La tarde soleada del otoño hermosillense veía llegar poco a poco a pequeños grupos de amigos y amigas a la Plaza Emiliana Zubeldía frente a la Universidad de Sonora, histórico sitio para la reunión y la protesta pública.  Jovencitas de camisetas negras y collares de arcoiris y jóvenes con cortes de cabello modernos llegaban preguntando si ahí era lo de la “marcha”. 

Una compañera lesbiana les decía que ella venía acompañada con sus sobrinitos y sus hermanas.  Otra mujer se acercaba empujando una carreola. Muchos rostros nuevos de hombres y mujeres que se enteraron a través de los cientos de carteles y de spots de la radio Bemba, la radio comunitaria: “Aspiramos a construir una sociedad donde ser homosexual o lesbiana no signifique sufrir discriminación, violencia, marginación”. También estaba Raúl, un treintañero que sufre de una discapacidad psicosomática y quién dijo que acudía a la marcha, a pesar de que su padre le dijo que si participaba “se olvidara de que tenía padre”.

A las 5 de la tarde se desplegó una enorme bandera con los colores de la diversidad sexual en las escalinatas del edificio del museo y biblioteca.  Los conocidos y viejos amigos aprovechaban para saludarse y el grupo se animaba conforme crecía en número.

 

A las 5:15 el contingente estaba ya formado para iniciar la sexta marcha del orgullo gay, lésbico, bisexual, transgénero y heteroflexible en tierras sonorenses.  Adelante unos jóvenes portaban una manta en donde se podía leer: “por una ley contra la discriminación en el estado de Sonora”.  En el último minuto se sumó un contingente de muchachas trans, incluyendo a su reina sentada en el techo de un pick up decorado con globos rosas y blancos, presta a saludar a los transeúntes.  La marcha inició con emoción y el orgullo de salir a la calle de nuevo:  “no que no, sí que sí ya volvimos a salir”, seguidos por “ni enfermos ni criminales, simplemente homosexuales” y “derechos iguales a lesbianas y homosexuales”.  En el recorrido por bulevares y calles céntricas de la ciudad de Hermosillo muchos choferes se unían con su claxon en señal de solidaridad, otros amigos gays saludaban a sus conocidos.  La gente desde las banquetas escuchaba y observaba atenta al alegre y decidido contingente que no dejaba de corear: “más que un momento, orgullo en movimiento”, “hetero, hetero, flexibles todos son”.  Agitadas por la carrera se sumaron súbitamente un grupo de cerca de veinte jovencitas lesbianas que aún llevaban el uniforme de la preparatoria y sus mochilas a la espalda: “pensamos que nos los podríamos alcanzar”.  Con orgullo, al pasar frente al jardín Juárez, uno de los más antiguos sitios de ligue y encuentro gay, corearon: “si Juárez viviera con nosotros estuviera” y como venganza histórica: “el que no brinque es Fox”, consigna readaptada a petición de los bugas solidarios que siempre se hacen presentes.

Las señoras y señores del mercado municipal, los taxistas, las familias que andaban de compra, los y las jóvenes obreros de maquiladoras que transbordaban hacia su casa, se enteraban que un grupo de poco más de 160 personas exigían el derecho a la no discriminación.

Frente a las oficinas del Consejo Estatal Electoral se volvió a escuchar: “no hay libertad política si no hay libertas sexual”.  Ya más relajado y alegre, casi el final de una marcha que duró alrededor de una hora, el contingente coreó muchas otras consignas: “Pucha con pucha, lesbianas en la lucha”, “un pasito pa’ delante, un pasito para atrás, me gusta por delante, me gusta por detrás”.

Un enorme aplauso se derramó sobre la plancha de la Plaza Zubeldía a la llegada de un contingente de personas valientes que de nuevo hicieron historia y mostraron que además de ser la tierra de la carne asada y las botas vaqueras, es la tierra de gente que aspira a la equidad, la justicia social y la no discriminación.  Una marcha que hizo historia tanto por la incorporación primera de personas transgénero y transexuales y como por la amplia presencia de jovencitas lesbianas y bisexuales que suelen llenar las discos gays de la ciudad.  Al final de la marcha miembros de la Asociación Sonorense por una Ciudad Diversa e Incluyente, DIVERICUDAD, hicieron un llamado para trabajar para construir un colectivo LGBTTH solidario y participativo.

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