Febrero 1 de 2009 # 803
Doña Concepción García de Corral
En Argentina se les conoce como las Madres de la Plaza de Mayo y desde hace varios años han obtenido un sitio muy importante en la conciencia nacional. El pueblo, los trabajadores y estudiantes las veneran y respetan y el gobierno tiene que escucharlas y atender sus reclamos. Son las madres de los jóvenes desaparecidos y asesinados durante los años sesentas.
Son las madres que un día empezaron tímidamente a exigirle a los generales que les regresaran a sus hijos y cuando se agotaron las esperanzas de que estuvieran vivos ellas tomaron su bandera, asumiendo y haciendo suya la causa y los mismos ideales de cambio por los que habían sido asesinadas sus hijas y sus hijos. Con su persistencia y su inteligencia, las Madres de la Plaza de Mayo han construido uno de los frentes ciudadanos más influyentes en Argentina.
En México surgieron desde 1978 de igual manera, reclamando a sus hijos y se les identificó simplemente como las “doñas”, fueron las madres de los jóvenes guerrilleros secuestrados por policías y militares desde el inicio de los años setenta. En el norte, fue doña Rosario Ibarra de Piedra la que empezó en Monterrey reclamando a su hijo Jesús, al principio casi sola, pero poco a poco llegaron otras mujeres desde Guerrero, Jalisco y Chihuahua, hasta que construyeron el “Comité de madres de desaparecidos, exiliados, perseguidos y presos políticos”, construyendo desde entonces un movimiento contra la impunidad y el olvido.
con la misma modestia que toda la gente. No teníamos comodidades, pero tampoco nos faltaba nada; mi esposo se iba de brasero y venía.
-pues que se acabe esto.
– ¿Y cómo se puede acabar? Esto nunca se va a acabar”.
– Pues se tiene que acabar.
-Pero tú no lo puedes hacer, si quieres ayudar a la gente sigue estudiando y así podrás ayudar a los que quieras, pero ahora ¿qué puedes hacer tú?
-Si pero no soy de palo, déjenme descansar, desahogar un poco, aunque ya no tengo lágrimas…ya se me acabaron.
– A sus órdenes
– Le estamos llamando para decirle que pronto verá a su hijo
– Y me colgaron.
– Han pasado 17 años desde entonces y nunca he dejado de pensar que mi hijo Jesús está vivo y nunca dejaré de buscarlo.