Los grupos porriles reclutan gente, sobre todo entre estudiantes de bachillerato, de diversas formas. En ocasiones recurren a invitaciones masivas a fiestas en las que ofrecen bebidas alcohólicas o drogas sin costo alguno, usando para ello camiones, locales y recursos económicos que les facilitan autoridades o los partidos políticos.

Otras veces utilizan formas más selectivas, obligando violentamente a los jóvenes a participar con ellos, ofreciéndoles simplemente el placer de dominar a otros o la posibilidad de acreditar materias sin tener que estudiar ni asistir a clases. Muchas han sido las denuncias de maestros, en particular  del Poli, que son amenazados si se atreven a reprobar a los porros. En la UNAM las cosas no son muy diferentes: profesores de la Preparatoria 6 denunciaron que El Barajas, conocido porro que reprobó un curso, apareció posteriormente aprobado en las actas finales.

Existe además la promesa de sueldos para aquellos que demuestran su compromiso con la organización porril o para quienes logran reclutan a más gente.Está también la manera coercitiva, a través de amenazas si no acceden a integrarse o si intentan salirse de las organizaciones porriles. Diversos testimonios dan cuenta de estudiantes que han tenido que abandonar los estudios, para liberarse de este tipo de organizaciones. Ningún estudiante debe dejarse engañar. No se trata nada más del reventón o el desmadre, hay muchos intereses detrás de los grupos de porros y las consecuencias de hacerse eco de sus invitaciones o dejarse intimidar para incorporarse a sus organizaciones, pueden ser muy dañinas. Rechazar sus invitaciones, denunciar sus amenazas y acudir a las asambleas en las que se analiza y se organiza la expulsión de los porros en las distintas escuelas, son las mejores vías de evitar ser usado como carne de cañón por estos grupos y sus padrinos.

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