Tres autobuses y una furgoneta salen del CIDECI a las 2 de la tarde. Tras conseguir llenar los depósitos de combustible, la Caravana viaja hasta La Garrucha. Personas del Estado Español, Grecia, Italia y diferentes estados de México conforman, fondamentalmente, el comboy, que también transporta acopios de comida, libros y material escolar para el Caracol.

El recorrido es muy entretenido, por poblados de indígenas, risueños e interesados en el colorido de la marcha. Nulo conflicto militar, carreteras asfaltadas y balizamientos para no correr mucho. Salendo de San Cristobal de las Casas, pasamos por un enorme destacamento militar, sin que surja ningún impedimento. A pocos metros, ya vemos carteles con informaciones acerca de las tierras recuperadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Es palpable la simpatía hacia la Caravana. Hasta Ocosingo la ruta resulta tranquilla, contemplativa de un fértil paisaje, húmeda selva frondosa y asentamientos a los bordes de la carretera, donde conviven las plantaciones del espléndido maiz con las vacas, ovejas, cerdos, gallinas, aves y perros, entre otros animales.

En Ocosingo cambiamos de medio de transporte. Las cadenas humanas mueven los equipajes de los maleteros a las camionetas. Carromatos muy potentes en los que nos hacinamos entre risas y canciones. Compartimos buenos ratos dando botes y gritando «rama» para no lastimarnos los cuerpos ni las cabezas. Bajo la lluvia y la oscuridad de los toldos impermeables también sigue el buen ambiente y las complicidades.

Hacia las 8 de la tarde los carros se agrupan para entrar en el Caracol 3 de la Garrucha. LaHan preparado una fiesta para recibirnos. El duo musical contratado prepara su set de canciones. La Caravana espera indicaciones. En la explanada nos miramos expectantes, casi en silenzio, hasta que, desde el escenario, una mujer zapatista se dirige a nosotros en nombre de la Junta de Buen Gobierno. Joven y tranquilla, nos da la bienvenida en castellano, agradeciendo nuestra presenzia y lanzando vivas al Subcomandante Insorgente Marcos, al Comité Clandestino Revolucionario Indígena- Comandancia General-EZLN,  a los Caracoles autónomos, a los presentes y a la sociedad civil mexicana e internacional. comunidad nos está esperando y nos recibe con aplausos y miradas acogedoras. En la explanada principal, niños, niñas y mujeres tapadas con el paliacate y, sobre el escenario preparado para la ocasión, un grupo de encapuchados.

En la Oficina de Vigilancia dos zapatistas tapados con el paliacate anotan, letra a letra, los nombres de todos y cada una de las personas visitantes. A mano, anotan en cuadernos alineados los datos de todos, apellidos imposibles para un examen de ortografía.

Después, llega el baile. Al ritmo del teclado de sonidos enlatados, la voz principal del teclista y animador y los sencillos coros de su hermano, lanzan ritmos populares de la zona, que se bailan discretamente, sin cabriolas ni aspavientos. Las jóvenes zapatistas bailan agrupadas, hasta que los mozos las convidan a moverse juntos, a veces sin rozarse. Los niños se acercan y comienzan a jugar, correr y bailar con los foráneos, en su mayoría españoles, que se divierten cada uno con su ritmo. El jolgorio sigue en movimento y con gritos de “Zapata vive, la lucha sigue” hasta las dos de la mañana.

(Escrito por calogero)

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