El pasado 27 de noviembre alrededor de 3 mil personas, en su mayoría estudiantes de normales rurales de distintos Estados de la República e integrantes de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), acompañados de organizaciones solidarias, que pretendían marchar pacíficamente en conmemoración de las represiones sufridas en Morelia —una en 1998 y otra en el 2002— por manifestarse en defensa de la educación pública, fueron reprimidos por policías estatales de la PGJ, e incluso por policías vestidos de civil, en el kilómetro 12 de la carretera Pátzcuaro-Morelia por la que pretendían pasar caminando para llegar al Centro de Convenciones de donde partiría dicha marcha.
Al respecto, el Gobierno de Michoacán menciona en un comunicado publicado en La Jornada el 2 de diciembre del presente: “El Gobierno michoacano es democrático, respetuoso y garante de los derechos de libre manifestación y expresión de los ciudadanos[…]”, y más adelante “[…]no entendemos la actitud de los estudiantes de la Normal Rural “Vasco de Quiroga” quienes vienen realizando acciones que ponen cotidianamente en riesgo la relación franca y abierta que ha venido ejerciendo el gobierno estatal; obligando a éste a actuar en el marco de la ley[…]”
Nosotros ponemos en entredicho lo anterior. Hacemos notar que la militarización de Michoacán es hoy el más reciente laboratorio experimental de la violencia del Estado, que se multiplica y perfecciona, y en donde el discurso de la democracia, el respeto a los derechos y la franqueza del gobierno, choca con la realidad de la imposición de la Reforma Judicial, misma que entre otras cosas, da pie a la militarización del país, y avala el trato que equipara a los luchadores sociales con los más peligrosos delincuentes; es decir, criminaliza la protesta social.
Finalmente destacamos la frase con la que concluye el pronunciamiento de las autoridades, al que hacemos alusión: “El gobierno de Michoacán lamenta los hechos ocurridos y hace un llamado a priorizar el diálogo constructivo y respetuoso como mecanismo para encontrar soluciones a los problemas que enfrenta la educación pública en la entidad […]”. Así, nosotros también nos pronunciamos por el diálogo, aunque diferimos tajantemente de la estrategia empleada por gobierno de Michoacán: primero golpea y luego se lamenta, llamando al diálogo.