En todo el país, y más allá de este, la lucha de los pueblos indígenas es una lucha por defensa del territorio ancestral, de lo que es la definición misma de un pueblo originario: “Si perdemos nuestro territorio, dejamos de ser pueblo indígena” mencionaba recientemente Anastacio Euán, un maya de la comunidad de Chablekal, Yucatán, respecto a la lucha que están llevando por la defensa de su territorio, la cual también implica la lucha por el reconocimiento como mayas, como pueblo ancestral, originario.

Vivimos una época en la que las leyes del Estado sirven para despojar los territorios ancestrales de los pueblos originarios y que, además, permiten el uso de la fuerza, a través de la policía federal o el ejército, para asegurar dichos despojos, al mismo tiempo en que se criminaliza la lucha y la resistencia de los pueblos indígenas.

El proyecto de Nación actual no tiene cabida para los pueblos indígenas que ven amenazadas sus autonomías, su derecho a decir, a través de “megaproyectos” energéticos como parques eólicos, gasoductos y acueductos, parques solares, monocultivos de soya impulsados por Monsanto, monocultivos de palma africana, carreteras y aeropuertos que sirven para el turismo, y para la extracción y saqueo de minerales y recursos naturales. Al mismo tiempo en que la organización a través de policías comunitarias es también golpeada por paramilitares o grupos de la delincuencia organizada, los cuales son díficiles de distinguir con el Estado.

Ante este clima de violencia e impunidad, los pueblos indígenas de México que conforman las distintas geografías de resistencia y rebeldía, como las ha llamado el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se reúnen nuevamente, no sólo para celebrar lo que son veinte años de caminar como Congreso Nacional Indígena (CNI), sino también para denunciar y compartir lo que está pasando en las distintas geografías, cómo se le está haciendo frente a la violencia de estado y cómo seguir fortaleciendo la resistencia y la rebeldía, esas luces que también son llamas de esperanza para defender el territorio ancestral, para defenderse como pueblos originarios.

Son 20 años de caminar del CNI impulsado a partir del andar zapatista con los pueblos indios de México, teniendo como su antecedente directo el Foro Nacional Indígena de 1996 en donde participaron representantes indígenas de las diversas regiones del país, de la mano de asesores e investigadores, una apuesta organizativa frente a las políticas de despojo y exterminio del Estado, desde donde buscaron colocar en el centro de las reflexiones el autogobierno indígena. Nueve meses después del Foro, vería la luz el Congreso Nacional Indígena, definido como la casa de los pueblos originarios, un lugar de encuentro, reflexión, lucha y resistencia, colocando el modo asambleario como forma de decisión colectiva y consensada, el reconocimiento de los Acuerdos de San Andrés y el derecho a la Autonomía, para levantar desde los pueblos lo que hoy es el lema del CNI: “Por la reconstitución integral de los Pueblos, nunca más un México, sin nosotros”.

A veinte años de su caminar, en los próximos días de octubre se llevará a cabo el Quinto Congreso Nacional Indígena en el CIDECI-UNITIERRA en San Cristóbal de las Casas, Chiapas; en este marco, realizamos esta entrevista a Cristian Chávez, acompañante de los pueblos, quien nos sumerge a un panorama general de la defensa del territorio que están realizando desde el CNI los pueblos originarios de México frente al capitalismo.

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