Han intentado borrar todo vestigio de su crimen, cubrirlo con su odio y su desprecio, intentan enterrar en el olvido a nuestros muertos, y hoy aquí decimos que ellos, nuestros compañeros fueron  asesinados, pero que siguen vivos en nuestra exigencia de justicia, que viven y vivirán en lo más profundo de nuestros corazones, que no descansaremos hasta que los culpables se encuentren tras las rejas, ocupando el lugar de tantos inocentes, injustamente presos ahora en esas cárceles que pronto habremos de llenar con los explotadores de siempre, con los asesinos de siempre.

Hoy estamos aquí movidos por la indignación, sabiendo de antemano quienes son los culpables de tantas muertes, de tanto llanto, de tanta ausencia, de tantas familias incompletas. Estamos aquí exigiendo castigo a los responsables de tanto dolor, aunque sabemos que la justicia sólo llegará cuando el pueblo se levante, cuando tanta indignación grabada con sangre en la memoria colectiva se desborde y barra como un huracán la podredumbre que hoy gobierna.

Nada habrá de cambiar si no es con el concurso de nosotros, y de cientos de miles o millones que hoy padecen las consecuencias de este sistema de muertos y de muerte. Nada habrá de cambiar con sus mentiras, ni con el periódico tinglado electoral, ni con los falsos discursos oficiales, ni con sus falsas guerras con las que van encubriendo la represión a los que piensan diferente, a los que luchan por no perder lo poco que nos queda de este país que han convertido en ruinas.

Nada habrá de cambiar sino el verdugo, si es que no nos atrevemos a construir un mañana diferente, un mañana en el que nuestros muertos puedan morir de muerte natural o de vejez o de cansancio de vivir por tantos años o en el que nadie muera si no le da la gana de morirse, un mundo en el que ya no existan los muertos por la negligencia oficial, los muertos por el hambre y la miseria, los muertos por la ambición de quienes se piensan dueños del mundo, dueños de nuestros sueños.

Hoy estamos aquí para decirles a los esbirros del poder, a los lacayos de siempre que no hay perdón, que no habrá tampoco olvido, que el pueblo no olvida, que nuestra memoria ha sido reforzada por tanta explotación, por tanto despojo, por tanta injusticia. Hoy estamos aquí para exigirles que tampoco olviden, para advertirles que nos vamos convirtiendo en la pesadilla que habrá de perseguirlos para siempre, que no han de pagar ni con sus vidas tantas vidas segadas, tanto futuro trunco, tanto sufrimiento y tanta sangre derramada.

Hace un año que el compañero Trinidad Martínez,  dirigente de la OCEZ-DI, integrante de la Comisión Política Nacional de la UNOPII y miembro del Comité Central de la Organización Revolucionaria Socialista Zapata y Villa Viven, falleció, al igual que hace cuatro años, sesenta y cinco compañeros, todos trabajadores, encontraron la muerte en una mina, en ambos casos dice la autoridad que fueron accidentes, nosotros decimos que los mataron, que todos ellos fueron asesinados, una celada, la negligencia, la inseguridad, qué importa?, lo que importa es que no están, importa que sus muertes tienen responsables: el gobierno estatal, la empresa Minera México, importa que no ha habido castigo, que para las autoridades no hay culpables, que para las autoridades nuestros muertos, como tantos otros en el país, son desechables, que los pobres somos prescindibles. Lo que importa es que hoy, aquí y en cada rincón en dónde estemos, refrendamos la convicción de que sus muertes no quedarán impunes, que no importa el tiempo que tardemos, han de tener castigo los culpables.

Por la Unidad del Pueblo en la Lucha por su Liberación

Frente Popular Francisco Villa Independiente UNOPII

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