Si la información de las noticias  está correcta, el presidente Barack Obama enviará más de 30,000 nuevas tropas a Afganistán para apoyar y defender uno de los gobiernos más corruptos del planeta.

Lo hará, en parte, porque durante las últimas elecciones presidenciales, los liberales opuestos a la ruinosa y desastrosa guerra en Irak pintaron la guerra en Afganistán como “la buena guerra”, tal vez porque pensaron que ésta se podría ganar.

Pero hay otro motivo. Las guerras peleadas en el extranjero son verdaderas metáforas para las guerras políticas peleadas aquí en nuestro país. Las guerras exteriores se tratan, en última instancia, de la política doméstica ––de la lucha para la supremacía política en Estados Unidos.

“La guerra”, según el dicho popular, “es el deporte de reyes”. En Estados Unidos, la guerra se ha vuelto el deporte de los partidos políticos.  El candidato más belicoso,  el (o la) que demuestre más dureza política (con los niños de los demás), tiende  a prevalecer en las elecciones.

Por eso, Afganistán es la utilería de una gran obra de teatro – de poca importancia de por sí, pero de gran valor simbólico en las largas guerras entre la derecha y la izquierda del público norteamericano.

Lo que quiere los estadounidenses no tiene la más mínima importancia, tampoco su afiliación con uno u otro partido político. Los partidos políticos estadounidenses son instrumentos, comprados y pagados, de gran riqueza corporativa y privada. (Si cuestionas esta afirmación, fíjate en lo que pasa cuando un político deja su puesto en el gobierno. Se va derecho a los brazos de las grandes corporaciones, donde por fin se une con la clase que ha servido.

Así, vemos el espectáculo de la votación de la gente por candidatos aparentemente anti-guerra, quienes, una vez que ocupen sus puestos, aprueban más guerra, más armas, más tropas.  La guerra nunca tiene que ver con los motivos proclamados por los políticos. Afganistán tiene tanto que ver con el terrorismo que  Iraq tenía que ver con las armas de destrucción masiva (ADM), es decir, nada.

Actualmente, Inglaterra está para abrir una investigación poco frecuente sobre la manera en que se metió en la guerra de Iraq. ¿No es notable que las preguntas se hacen después de la guerra ––pero no antes?   Por supuesto, el país entró debido a sus obligaciones a su gran hermano (Estados Unidos) por los motivos más despreciables —la política y las ganancias.

Desde el corredor de la muerte soy Mumia Abu-Jamal

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