Hoy somos aquí, aquí estamos, seguimos siendo como desde hace siglos, estamos nuevamente como lo hemos estado desde siempre, somos los descendientes, los herederos, somos nosotros quienes hace quinientos años fuimos saqueados, humillados, victimados en el nombre de dios y la corona.

Somos nosotros los mismos que trescientos años después, hace doscientos, morimos por una independencia que nunca conocimos, que de hecho nunca se ha alcanzado, hoy decimos: tanta sangre derramada, tantas vidas segadas, tantos sueños traicionados, tanta lucha sólo para cambiar de dueños.

Somos quienes hace cien años, cansados de tener como única posesión la miseria, de compartir el hambre, quienes cansados de injusticias, de tener como único futuro la enfermedad, la muerte decidimos levantarnos en armas contra el mal gobierno, somos nosotros quienes derrocamos al dictador, quienes expulsamos al usurpador, somos los traicionados con el triunfo de Carranza y de Obregón. Somos también los que no mueren, somos Zapata y somos Villa.

Somos, en fin, quienes a diario, con nuestro trabajo, generamos la riqueza que se apropian los explotadores de siempre, somos los expulsados de sus tierras, los condenados, desde la visión del poderoso a la ignorancia, a la miseria, al mercado de la droga, los condenados al miedo por la inseguridad, somos los mineros, los niños asesinados víctimas de la corrupción, los jóvenes y familias muertas a manos del ejército, los hombres y mujeres sin escuela y sin trabajo, somos números en las encuestas, somos los perseguidos en razzias y retenes, los ignorados por planes y programas oficiales.

Pero somos también los que se niegan a morir, seguimos siendo los guardianes de este mundo que quieren destruir, que han destruido, los que volvemos nuevos en cada grito por justicia y estamos en las ciudades y en el campo, estamos en la costa y en la sierra, en la selva y el llano.

Somos y estamos aquí quienes habrán de cobrar las viejas deudas de justicia,  somos los que han de llenar las cárceles con los verdaderos delincuentes, esos que dicen gobernar, esos que no gobiernan pero roban y se enriquecen a costa de nuestro sudor, de nuestra sangre.       Somos parte de ese pueblo que se cansa de las mentiras de siempre, de los discursos que hablan de libertad para esconder cárceles llenas de inocentes por el único delito de ser pobre y no poder comprar a la justicia, de los discursos que llaman democracia y ocultan el asesinato a disidentes, que ocultan la represión a quienes piensan diferente, que  intentan ocultar la indiferencia y el desprecio, el desinterés o la perversidad de la políticas que condenan a nuestra juventud a las drogas, a la ignorancia, a la perpetua esclavitud; que decretan agotado el reparto agrario mientras posibilitan la formación de nuevos latifundios.

El  signo de este tiempo ha sido la destrucción: del medio ambiente, de la madre tierra, de las estructuras sociales, de los lazos familiares, de los valores humanos, la destrucción como único futuro, la destrucción como base de la ganancia y la acumulación y en este proceso destructivo la división, el aislamiento como elemento necesario para sostener el sistema de explotación y rapiña que hoy domina al mundo, la explotación de nuestras vidas, el despojo de nuestros sueños, de nuestras realidades a apoyados por los medios de comunicación que han empeñado su quehacer en mostrarnos una imposible realidad, un México que, administrado como una empresa requiere de enormes capas de maquillaje, un maquillaje que no alcanza ya a cubrir tanta sangre, tanta corrupción, tanta estupidez hecha gobierno.

Somos y estamos hoy aquí porque hoy se trata de rescribir la historia, de hacerla nuestra. Porque hoy se trata de tomar el futuro en nuestras manos, de enderezar al mundo, de sacudirlo hasta que caigan los malos gobiernos. Hasta que los explotadores, los asesinos de siempre sean encerrados en las cárceles que diseñaron y construyeron para nosotros. Porque poco a poco se han extendido a lo largo y ancho de este país la convicción de que ya es hora, de que es el momento justo de iniciar la construcción del mañana que merecen nuestros hijos, que merecemos todos. Poco a poco nos vamos acercando, venciendo miedos, resquemores, desconfianzas sembradas por una historia plagada de traiciones, de mentiras, venciendo siglos de dolor, siglos de muerte, porque hoy somos la vida, la vamos sembrando, la gritamos, aprendemos poco a poco a compartirla, aprendemos poco a poco que esta otra forma de ternura que es la solidaridad también es necesaria para la construcción de un mundo diferente.

Pero también aprendemos, aunque nos ha costado siglos, que la unidad es necesaria, la vamos construyendo, que és necesario recuperar lo que nos pertenece, la tierra, el agua, el aire, nuestros sueños, el derecho a vivir y que para eso nos vamos preparando. Sabemos que no basta la rabia y por eso esa rabia hoy se organiza y se dispone, o mejor, nos disponemos a cambiar este país, este mundo desechando, desde ya, lo que no sirve, pasando, desde ahora de las palabras a los hechos.

POR LA UNIDAD DEL PUEBLO EN LA LUCHA POR SU LIBERACION,
CON LA UNIÓN DE LOS POBRES VENCEREMOS,
VIVA LA LUCHA REVOLUCIONARIA DEL PUEBLO.

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