paletas y los tacos de canasta las que se han beneficiado de tanta marcha y tanto plantón, porque las y los maestros, luego de varios años, ya se les nota una entereza inamovible fruto de la paciencia. Una especie de cayo invisible que los hace resistentes de casi cualquier cosa, hasta de insultos. Como aquella vez que cubriendo el desalojo del magisterio en el Zócalo de la Ciudad de México, un señor pasó gritando: «Ya váyanse a sus ranchos, maestros huevones, indios de mierda».

III. La rueda de la historia

 

Luego del desalojo que la policía estatal efectuó contra el campamento en las afueras del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) la madrigada del 12 de junio de 2016, un nuevo plantón se instaló en el centro de la Ciudad de Oaxaca, no sin antes librarse una batalla a base de cohetes y piedras para contener la represión de la policía estatal. En la víspera de la conmemoración de los 10 años del inicio del movimiento popular en Oaxaca (iniciado por el magisterio y fortalecido por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO), las calles de esta urbe se llenaron nuevamente de barricadas para impedir el paso de los policías. Uno de los profesores heridos en este desalojo, José Caballero, lesionado en la cabeza aquella noche, falleció el 5 de julio de aquel año, por complicaciones ocasionadas por esta lesión. Nuevamente, los muertos los pone el magisterio.

Al día siguiente, el ambiente estaba tenso pero el plantón pudo instalarse y desde entonces varias barricadas se levantan durante la noche para intentar frenar algún nuevo desalojo. Sin embargo, en esta ocasión, la situación no se limitó a la capital del estado, de hecho, la trascendió y s
e empezó a cocinar un panorama distinto al que en 2006 había reinado en Oaxaca: empezaron a colocarse bloqueos en carreteras en distintas regiones de la entidad y esto descentralizó la lucha magisterial y complicó la actuación de la policía para desactivar las protestas. En un par de días, largas filas de vehículos de carga y autobuses de línea llenaban las carreteras en la región mixteca y en el istmo principalmente, Nochixtlán y Juchitán se consolidaron como dos polos para frenar a las empresas. Las policía federal tampoco podía ingresar y mientras buscaba una estrategia para «restablecer el orden y el libre tránsito», los bloqueos crecieron, en fuerza y en número por todo el estado; miles de madres y padres de familia se unieron a la lucha del magisterio, llevaron víveres, organizaron guardias, dieron apoyo, cambiaron la historia.

La crisis que había generado la reforma educativa era ya inevitable.

IV. La represión y la resistencia

 

Una semana transcurrió antes de que el gobierno federal y el estatal, tras las decisiones de Miguel Ángel Osorio Chong y Gabino Cué, decidiera aplicar la violencia como mecanismo de resolución.

La madrugada del sábado 18 junio de 2016 la policía federal intentó desalojar el bloqueo instalado en las afueras de Juchitán. La población junto con las y los maestros resistieron a pesar de la cantidad de gases usados y de la desproporción en número y en aditamentos. No se tiene aún el número exacto de personas heridas o lesionadas en este momento, pero sí se sabe que un periodista fue asesinado por unos sujetos de civil que nadie reconoce como maestros. Su nombre era Elidio Ramos Zárate.

La batalla dura toda la noche y se extiende durante todo el día, hasta que, agotados los federales deciden retirarse ya que no pueden cumplir su objetivo y a diferencia de lo que esperaban, el bloqueo se fortalece por la población que no permite el paso a la policía. Pero esto era sólo el principio, un ensayo de lo que se viviría la mañana siguiente en lo que sería el segundo intento por desbloquear las carreteras. La situación en la capital oaxaqueña es tensa, los bloqueos en la salida norte de la ciudad, a la altura de lo que se conoce como Hacienda Blanca, se fortalecen y crecen en su extensión y número de participantes.

La mañana del 19 de junio, alrededor de las 7:30, unos 800 elementos, mitad federales mitad estatales comienzan a avanzar sobre el bloqueo que se mantiene hasta ese momento en Nochixtlán sobre el cruce de la carretera federal 190 y la Supercarretera México-Oaxaca. Maestras y maestros que se encuentran en el cambio de turno de la guardia se repliegan a una distancia suficiente para reorganizarse, los gases lacrimógenos caen y sin mayor preámbulo, se posicionan elementos de la policía federal que comienzan a disparar armas tipo escuadra y fusiles de asalto. Un fuego cruzado es el escudo que va empujando a los civiles que resisten con piedras y palos, que en su desesperación se rocían el rostro con Coca-Cola y vinagre para poder respirar; detrás de ellos hay un a serie de francotiradores que consolidan una especie de bloqueo a través de balas y gases. Caen decenas de personas heridas y entre ellas muchas están muertas o morirán muy pronto.

Al final de este ataque se contabilizan alrededor de 90 personas heridas por arma de fuego, 9 personas muertas por proyectiles de diversos calibres, 27 personas desaparecidas que luego fueron encontradas en instalaciones policiacas y la comunidad de Nochixtlán, acompañada por otras poblaciones vuelve a instalar el bloqueo luego del repliegue de la policía, que a pesar de todo, no logra pasar. Pero el día comenzaba aún, faltaban todavía más escenarios de violencia.

Desde que las noticias sobre lo ocurrido en Nochixtlán comenzaron a difundirse, quienes se encontraban en el bloqueo de Hacienda Blanca se alertaron y colocaron varios vehículos de carga atravesados en esta parte de la carretera, más maestras y maestros llegaron, pero también habitantes de la zona y diversas organizaciones y activistas.

Tan sólo circulaban algunas informaciones sobre la resistencia al paso de la policía federal a la altura de la caseta de Huitzo, antesala de Oaxaca. Se hablaba de un gran contingente de elementos policiacos.

A lo largo de varias horas la tensión subió hasta que alrededor de las 18:30 un helicóptero de la policía federal sobrevoló muy bajo el bloqueó y comenzó a lanzar gases lacrimógenos, no sobre la parte más preparada sino sobre la población que veía con asombro como su calle se había convertido de pronto en una zona atacada por la policía.

Tras este primer bombardeo, se incendiaron muchas llantas para que su humo impidiera a la policía tener buena visibilidad, algunos vehículos corrieron con la misma suerte; alrededor de las 19:30 el avance de un gran contingente de policía comenzó. Al frente de ellos venían policías armados con fusiles de asalto y armas tipo escuadra, dispararon sin reserva o protocolo alguno. Un chico de 19 años murió luego de recibir un impacto de bala en el abdomen. Azarel Galán Mendoza se llamaba.

Hubo resistencia, pero la cantidad de gases y de balas disparadas favoreció el desalojo y obligó a la gente a replegarse. Las barricadas fueron franqueadas por decenas de policías que, además, se metieron a algunas zonas habitacionales, causando pánico. El centro de la ciudad de Oaxaca activó la alerta ante un posible desalojo del plantón y durante toda la noche se registraron cortes de luz, disparos y algunos comercios fueron destrozados por sujetos vestidos de civil que, extrañamente, eran escoltados por la policía municipal al termino de sus acciones.

V. Los muertos y los heridos

 

Doña Paty, madre de Jesús Cadena Sánchez, joven de 19 años asesinado el 19 de junio en Nochixtlán. Se mantiene seria y con la mirada perdida en el homenaje que su pueblo y el magisterio le rinden antes de conducir su ataúd blanco al panteón.

José Luis, parece nervioso cuando –dos semanas después de lo ocurrido en Nochixtlán– platica de su hermano, Anselmo Cruz Aquino, asesinado casi en el mismo lugar que Jesús. Contiene el llanto y se fortalece cuando habla de sus otros dos hermanos, heridos en la misma batalla pero que, con buena fortuna, salvaron la vida.

No hay palabras para describir los funerales de las personas que fueron asesinadas en aquella refriega del 19 de junio: 11 personas en total. En varias casas de Nochixtlán se están velando a los caídos, pero sucede lo mismo en Tlaxiaco y en la ciudad de Oaxaca. El dolor de las familias es enorme y su pobreza lo magnifica.

De parte del Estado no hubo respuesta ni consideraciones. Las personas que fallecieron fueron enterradas sin que se hicieran los peritajes necesarios, las actas de defunción se entregaron casi una semana después y eso, gracias a las gestiones del magisterio.

VI. ¿De dónde salieron las balas?

 

En un enfrentamiento se parte de la idea de que los bandos en conflicto cuentan con condiciones, si no iguales, al menos cercanas, sin embargo, lo que ocurrió en Nochixtlán y en Hacienda Blanca tiene rostro de ataque, de agresión, de violencia desmedida de un bando –los cuerpos policiacos– contra otro –la población–, entre magisterio y habitantes de los lugares; no se puede hablar de enfrentamiento porque el fuego vino de un solo lado, y lo comenzó un bando. Los muertos y los heridos los pusieron las y los maestros, las familias y los habitantes.

El Comisionado General de la Policía Federal, Francisco Galindo Ceballos, declaró en una conferencia de prensa, la misma noche de los ataques, que ninguna arma había sido utilizada por sus elementos. Sin embargo horas después y bajo la presión de las evidencias gráficas que medios de comunicación independientes presentaron, tuvo que recular y aceptó que «algunos elementos, casi al final del operativo, salieron con sus armas de cargo para hacer frente a grupos de civiles armados», sin que esta declaración hiciera referencia a las personas fallecidas y heridas.

Hasta ahora se han identificado 5 calibres distintos: 22, 38, 5.2, .9 y 223. Cientos de cartuchos han sido recolectados por la población y se han entregado como evidencia a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y a otras instancias internacionales como el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU. Por otro lado, las fotografías que muestran a policías disparando o recargando sus armas –calificadas como falsas por SEGOB– fueron presentadas ante la opinión pública con metadatos y con la certificación de fecha, hora y lugar en que fueron tomadas, dejando en silencio a la dependencia federal.

VII. El poder político del PRI

 

En Oaxaca –como en buena parte del país– el Partido Revolucionario Institucional goza de buena salud. Más allá de resultados electorales, reacomodos, cambios o cualquier situación que sea presentada como un obstáculo para el partido, éste sigue teniendo una impunidad de acero y una capacidad para operar política y económicamente sin precedentes. Esto lo sabe Daniel Cuevas Chávez, el aún presidente municipal de Nochixtlán, quien siendo afiliado al partido, no vio problema en resguardar a elementos de la policía federal una noche antes de que el violento ataque tuviera lugar. Lo hizo en un rancho familiar, propiedad de su hermano Erminio, electo diputado federal poco antes de los hechos.

Una vez comenzado el ataque, ellos junto con sus familias huyeron del municipio en un helicóptero de la policía y fue hasta el 3 de julio que reapareció en público, precisamente en la discusión que se tiene al interior de Nochixtlán sobre las posibilidades de declarar la desaparición de poderes. Pedante y descarado, no mencionó nada de su actuación el 19 de junio, ni de su forma de «resguardarse», por el contrario, puso en marcha a muchos de sus operadores políticos locales para buscar que se le permitiera una oportunidad para retomar el cargo, a pesar de que días antes, la comunidad, enfurecida por su falta de cuidado hacia la población, quemó el palacio municipal, la comisaría de policía, un hotel de donde se ubicaron francotiradores y el rancho del hermano diputado.

Este episodio es tan sólo una muestra de cómo funcionan los nuevos cacicazgos, una de las facetas del poder político.

Sin embargo, Oaxaca, es un gran hervidero de casos de corrupción, nepotismo, ataques contra la prensa, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, prisión política, desplazamiento forzoso, represión y una agudo fortalecimiento de los proyectos de despojo del territorio y de recursos naturales a los pueblos indígenas, campesinos y pescadores. Pocos días antes del 19 de junio, gracias a una meticulosa investigación, fue posible desenmascarar un red de lavado de dinero establecida entre el ex gobernador Ulises Ruiz y el subsecretario de desarrollo social federal, Eviel Pérez Magaña. Es el poder político del PRI y sus alianzas lo que permite que, a 10 años del movimiento popular no haya justicia en ninguno de los casos registrados, sea de lesiones graves, ejecuciones extrajudiciales, desplazamiento y exilio forzosos, mucho menos pensar en la solución de las demandas enarboladas, pero que, por el contrario, permite –a pesar de los documentos y las pruebas necesarias– que un personaje como Ulises Ruiz continúe con sus negocios y con el fuero que impide su procesamiento penal.

VIII. El símbolo de una lucha

 

El esqueleto calcinado de un autobús es el nuevo símbolo de la lucha magisterial y popular contra la reforma educativa, pero también contra muchos más agravios que se acumulan día tras día. Nadie ha removido este monumento al fierro inservible, se encuentra al centro de la carretera que da salida sur a Nochixtlán. Ha sido adornado por una manta que reza: «Asesinos del pueblo»; y muestra dos caricaturas, las de Enrique Peña Nieto y la de Arturo Ñuño.

Este ensamble macabro, además de recordar que ahí se libró una ataque extremadamente violento en el que hubo muertos y heridos, es también el símbolo de nuestro deficiente y malogrado sistema educativo, es la imagen que encuadra la nula preocupación por mejorar lo que podría ser un pilar de la sociedad mexicana, pero que –con nula vocación de diálogo– es ahora una complicación que puede definir el resto del sexenio.

El magisterio está actuando con pinzas para que la fuerza adquirida no se convierta en engaños o en una estrepitosa caída; la operación no es fácil y la reforma educativa sigue siendo la opción del Estado. El 5 de julio de 2016, luego de una reunión de última hora entre SEGOB y la CNTE, el resultado deja mucho qué desear: mientras los representante de las y los maestros mantuvieron sus demandas y las entregaron por escrito con argumentos y basándose en la artículos constitucionales y códigos respectivos, la dependencia encabezada por Miguel Ángel Osorio Chong, entregó un documento sin membrete alguno y que no va dirigido a nadie, con propuestas de una supuesta discusión del modelo educativo sin hacer mención ni a las demandas específicas ni a la reforma ni a las implicaciones de una discusión de este tipo. Ya decía un conocido: «antes no le entregaron la propuesta de diálogo escrita en una servilleta».

Al cierre de este trabajo dos cosas han sucedido. Roberto Campa, subsecretario de derechos humanos de SEGOB se presentó en Nochixtlán y a la entrada y salida de una reunión a puerta cerrada con pobladores y familias de los asesinados y heridos, fue abucheado con la misma frase que reina en el camión calcinado: ¡Asesinos! Tras una reunión del sindicato disidente, la CNTE resolvió no aceptar la propuesta de SEGOB y sí llamó a sus bases para una discusión sobre un modelo educativo alternativo y no abandonó los bloqueos carreteros ni las movilizaciones en los estados en que existan condiciones.

El nuevo símbolo de la lucha por la educación en México, contiene lo perdido y lo ganado pero sobre todo se convierte en un mecanismo inmediato para preservar la memoria y que la gente que lo vea se entere de la violencia y la represión, de lo que está en jue
go si esta batalla magisterial se pierde. El esqueleto de un autobús completamente calcinado, una suerte de ofrenda para que el resultado final no sea una reedición de la costumbre en México: un movimiento social desinflado que acepte cualquier migaja como solución. Hasta ahora los y las maestras han mantenido una lucha con mucho esfuerzo, han dado lecciones de dignidad y de fortaleza, esperemos que pronto puedan dar lecciones de victoria en cada una de sus aulas.

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