Perdida entre las calles de esta gris ciudad, por los rumbos de Río Churubusco y Calzada de la Viga, justo en la calle de Relojeros, se levanta una nave industrial, se trata de la empresa Maquilas Cartagena, una empresa textil, dedicada a elaborar camisas destinadas a ser vendidas en los escaparates de los centros comerciales bajo las marcas de “Paco Rabanne” y “Nina Ricci”, dos marcas transnacionales que se venden a lo largo y ancho del mundo.

 

Historia de la Huelga
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Maquilas Cartagena es la empresa de Ernesto Kuri Serú, quién se encargó de la empresa que su padre levantó a base del sudor y el trabajo de las obreras durante décadas de producción (la empresa tuvo diferentes nombres a lo largo de su historia). Por décadas las trabajadoras de esta empresa a base de su esfuerzo y su trabajo en las máquinas de costura, fueron siendo diariamente despojadas de su trabajo y enriqueciendo al patrón y a su familia, dejando su vida, 10, 15, 20, 30 y hasta casi 40 años ahí, trabajando, rompiéndose la espalda, dejando las manos entre máquinas, hilos, telas, camisas a las que ellas y sus familias nunca podrían acceder, pues su costo en los escaparates, por mínimo, rebasan lo de una o tal vez dos semanas de salario de una obrera.

 

El trabajo textil, no sólo en esta maquila, se hace a ritmos intensivos, se les llega a exigir la producción de 1500 pasos al día a cada obrera, los patrones se enriquecen con estos ritmos intensivos de producción, con la reducción de los derechos laborales y del salario. Como muchos otros patrones en las maquilas, poco a poco les fueron quitando derechos laborales, el patrón dejo de pagar las cuotas ante el Seguro Social e INFONAVIT, pero nunca dejo de descontarles a ellas, comenzó a reducir los salarios, no les daba las utilidades que les correspondían, hasta que por fin, a finales de junio del 2013, con la desfachatez de haberles exprimido su vida por décadas y con la mano en la cintura, el patrón les comunico que “el barco se había hundido” y que comenzarán a buscar trabajo en otras partes.

Palabras del asesor legal
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Ante esto, un grupo de alrededor de 20, principalmente de obreras, decidió emprender un proceso de lucha, por reclamarle a su patrón lo que por ley les corresponde, después de haber dejado algunas hasta casi 40 años de trabajo. Comenzaron a organizarse con el Frente Autentico del Trabajo, por medio del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de la Costura, la Confección, Vestidos y Similares y Conexos 19 de Septiembre, para evitar que el patrón se fuera y las dejara con las manos vacías. Desde el 26 de junio de ese año (2013) ellas levantaron un plantón en las afueras de la empresa y un proceso de lucha y jurídico largo (como las instituciones de “justicia” saben aletargar cuando se trata de reclamos de los y las de abajo). Desde entonces se han mantenido ahí, afuera de la empresa, con una huelga, que ha sido declarada inexistente por mucho tiempo, y que hasta hace un par de meses lograron se reconociera su “existencia” jurídica.

 

Ha pasado ya un poco más de un año de aquel día en que ellas decidieron plantarse con su dignidad obrera en las puertas de la empresa en la que dejaron sus vidas, esto, no sin el cansancio y desgaste físico, anímico, emocional y colectivo que implica mantenerse organizadas y luchando, mientras que sortean las urgencias económicas cotidianas. El pasado 26 de junio cumplieron un año de lucha y decidieron que la dignidad y la lucha obrera se tiene que celebrar, primero compartieron un pastel entre ellas y después, el pasado 28 de junio organizaron un festival para celebrar su dignidad y su lucha, convocando a otros, a otras, a acercarse a su lucha, a solidarizarse y a celebrar con ellas.

 

Muchas veces, estas “pequeñas” grandes luchas pasan desapercibidas para muchos y muchas, pues no inundan calles, no son “grandes” y llamativas movilizaciones, o tal vez porque no son el “movimiento de moda” al que se hace moda sumarse, muchas de estas luchas permanecen en el olvido, no sólo de los de arriba, sino también de los de abajo, de los que se asumen de “izquierda”, cómo si por ser una “pequeña” lucha, su dignidad no fuera enorme.

 

Así, sin ser un tema de “moda”, las obreras de Maquilas Cartagena decidieron cargar su dignidad y con ella levantar la bandera roja y negra, que son los colores tan cargados de historia de la lucha obrera, declararon la huelga, a pesar de que los tribunales laborales insistían en decir que ni ellas, ni su huelga existían (cómo si tuvieran la capacidad de hacerlas realmente inexistentes), ellas soportaron, se convencieron y se aferraron a luchar por su dignidad, lograron que la Junta de Conciliación y Arbitraje reconociera su huelga y están decididas a seguir luchando, y eso es justo lo que celebraron este fin de semana, ahí, en la calle de Relojeros, a un ladito de su plantón de huelga, en plena calle.

 

Se juntaron, se organizaron para festejar un año de lucha y dignidad, prepararon ricos y variaditos guisados, tostadas, tacos, refrescos, arroz, todo con el fin de venderlos y recaudar fondos para seguir resistiendo y luchando. Convocaron a la solidaridad, esa que nace en los corazones de los y las de abajo, les invitaron a bailar, a reír, a soñar, a conocerlas, a acompañarlas en su festejo.

 

La lucha de un año
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No sin dificultades, consiguieron mesas, sillas, lonas, un sonido, todo gracias a la solidaridad, levantaron la lona bajo el sol del mediodía, con sus manos y las que llegaron a apoyarles y ya por la tarde comenzó la venta de comida, poco a poco fueron llegando los solidarios, jóvenes, hombres y mujeres, vecinos, trabajadores de gasolineras que han emprendido procesos de lucha contra la forma en que se acostumbra hacer trabajar en las gasolineras (en base a propinas y sin salarios), fueron llegando miembros del STRAC (Sindicato de Trabajadores de Casa Comerciales Oficinas y Expendios Similares y Conexos del Distrito Federa), del Sector Economía Solidaria del Frente Autentico del Trabajo, de diferentes colectivos, o bien sin colectivo, pero igual de solidarios, todos a compartir con ellas la tarde y el festejo, a comprar el taco solidario, a compartir el sol, pronto llegó el sonido y comenzó la función.

 

 

“Rosco Clown” fue el primero en aparecer, llevando el arte callejero y a ras de suelo como solidaridad, su rutina arranco risas y carcajadas a las obreras y a los asistentes, su humor solidario dio una función de eso que él sabe hacer y que es su fuente de trabajo en las calles de la ciudad. Posteriormente el “Santocho Antifa”, ese sonidero social que ya es costumbre suene y resuene en las fiestas solidarias con las diferentes luchas de abajo, llegó con sus ritmos y mezclas de la mejor música, los éxitos del momento, de antes, ahora y nunca, el Santocho amenizo la comida y comenzó a prender la mecha a los pies de algunas bailadoras solidarias que ya comenzaban a dar vueltas sobre e
l pavimento, algunas cumbias, ricos skas, salsa vivarachas sonaron mientras unos comían y otras comenzaban a prender la que es la pista de baile de los de abajo: la mera calle.

 

Poco a poco más compañeras comenzaron a bailar, hasta que fueron llegando e instalándose los instrumentos de la Sonora Criminal, quien después de sortear las dificultades técnicas, lograron sonar, inundando la calle de Relojeros con sus ritmos en vivo, haciendo bailar a la solidaridad con su repertorio musical y los bailes de los asistentes que se amontonaban afuera del plantón de huelga. Entre que se presentaban unos y otros de los artistas solidarios invitados, la palabra salía de entre las bocinas, el mensaje de solidaridad de Economía Social del FAT, las voces de esas obreras en huelga, explicando su lucha, el abogado Eduardo Díaz, quien lleva el caso jurídicamente, y otra vez ellas, no falto que el abogado tomara su guitarra y dedicara unas canciones, de su guitarra salían notas y ellas cantaban su canción “La casita”, canción sobre ellas y su lucha, en sus propias voces.

 

Así la tarde se cerró conforme el sol se fue, poco a poco los y las que habían llegado con la solidaridad en las manos y en los pies comenzaron a despedirse de ellas y a retirarse, ellas comenzaron a levantar lo que había quedado de la comida, ollas, mesas, sillas, lonas, llegando a su fin esta “pequeña” jornada de celebración, de un año de lucha en Maquilas Cartagena, donde la dignidad obrera no se rinde, donde se mantiene firme, a pesar del obvio cansancio, bajo esas banderas rojas y negras, en ese pequeño plantón que custodia la entrada de la empresa que intenta dejarlas en la calle después de haberles arrebatado décadas de trabajo y de su vida.

 

Maquilas Cartagena está en la calle de Relojeros, en el número 1, casi en esquina con Calzada de la Viga, a un par de cuadras de Río Churubusco, ahí, afuera de la entrada de la empresa se mira un plantón, donde las obreras se resguardan del clima, de la lluvia o del sol, mientras mantienen la lucha y la huelga. Para llegar, basta con irse al metro Portales, bajarse del lado que va hacia el centro de la ciudad, tomar un microbús que dice “La viga x Carranza”, bajarse en Calzada de la Viga y entonces sí, sólo caminar un par de cuadras hasta la calle de Relojeros, desde ahí ya se mira la huelga de las compañeras.

 

Está la constante y necesaria invitación a solidarizarse con ellas, de una o de otra forma, puedes llevar despensa: arroz, azúcar, café, pan, frijoles, aceite, sal, etc., puedes también si quieres, dejarles un apoyo económico que sirva para sostener la huelga, y puedes ir a acompañarlas, a hacer guardias, conocerlas, platicar con ellas, no a tirar línea, no a decirles que deben y que no deben hacer, sino a ser su compañero, su compañera, a apoyarlas con las guardias, diurnas y principalmente en las nocturnas a lo largo de toda la semana, ya sea ocasionalmente, o mejor aún si lo haces costumbre y compromiso solidario.

 

¡Que la solidaridad no sea de moda!

¡Que la solidaridad se sienta y se viva!

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