Luego de ser detenido en la Ciudad de México y trasladado a un penal de Máxima Seguridad en Sonora -tras 12 días de una detención por el delito de narcomenudeo- obtiene su boleta de libertad bajo caución Jorge Esquivel Muñoz, pues no se encontraron los elementos suficientes para mantenerlo detenido. Esto es un montaje, afirman diversas organizaciones que se han pronunciado por la libertad de este joven.

El 24 de enero, un grupo de jóvenes fue interceptado por sujetos vestidos de civil, los encañonaron y se llevaron a «Yorch»; por un momento sus compañeros pensaron que había sido víctima de desaparición forzada, una práctica cada vez más común en México.

Esquivel fue presentado a la PGR con 300 gramos de marihuana, 46 gramos de cocaína, y 26 pastillas psicotrópicas. En las declaraciones rendidas ante la PGR, los cuerpos policiacos afirman que el detenido portaba todos estos elementos. De acuerdo con el testimonio de quienes presenciaron la detención, Jorge no traía consigo ninguna mochila ni maletín en donde pudiera alojar estos narcóticos.

La organización Abajo los muros de las prisiones, afirma que todo esto es un montaje de la PGR para criminalizar a los grupos que trabajan al interior de la UNAM, específicamente para atacar al espacio del Auditorio Okupa Che, que ha sido amenazado en repetidas ocasiones.

«Yorch» es descrito por sus amigos como un joven punk, cocinero, artesano, vendedor de tacos: «No quiere ser policía ni soldado para desaparecer estudiantes. No quiere ser sicario ni halcón. No trabaja para ningún gobernador asesinando periodistas. No vende ninguna droga». Para la Rectoría de la Universidad es simplemente un «individuo ajeno a la Universidad» al que pueden acusar de estar «vinculado a actividades de narcomenudeo».

Hoy en día, cualquiera puede ser acusado de narcotraficante: te pueden asesinar, desaparecer o secuestrar y posteriormente vincularte con las actividades del narcotráfico. En el caso Ayotzinapa, la PGR quiso vincular a los estudiantes con los grupos delincuenciales guerrerenses, pero no lo logró.

Jorge Esquivel obtendrá su libertad en breve. Tendrá que seguir un proceso bajo caución. Quizá las cámaras de videograbación mostrarán que no fueron dos policías -sino cuatro- quienes derribaron a «Yorch» para someterlo, que no llevaba una mochila, maleta, ni drogas. O probablemente esas imágenes nunca serán entregadas y se «autodestruirán en siete días».

Pero como es costumbre en México, ni la PGR ni la UNAM se harán responsables por las difamaciones emitidas en los distintos comunicados oficiales y medios masivos de comunicación; no asumirán por cuenta propia el daño físico, moral y psicológico que implica el ser acusado de narcotraficante de un día para otro.

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