Sembrar árboles por la memoria de quienes nos hacen falta

• Fotografía:Invierno Azabache

El 27 de junio del 2026 se realizó la jornada de reforestación en memoria de Mario Alberto de Ocampo Contreras y Alfredo Tlaxcalteco Calte, ambos habitantes de Xalapa quienes fueron desaparecidos forzadamente hace 16 años en la capital veracruzana y quienes hasta la fecha son buscados por sus familiares.

En un camellón a la entrada de la ciudad, integrantes de colectivos de familiares de personas desaparecidas y activistas en defensa del territorio se congregaron con la firme convicción de que la acción de sembrar árboles nativos constituye un ejercicio de resistencia y memoria frente al olvido.

Este tipo de iniciativas son ejemplos de la relevancia de la articulación entre las luchas de las familias buscadoras y las distintas organizaciones de base, pues la reforestación fue el comienzo de una serie de encuentros con motivo de la conmemoración de tres años de la lucha del “Camellón en Resistencia”, una movilización ciudadana que intentó detener la construcción de un puente vehicular que implicó la tala de más de 40 árboles.

A partir de un plantón que duró varios meses para frenar la culminación del proyecto ecocida, esta resistencia adquirió apoyo popular en Xalapa, pues la obra concesionada por el gobierno veracruzano a una empresa tamaulipeca no tenía un beneficio social y sólo fue un pretexto para “lavar” dinero público a través del capital privado. Al final, la obra se realizó y la empresa denunció penalmente a varixs de lxs activistas involucrados en la lucha.

Pese a ello, del “Camellón en Resistencia” emanaron raíces que se integraron a otras luchas. La actual siembra de árboles permitió que desde el diálogo y la propuesta, los familiares de personas desaparecidas invitaran a estas otras luchas a tejerse, a sumarse al encuentro colectivo y a la cooperación desde muchas manos y voluntades por una finalidad común que es defender la vida.

Las familias buscadoras, particularmente las mujeres, madres, esposas, hermanas e hijas de los ausentes están colocando una reflexión muy potente sobre la visibilización de las desapariciones como un problema público que requiere ser abordado por todas las luchas. Por esta razón, con la siembra de un árbol buscan ampliar los horizontes de esperanza y dejar una huella en el terruño que crecerá y florecerá tal como la propia rebeldía de las personas buscadoras que nos enseñan dignidad en un país lastimado por las violencias y la impunidad.

Para esta enorme tarea han optado por la memoria, un derecho que tienen las víctimas y que se reclama políticamente de muchas formas, una memoria hecha desde abajo, que construye un duelo propio y que, en este caso, a través de la metáfora de la siembra permite pensar en las conexiones que podemos establecer entre el cuidado del territorio y la exigencia de aparición con vida de las más de 135 mil personas que nos hacen falta.

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