12/11/05

Mumía Abu-Jamal

“La ley no estaba muerta, sólo estaba dormida.”
William Shakespeare, “Medida por Medida” (Acto II; Escena 2.)

Han habido reportajes sobre prisiones secretas norteamericanas en varios países de Europa Oriental. Estas noticias, que llegan poco después que se dio a conocer la tortura de prisioneros en el Gulag Naval de Guantánamo, en la Base de la Fuerza Aérea en Bagram, Afganistán, en la base militar Diego García, en el Océano Indico, y, naturalmente, en Abu Ghraib, Irak, deben convencernos que la tortura está en el corazón, en la médula, de la “Guerra contra el Terrorismo”, declarada por Estados Unidos de Norteamérica.

Lo que hace esto aún más notable es la respuesta robótica que dio el presidente norteamericano George W. Bush, cuando se le preguntó sobre tortura recientemente en una conferencia de prensa: “Nosotros no torturamos”, respondió.

Uno se pregunta, ¿quién es ese “nosotros” de los que habla Bush?

Ciertamente, ese “nosotros” no incluye a esa gente con uniformes norteamericanos (y sin uniformes) que golpearon, patearon, desnudaron, mataron y tiraron a los perros a prisioneros en Abu Ghraib, Irak.

Quizás el presidente se refería a la “entrega” de gente a otros países, donde es rampante la tortura, como Arabia Saudita, Siria o Egipto. En casos de entrega, los Estados Unidos paga para que otros gobiernos torturen. Esos gobiernos se esmeran por hacer bien el trabajo y así ganarse la amistad de quienes controlan el poder en el imperio norteamericano.

El caso de Maher Arar, ciudadano canadiense, es ilustrativo.

Originalmente de Siria, Arar fue arrestado e interrogado en un aeropuerto norteamericano y, a pesar de la promesa de un Cónsul canadiense, fue llevado por avión a Washington, DC, a Portland, Oregon, a Roma, Italia, y finalmente a Ammán, Jordania.

En Jordania le vendaron los ojos y lo golpearon; después cruzaron la frontera con Siria donde fue tirado a una celda que más parecía una tumba. Escribe Arar:

“Fuimos al sótano, abrieron una puerta, y miré adentro. No pude creer lo que veía. Pregunté cuanto tiempo estaría en ese lugar. No contestó; me metió en esa celda y cerró la puerta. Era como una tumba. No tenía luz. Tres pies de ancho. Seis pies de profundidad. Siete pies de alto. Tenía una puerta de metal, con una pequeña apertura que no permitía que pasara la luz porque había una lámina de metal en la parte de afuera para pasar cosas a la celda.

En el techo hubo una apertura pequeña de más o menos de un pie por dos, con barras de hierro. Sobre ese techo, había otro, que permitía pasar un poco de luz. Hubo gatos y ratas en el techo, y de vez en cuando los gatos orinaban por la apertura del techo a la celda. Hubo dos sábanas, dos platos y dos botellas. Una botella era para agua y la otra para orinar por la noche. Nada más. No luz. Pasé 10 meses y 10 días en esa tumba”. [Rachel Meeropol, ed., *Desaparecidos en Norteamérica: Detenidos, Prisioneros Secretos, y La “Guerra contra el Terrorismo”.* (America’s Disappeared: Detainees, Secret Imprisonment, and the “War on Terror” New York: Open Media/Seven Stories Press, 2005), pp. 64-65].

Y ahora hay prisiones secretas usadas por los Estados Unidos en países que eran parte de lo que fue el Bloque Soviético, en Europa Oriental.

Si. “Nosotros no torturamos”.

Esas prisiones [oficialmente] no existen.

Esta es una democracia.

Cada vez más, la política norteamericana parece ser sacada de las páginas del clásico de George Orwell, 1984, donde está escrito:

“Guerra es paz. Libertad es esclavitud. Ignorancia es poder”.

Orwell fue un novelista político que escribió sobre la naturaleza de las dictaduras; de las dictaduras presentes y de las dictaduras por venir.

Sin embargo, nosotros no estamos viviendo una novela. Estamos viviendo un estado de locura alimentado por el miedo, la avaricia y la paranoia.

Orwell tiene en 1984 otra cita preñada de significado que describe magistralmente la naturaleza de la política de los Estados Unidos de Norteamérica:

Piensadoble significa “poder tener en la mente dos creencias contradictorias al mismo tiempo, y aceptar que ambas son verdad”.

Recuerde: “Nosotros no torturamos. Esas prisiones secretas no existen. Esta es una democracia”.

No te preocupes; tranquilízate. Sólo repite para ti mismo esas palabras. Repítelas una y otra vez. Y otra vez. y otra vez.

Si las repites muchas veces, quizás este imperio simplemente se esfume.

De veras.

 

 

Copyright 2005 Mumia Abu-Jamal

 



 

 

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