Estos son algunos artículos sobre lo que ha sucedido alrededor de la catástrofe natural del huracán katrina y su relación con el medio ambiente, la mediatización y los intereses económicos.

Katrina: Los medios de comunicación y los “saqueos”

Katrina es sólo una muestra del cambio climatico

Cómo el libre mercado mató a nueva Orleáns

“¿Donde estan nuestros helicópteros, señor Bush?”

L e e   l o s   a r t í c u l o s
Katrina: Los medios de comunicación y los “saqueos”

x Steven Black – Indymedia Nueva Orleans – [ 02.09.05 ]
Decenas de artículos y noticias de televisión han descrito los esfuerzos por sobrevivir de las personas atrapadas en Nueva Orleáns como “saqueos”.
Esta campaña mediática ha conseguido que la Guardia Nacional haya dejado de buscar supervivientes para centrarse en detener a estos “salvajes” que llevan paquetes de pañales, comida y medicinas de primeros auxilios para intentar sobrevivir.

Si se declara la ley marcial, la Guardia Nacional pasará a asesinar primero y preguntar después. El hecho de que los medios de comunicación consideren la supervivencia de las personas indefensas atrapadas menos importante que el derecho a la propiedad privada de los comerciantes y empresarios que han huido para salvar sus vidas, es una muestra de la perversión total del capitalismo.

Los lloros y quejas de los periodistas de la cadena Fox por los pañales robados superan ampliamente la preocupación por las vidas de negros y latinos intentando flotar en un inmenso lago lleno de cadáveres a la deriva.

Cualquier persona que en una situación semejante no robara comida para salvar su vida y la de su familia es un criminal. Cualquiera que no reventara las ventanas de una farmacia cuando fuera la única manera de obtener medicinas de las que dependen vidas humanas no merece vivir.

Cualquier sociedad que pone la propiedad privada sobre unos pañales por encima del bienestar de un niño sin pañales es una sociedad que hay que transformar.

Traducción: La Haine.

Katrina es sólo una muestra del cambio climático
Stephen Leahy
IPS

El calentamiento del planeta favorece tormentas tropicales cada vez más intensas y frecuentes, coincidieron científicos tras el paso del huracán Katrina por Estados Unidos, en una de las peores catástrofes naturales de la historia de ese país.
De acuerdo con ese diagnóstico, la Administración Oceanográfica y Atmosférica Nacional (NOAA) de Estados Unidos pronosticó 21 tormentas tropicales en el Atlántico, el doble de lo normal, antes del fin de la actual temporada de huracanes, el 30 de noviembre.

De ese total de tormentas, entre 10 y 12 pasarían por Estados Unidos, México y el Caribe, incluido un huracán de la escala de Katrina, aunque por fortuna no todos tocarán tierra.

Katrina aterrizó en la costa estadounidense sobre el golfo de México el 29 de agosto y dejó atrás una devastación que llevará años revertir, según el propio presidente George W. Bush.

De acuerdo con estimaciones hasta el 1 de septiembre, el huracán dejó al menos 166 muertos a su paso en los últimos días por los estados sudoccidentales de Luisiana, Mississippi, Alabama y Florida.

Sin embargo, el alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagin, dijo que sólo en su ciudad las víctimas fatales podían calcularse “por cientos o miles”. Ochenta por ciento de esa ciudad está inundada, y los cadáveres flotan en las calles.

Pasarán una o dos semanas antes de que se pueda evaluar por completo el grado de la devastación, pero según estimaciones preliminares, los daños materiales superarían 25.000 millones de dólares. Según expertos, serán necesarios campamentos de refugiados para dar albergue temporario a cientos de miles de personas durante semanas o meses, por lo menos.

Lo peor es que hay más. “Esta podría ser una de las temporadas de huracanes del Atlántico más activas de que se tenga registro, y será la novena con actividad superior a lo normal en los últimos 11 años”, declaró el brigadier general David Johnson, director del Servicio Meteorológico Nacional de la NOAA.

La causa de tanta actividad sería la calidez de las aguas en el océano Atlántico, según científicos. El agua oceánica a 27 grados centígrados o más crea suficiente humedad en el aire para favorecer la formación de un ciclón o huracán. Una vez iniciado, un huracán sólo precisa agua cálida y las condiciones de viento adecuadas para mantener o intensificar su fuerza.

Cuando el huracán Katrina golpeó el suroccidental estado de Florida la semana pasada, estaba en la categoría uno en la escala de Saffir-Simpson, que clasifica a los huracanes según la velocidad de sus vientos y su potencial destructivo.

Menos de 24 horas después de entrar en las aguas cálidas del golfo de México, ganó fuerza y se transformó en un huracán de categoría cinco, con vientos continuos superiores a 250 kilómetros por hora.

Aunque bajó a la categoría cuatro cuando llegó a la costa estadounidense del golfo, para entonces sus dimensiones eran enormes. Nueva Orleans, que se encuentra bajo el nivel del mar, llevó la peor parte cuando unos diques se rompieron y provocaron la inundación de cerca de 80 por ciento de la ciudad.

“No hay duda de que las aguas cálidas del golfo proveyeron el calor necesario para transformar a Katrina en un gran huracán”, afirmó Ross Gelbspan, periodista galardonado con el premio Pulitzer y autor de dos libros sobre el calentamiento del planeta. Este calentamiento es, en definitiva, la causa del fenómeno, dijo a IPS.

Expertos coinciden en que el calentamiento de la atmósfera terrestre es provocado por gases de invernadero derivados de la quema de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo, que atrapan el calor en la atmósfera. Este efecto invernadero es causa a su vez de graves trastornos del clima que se han dado en llamar “cambio climático”.

La afirmación de Gelbspan es polémica en un país en que muchas autoridades llegan a negar la existencia del calentamiento del planeta y del cambio climático. Pero crecientes pruebas científicas sumadas al aumento de desastres como huracanes, sequías, inundaciones e incendios forestales demuestran que el clima terrestre está cambiando en realidad.

El climatólogo David Easterling, del Centro Nacional de Datos Climáticos de la NOAA, concordó en que Katrina obtuvo su poder destructivo de las aguas cálidas del Golfo.

“Las temperaturas oceánicas más altas tienen más probabilidades de producir tormentas más fuertes e intensas”, dijo en una entrevista.

Sin embargo, es difícil determinar si el aumento de las temperaturas en medio del Atlántico es resultado del calentamiento terrestre o de un ciclo natural, aclaró Easterling.

A escala mundial, existen claras pruebas de las causas humanas del calentamiento de los océanos, observó Tim Barnett, un físico marino del Instituto Scripps de Oceanografía, de la Universidad de California en San Diego.

En los últimos 40 años, los 300 metros más superficiales de los océanos del mundo se han calentado 0,5 grados en promedio.

Esto no es novedad, pero Barnett probó que el fenómeno es causado por las emisiones de gases invernadero, combinando modelos de computadora y observaciones reales.

Otro estudio, publicado en julio en la revista científica Nature, demostró que el calentamiento de los océanos está intensificando el poder destructivo de los huracanes y tifones.

El incremento de 0,5 grados de la temperatura oceánica duplicó el poder destructivo de los huracanes en el Atlántico norte, escribió Kerry Emanuel, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, en ese informe.

“No deb
emos esperar otros 10 años de estudios para reducir las emisiones, como sugiere el gobierno de (George W.) Bush”, urgió Michael Mastrandrea, investigador ambiental de la Universidad de Stanford.

Estados Unidos es responsable de un cuarto de todas las emisiones de gases invernadero del planeta.

Sin embargo, Bush retiró en 2001 la firma que había estampado su predecesor Bill Clinton en el Protocolo de Kyoto, firmado en 1997 para reducir las emisiones de gases invernadero, alegando que el tratado era injusto al exigir reducciones sólo a países industrializados, y que su aplicación en Estados Unidos causaría la pérdida de más de cinco millones de puestos de trabajo.

Cómo el libre mercado mató a Nueva Orleáns
Michael Parenti
Znet
El libre mercado desempeñó un papel crucial en la destrucción de Nueva Orleáns y la muerte de millares de sus residentes. Advertidos por adelantado que un colosal huracán (de fuerza 5) iba a abatirse sobre la ciudad y los alrededores, ¿qué hicieron los funcionarios? Pusieron en juego el libre mercado.

Anunciaron que todo el mundo debía evacuar la ciudad. Se esperaba que cada cual ideara su propia salida del área de desastre por medios privados, así como lo dicta el libre mercado, al igual que ocurre cuando el desastre asesta a los países de libre-mercado del Tercer Mundo.

Es una cosa hermosa, este libre mercado, en el cual cada individuo persigue sus propios intereses personales, de tal modo que efectúe un resultado óptimo para la sociedad entera. Es así como la mano invisible obra sus maravillas.

Allí no habría ninguna evacuación “colectivista y regimentada”, como ocurrió en Cuba. Cuando un huracán de alcance especialmente grande golpeó esa isla el año pasado, el gobierno de Castro, apoyado por los comités ciudadanos de vecinos y los cuadros locales del Partido Comunista, evacuó a 1,3 millones de personas, más del 10 por ciento de la población del país, sin la pérdida de una sola vida; una hazaña alentadora que pasó prácticamente inadvertida en la prensa estadounidense.

En el Día Uno del desastre causado por huracán Katrina, ya quedaba claro que centenares, sino miles, de vidas americanas se habían perdido en Nueva Orleáns. Mucha gente se había “negado” a evacuar, explicaron los reporteros de la prensa, simplemente porque eran “tercos”. No era sino hasta al Día Tres que los comentaristas -relativamente pudientes- comenzaron a darse cuenta que decenas de miles de personas no habían podido huir, porque no tenían a donde ir, ni medios para desplazarse. Con poco dinero en efectivo a la mano, y carentes de vehículo propio, no les quedó más que permanecer allí y confiar a la suerte. En fin de cuentas, el libre mercado no funcionó tan bien para ellos.

Buena parte de esta gente era Afroamericana de bajo ingreso, junto con un número menor de blancos pobres. Vale recordar que la mayoría de ellos tenía un empleo antes de la visita mortal de Katrina. Eso es lo que hace la mayoría de la gente pobre en este país: trabaja, generalmente muy duro en empleos muy mal pagados, a veces en más de un empleo a la vez. Son pobres, no porque son perezosos, sino porque les cuesta sobrevivir con salarios de miseria, a la vez que cargar con altos precios, alquileres elevados e impuestos regresivos.

El libre mercado incidió también de otra forma. La agenda de Bush es achicar los servicios estatales al mínimo y obligar a la gente a recurrir al sector privado para atender sus necesidades. Entonces, recortó $71.2 millones del presupuesto del Cuerpo de Ingenieros de Nueva Orleáns, una reducción del 44 por ciento. Y tuvieron que archivarse los planes para fortificar los diques de Nueva Orleáns y para mejorar el sistema del bombeo para el drenaje de agua.

Bush sobrevoló el área y dijo que nadie habría podido prever este desastre. Una mentira más que sale de sus labios. Toda clase de gente había estado prediciendo un desastre para Nueva Orleáns, señalando la necesidad de consolidar los diques y las bombas, y fortificar las tierras costeñas.

En su campaña para aniquilar al sector público, los secuaces reaccionarios de Bush también permitieron que los constructores drenen áreas extensas de pantano. Una vez más esa vieja mano invisible del libre mercado se encargaría de cuidar las cosas. Los constructores, persiguiendo su propia ganancia privada, aducirían que se trata de respuestas en beneficio de todos.

Sin embargo, los pantanos servían como absorbente y barrera naturales entre Nueva Orleáns y las tormentas que llegan desde mar adentro. Desde hace ya algunos años, los pantanos han estado desapareciendo a un ritmo espantoso de la costa del golfo. Pero nada de esto les causó preocupación a los reaccionarios en la Casa Blanca.

En cuanto a la operación de rescate, los defensores del libre mercado suelen decir que la ayuda a los más desafortunados entre nosotros se debe dejar en manos de la caridad privada. Era una prédica preferida del presidente Ronald Reagan decir que “la caridad privada lo puede resolver”. Y de hecho durante los primeros días, esa parecía ser la política para el desastre causado por el huracán Katrina.

El gobierno federal se hizo humo, pero la Cruz Roja entró en acción. Su mensaje: “No envíen alimentos ni mantas; envíen dinero”. Mientras tanto, Pat Robertson y la Christian Broadcasting Network, -haciendo una breve pausa en su obra divina de impulsar el nombramiento de John Roberts a la Corte Suprema- hizo un llamado para donaciones y anunció la “Operación Bendición”, que consistía en un envío altamente publicitado pero totalmente inadecuado de conservas y biblias.

Para el Día Tres, incluso los medios miopes comenzaron a darse cuenta del enorme fracaso de de la operación de rescate. La gente se estaba muriendo porque la ayuda no había llegado. Las autoridades parecían más preocupadas en prevenir el saqueo que en el rescate de la gente. Era la propiedad antes que la gente, así como los defensores del libre mercado siempre lo han querido.

No obstante, surgieron preguntas que el libre mercado no parecía capaz de contestar: ¿Quién estaba a cargo de la operación del rescate? ¿Por qué tan pocos helicópteros y a penas un puñado de guardacostas? ¿Por qué los helicópteros demoraron cinco horas en sacar a seis personas de un hospital? ¿Cuándo se pondría en plena acción la operación de rescate? ¿Dónde estaban los feds (policía federal)? ¿Los troopers del estado? ¿La Guardia Nacional? ¿Dónde estaban los autobúses y los camiones? ¿Las carpas e higiénicos portables? ¿Las provisiones médicas y el agua?

¿Dónde estaba la Seguridad Interior? ¿Qué ha hecho la Seguridad Interior con los $33,8 mil millones asignados a ella en el año fiscal 2005? Incluso el propio noticiero de la tarde de ABC-TV (del 1 de septiembre 2005) citó a funcionarios locales que dijeron que “la respuesta del gobierno federal ha sido una vergüenza nacional”.

En un momento de ironía sabrosa (y quizás pícara), llegaron ofertas de ayuda exterior por parte de Francia, Alemania y varias otras naciones. Rusia ofreció enviar dos aviones cargados alimentos y de otros materiales para las víctimas. Como era previsible, todas estas ofertas fueron velozmente rechazadas por la Casa Blanca. América, la Hermosa y Poderosa, América el Salvador Supremo y Líder Mundial, América el Proveedor de la Prosperidad Global no podía aceptar la ayuda exterior de otros. Eso sería una inversión de roles humillante e insultante. ¿Será que los franceses buscaban otro puñete en la nariz?

Es más, aceptar la ayuda exterior hubiese significado admitir la verdad: que los bushistas reaccionarios no tenían ni el deseo ni la decencia de proteger a los ciudadanos comunes, cuando menos a aquellos en situación de necesidad extrema. Quien sabe si la gente comenzaría a pensar que George W. Bush realmente no era más que un agente a tiempo completo
de la América corporativa.

– Michael Parenti es autor de: “Superpatriotism (City Lights)” y “The Assassination of Julius Caesar” (New Press), entre otros libros. En el otoñó lanzará “The Culture Struggle” (Seven Stories Press). www.michaelparenti.org. Fuente: ZNet (http://www.zmag.org). Trad

“¿DONDE ESTAN NUESTROS HELICÓPTEROS, SEÑOR BUSH?”

Estimado Mr. Bush:
¿Tiene alguna idea de donde están nuestros helicópteros? Ya es el día 5 después de Katrina y miles están atrapados en New Orleáns en espera de ser evacuados. ¿Donde habrá usted metido todos nuestros helicópteros militares? ¿Necesita ayuda para encontrarlos? Hombre, una vez perdí mi auto en un estacionamiento. Era un desmadre… También… ¿tiene alguna idea de donde está la Guardia Nacional?  Podríamos usarla ahora para las actividades a las que está designada, por ejemplo para ayudar en caso de desastres nacionales. ¿Como es que no estaban ahí?

El jueves pasado estaba yo en el sur de Florida y me senté afuera mientras el ojo de Katrina pasaba sobre mi cabeza. Era sólo de categoría 1 pero ya bastante feo. Once personas murieron y al día de hoy todavía hay hogares sin luz. Esa noche los meteorólogos dijeron que el huracán rumbeaba para New Orleáns. ¡Eso fue el jueves! ¿Nadie le dijo? Sé que usted no quería interrumpir sus vacaciones y se que no le gustan las malas noticias. Además, usted tenía que ir a comidas para recaudar fondos y tenía madres de soldados muertos que era necesario ignorar y calumniar. ¡Bien hecho! Me gustó que el día después del huracán usted, en vez de volar a Louisiana, se fuera a San Diego a divertirse con sus amigos de negocios. No deje que la gente lo critique por eso – después de todo el huracán ya había pasado y… ¿Qué carajo iba usted a hacer? ¿Poner el dedo en el agujerito? Y no escuche en los próximos días a los que van a revelar que usted este verano específicamente redujo el presupuesto del Cuerpo de Ingenieros del Ejército para New Orleáns por tercer año consecutivo. Usted vaya y dígales que, aún si no hubiera cortado la plata para reforzar esas defensas contra el agua, no habría habido ingenieros para hacer la tarea porque usted tenía para ellos un trabajo de construcción mucho más importante: CONSTRUIR LA DEMOCRACIA EN IRAQ.

El día 3, cuando usted finalmente dejó sus vacaciones… déjeme decirle: me emocionó que usted hiciera descender el Air Force One debajo de las nubes para echarle un rápido vistazo al desastre. Eh, yo se que usted no podía bajar, agarrar un megáfono, pararse sobre los escombros y actuar como un verdadero comandante en jefe. Ya estuvo, ya cumplió. Habrá ahora quien trate de politizar la tragedia y usarla contra usted. Sólo haga que su gente lo denuncie como una maniobra. Pero no responda. Ni siquiera a esos científicos pestosos que predijeron que esto pasaría porque el agua del Golfo de México no deja de calentarse, haciendo que fuera inevitable una tormenta así. Ignórelos e ignore todos sus grititos sobre el calentamiento de la Tierra. No, Mr. Bush, no afloje. Mantenga el rumbo. No es su culpa que el 30
por ciento de New Orleáns viva en la pobreza o que decenas de miles carecieran de transporte para salir de la ciudad. Vamos, ¡son negros! Quiero decir, no es como si esto hubiera pasado en Kennebunkport. ¿Se puede imaginar dejar gente blanca viviendo arriba del techo por cinco días? ¡No me haga reír! La cuestión racial no tiene nada –NADA- que ver con esto…

Usted quédese tranquilo, Mr. Bush. Nada más trate de encontrar unos pocos de nuestros helicópteros del Ejército y mándelos para allá. Haga de cuenta que la gente de New Orleáns y la costa del Golfo están cerca de Tikrit.
Suyo,

Michael Moore
PS: Esa madre molesta, Cindy Sheehan, ya no está en su puerta. Tanto ella como docenas de parientes de otros muertos de la guerra en Iraq están viajando ahora a través del país con paradas en muchas ciudades del camino. A lo mejor usted puede alcanzarlos antes que lleguen a Washington el 21 de septiembre.

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