• Es la primera vez, desde que Brasil celebra elecciones, que una ceremonia de posesión presidencial incluye un esquema rígido de seguridad militarizada y restricciones al trabajo periodístico.

Tomó posesión la tarde del 1 de enero de 2019, el nuevo presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL). Electo con el 55,13% de los votos válidos; como vicepresidente asciende Hamilton Mourão, general de la reserva del Ejército Brasileño. De acuerdo con el Gabinete de Seguridad Institucional, 115 mil personas asistieron al evento, un número muy por debajo de lo esperado por el organismo, que llegó a estimar que entre 250 y 500 mil populares se presentarían.

La candidatura de la extrema derecha apostó a la diseminación de discursos de odio contra comunidades tradicionales, miembros de la comunidad LGBTI, mujeres, nordestinos. Constantemente hizo mención a la amenaza de la “ideología de género”. Bajo la orientación de Cambridge Analytica, la misma responsable de la campaña de Donald Trump, contó con amplia divulgación de noticias falsas e islas de seguidores, método ya utilizado en otras campañas presidenciales recientes, sobre todo a partir de grupos en la aplicación de mensajería instantánea Whatsapp.

El parco historial de Bolsonaro como diputado por el estado de Río de Janeiro, cargo que ocupó por 27 años y teniendo aprobados solamente 2 proyectos de ley, no le impidió convertirse en el mayor líder del movimiento de extrema derecha en Brasil. Con un discurso anti-corrupción, de ataque a los derechos de los pueblos indígenas, afro-brasileños y comunidades tradicionales en general, con amenazas de ruptura de los acuerdos de París aprobados por 195 países en 2015 y cuyo objetivo central es reducir la emisión de gases de efecto invernadero, así como sus pronunciamientos a favor de la legalización del porte de armas; Bolsonaro logró convocar a una expresiva parte de la población brasileña inconforme con los esquemas de corrupción en los que estuvo involucrado el Partido de los Trabajadores (PT), que gobernó por 13 años hasta el impeachment de Dilma Rousseff en 2016.

Sumadas a la pauta anti-corrupción, otras más conservadoras vinieron a indexarse, como el movimiento anti-aborto y el movimiento en favor del Proyecto Escuela sin Partido, que prevé un mayor control sobre los contenidos impartido por profesores en escuelas públicas, a fin de evitar lo que, se afirma, está sucediendo en las unidades de enseñanza del país: “un proceso de adoctrinación comunista”.

Por otro lado, el sentimiento anti-petista pasó a figurar como el catalizador para una serie de críticas contra políticas de asistencia social basadas en la redistribución de renta y políticas afirmativas como las llamadas cuotas raciales, que posibilitan un mayor acceso a las universidades públicas para negros, indígenas, personas de bajos ingresos y, estudiantes provenientes de escuelas públicas.

Durante su campaña, el actual presidente brasileño fue hospitalizado por un mes después de un atentado donde fue apuñalado durante una marcha en la ciudad de Juiz de Fora en el estado de Minas Gerais. Como consecuencia de este acontecimiento, Bolsonaro no asistió a los debates presidenciales y privilegió momentos de diálogo con amplios sectores militares y evangélicos, no presentó propuestas concretas para la economía y, en el llamado “FENIX”, su proyecto de gobierno, dejó claro que hará un gobierno para recuperar los valores éticos y morales de la nación. En otra referencia a la supuesta “amenaza comunista” que domina el país, en su discurso de posesión, Bolsonaro afirmó que “Brasil empieza a liberarse del socialismo, y de lo políticamente correcto”.

Seguridad

El rígido esquema de seguridad preparado para el 1 de enero en Brasilia fue uno de los elementos que configuraron la singular ceremonia de posesión presidencial de Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL).

Por primera vez en la historia, misiles antiaéreos portátiles guiados por láser, además de aviones de caza supersónicos con autorización para hacer uso de poder de fuego, fueron utilizados en un evento de ese porte en Brasilia. Cercas de alambre de púas y tanques también formaron parte del arsenal militar utilizado durante la toma de posesión.

Bajo un sol intenso y en una explanada teñida de verde y amarillo, los colores de la bandera brasileña que se transformaron en elementos centrales de una campaña construida sobre un discurso fuertemente nacionalista, miles de personas eran momentáneamente cercadas por vallas de metal que eran cerradas intempestivamente e impedían el libre desplazamiento del público. Mientras esto ocurría, los asistentes eran advertidos por micrófono sobre la prohibición de romper el cerco vigilado por militares de la Fuerza Nacional. El público presente en el evento, fue impedido de ingresar con alimentos y agua, en tanto que la venta de estos mismos dentro de la explanada de los Ministerios también fue vetada. En el lugar, fueron distribuidas algunas cajas de agua que abastecían a una multitud que mostraba malestar frente a los cercos y en algunos casos desespero y cólera frente a los recurrentes desmayos.

Algunos días antes del evento, a pedido del Comando de Operaciones Especiales del Ejército, la Agencia Nacional de Telecomunicaciones envió a móviles de todas las empresas de telefonía en Brasilia un SMS del que daba acceso al enlace del Gabinete de Seguridad Institucional donde una lista de ítems serían vetados durante la posesión, algunos más obvios como armas de fuego y objetos cortantes, y otros inusitados, como paraguas, carritos de bebé, bolsos y mochilas.

Restricciones al trabajo periodístico

La candidatura de extrema derecha fue objeto de crítica nacional e internacional a lo largo de la campaña en virtud de las declaraciones que desencadenaban tendencias antidemocráticas. Desacreditar medios televisivos, como Globo, y sitios como la Folha de S. Paulo, fueron unas de las estrategias ampliamente utilizadas por la campaña de Bolsonaro.

Los periodistas no pudieron transitar por la Explanada de los Ministerios como en otros años. El trabajo periodístico junto al público fue prohibido, sin embargo, redes televisivas ligadas al sector religioso, cercano a Bolsonaro, tuvo acceso al área vetada para otros vehículos, que con antelación precisaron especificar los lugares deseados para obtener credenciales. Los periodistas fueron desplazados a las áreas permitidas por un autobús que salió a las 8 de la mañana de un centro cultural hacia la Explanada, donde pasaron toda la mañana esperando la ceremonia, que comenzó a las 15.00.

Primeras medidas de gobierno

En los primeros días de su mandato, Bolsonaro comenzó a redistribuir las secretarias y las funciones de cada ministerio, suprimiendo algunos y fundiendo otros, estableciendo así las prioridades de su gobierno.

Teniendo como uno de sus principales lemas “Mais Brasil, menos Brasília”, Bolsonaro apuesta a la reducción de la máquina pública creando los superministerios. Uno de sus primeros actos de gobierno fue vaciar la Fundación Nacional del Indio (Funai) al transferir la responsabilidad por la demarcación de tierras indígenas al Ministerio de Agricultura, que se ocupa de los intereses del agronegocio, principal amenaza a los pueblos indígenas y sus territorios. La Agencia Nacional de Aguas también fue suprimida y pasó al Ministerio de Desarrollo Regional, lo que debe facilitar grandes obras y la negociación de los recursos hídricos brasileños en el mercado internacional del agua, como es el caso del Acuífero Guaraní.

El 1 de Enero de 2019, Bolsonaro firmó la Medida provisional nº 870/19 que elimina a la población LGBT de la lista de sectores prioritarios para el desarrollo de políticas destinadas a la promoción de los derechos humanos. Bajo la responsabilidad del Ministerio de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos, comandada por la pastora evangélica Damares Alves, la cuestión LGBT pasa a ser abordada como “área de actuación”.

Otra novedad es el artículo 5 de la Medida Provisional 890 que define como una de las principales atribuciones de la Secretaría de Gobierno, comandada por el General Santos Cruz, la “supervisión”, “coordinación”, “monitoreo” y “acompañamiento” de la actuación de organizaciones no gubernamentales (ONG) y de los organismos internacionales.

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