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LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y LA CRÍTICA MARXISTA AL CAPITALISMO

La Teología latinoamericana de la Liberación le ha dado un impulso esencial a esa reflexión al romper el matrimonio tradicional entre Iglesia y Estado. Durante muchos siglos el Estado fue el encargado de las cosas necesarias para la existencia del más acá, mientras la Iglesia era la encargada de la salud de las almas en el más allá; el que la Iglesia no se mezclara en las cosas concernientes a este mundo, no significaba otra cosa que una alianza con los poderosos de la tierra. Los teólogos de la liberación ya superaron esa distinción entre el más acá y el más allá, entre cielo y tierra. La explotación y opresión en este mundo son consideradas ya como „estructuras pecaminosas“ y la Iglesia ha reconocido como labor profética el estar en este mundo al lado de los pobres, luchar contra los pecados de explotación de la naturaleza y del hombre. La historia profana y de salvación se han fundido en unidad (3). En medio de grandes peligros y víctimas, recordemos el asesinato a sangre fría del arzobispo Oscar Romero (1980) y la atroz masacre en El Salvador donde murieron el P. Ellacuría y otros jesuitas más en 1989. Los teólogos latinoamericanos de la liberación han reconocido la forma europea del mensaje cristiano como un evangelio pervertido que ayuda a sostener el dominio de los ricos; y ante ello han renovado el cristianismo como evangelio de los pobres. Medellín (1968) y Puebla (1979) fueron piedras fundamentales en ese camino de repensamiento, el que ha tenido ya repercusiones positivas en la teología europea.

Al mismo tiempo que la Teología Latinoamericana de la Liberación, por una parte, superó la deformación europea del cristianismo; por otra, ella misma importó el marxismo europeo como instrumento conceptual para la explicación teorética de las estructuras dominantes existentes y como introducción para un actuar que cambie la sociedad (4); probablemente esto se vio favorecido por el hecho de que en aquel momento el marxismo en Europa estaba viviendo un renacimiento y, otros críticos del capitalismo eran hasta entonces casi totalmente desconocidos. En la relación entre la Teología de la Liberación y el marxismo subsiste, sin embargo, el gran peligro que la esperanza de los pobres en Latinoamérica también se ha traicionada como lo fue en los países de Europa Oriental.El comunismo no es capaz de liberar de las estructuras de pecado al mundo; solo puede remplazar antiguas estructuras de pecado por nuevas estructuras de pecado; ya que la „Teoría del Capital“ de Marx contiene errores tales que inevitablemente conducen a una praxis hostil al hombre y a la naturaleza. Marx no reconoció el poder que tiene el dinero; para él sólo era un equivalente de la mercancía; en vez del dinero consideró la propiedad privada de los medios de producción como la raíz de la explotación y opresión; consideró los intereses que el dinero produce solamente como una parte subordinada de la plusvalía industrial cuya repartición se haría los capitalistas entre sí. La consecuencia que produjo aquel falso análisis fue la nacionalización de los medios de producción, haciendo las naciones de Europa Oriental esclavas de una burocracia omnipotente del Estado y del partido. Una dictadura política y un plan central de la economía destruyen la libertad humana y en medida alguna satisfacen las necesidades del hombre; esto encuadra con la concepción materialista que Marx tiene del mundo la que niega la dignidad del hombre y está en contradicción con los valores fundamentales cristianos.

La historia de los pueblos de Europa Oriental ha mostrado, mediante un gran sufrimiento, que la abolición del mercado conduce a la falta de libertad total.
¿A los 500 años de conquista debe entonces seguir una nueva tiranía comunista en Latinoamérica para que un día de nuevo retorne el capitalismo como vencedor en la lucha de los sistemas de modo que el subcontinente sea de nuevo colonizado como actualmente sucede con Europa Oriental? Tal destino trágico se puede evitar si los críticos no marxistas del capitalismo, poco conocido hasta ahora, se descubrieran recíprocamente. De tal encuentro podría surgir la perspectiva de una economía postcapitalista de mercado liberada del poder del latifundio y del dinero que produce intereses, en la que todos los hombres con los mismos derechos tuvieran acceso a la tierra en la que los servicios pudieran ser intercambiados justamente. Esta perspectiva que podría proteger la Teología de la Liberación de un extravío en un nuevo Gulag, al mismo tiempo, no significa una despolitización o arreglo con la repartición del poder reinante y tampoco significa una autolimitación o suavización sociopolítica y caritativa del falseado mercado capitalista. El impulso liberador incluido en la opción por los pobres continúa dirigido contra los poderosos en la economía, la política y la Iglesia. Así la Teología de la Liberación podría ser aceptable para aquellas personas que reconocen las estructuras pecaminosas pero que están lejos de ella porque teme las consecuencias comunistas de la teoría marxista del capital.

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