Recordando 1936 y la utopía libertaria de la Revolución. (Tercera entrega)

Recordando 1936 y la utopía libertaria de la Revolución. (Tercera entrega)

Ésta es nuestra tercer entrega de este intento de recuento histórico respecto a lo que fue la Revolución Libertaria de 1936 en el territorio dominado por el Estado español. Hemos comenzando a recorrer esa larga historia de experiencias y luchas de los y las anarquistas, de los y las obreras en España y aún ni siquiera entramos al siglo XX, sin embargo, este rodeo de décadas me parece importante por lo menos vislumbrarlo, para saber que lo que se desemboco en 1936 fue el resultado de estas décadas de luchas, de experiencias en las que el anarcosindicalismo y el anarquismo se fue arraigando entre la clase trabajadora y que posibilitó la revolución de 1936.

 En esta entrega, continuaremos con el somero resumen del movimiento obrero anclado al anarquismo que comenzamos en el anterior apartado, donde vimos el acontecer histórico de la conformación inicial del movimiento obrero y su afinidad con el anarquismo desde la influencia que ejerció el ala libertaria de la Internacional en ese pedazo de tierra, y en ésta, continuaremos ese recorrido, desde la disolución de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de los Trabajadores, hasta la conformación de Solidaridad Obrera, órgano que ya es el antecedente inmediato de lo que en 1910 se conformara como la Confederación Nacional del Trabajo.

¡Salud, anarquía y revolución social!

Recordando 1936 y la utopía libertaria de la Revolución.

Recordando 1936 y la utopía libertaria de la Revolución. (segunda entrega)

 

3.- Como si pudiéramos resumir la historia I: De la irrupción del movimiento obrero a la constitución de la CNT. (Continuación)

3.2.- Después de la Internacional: De la Federación de Trabajadores de la Región Española a Solidaridad Obrera.

En 1881 en Barcelona se acordó la disolución de la Federación Regional Española-Asociación Internacional de los Trabajadores, para poder salir de la clandestinidad y reorganizarse. Ese mismo año los grupos republicanos y regionalistas, buscando atraer a sus filas al movimiento obrero convocaron a un congreso para constituir la Gran Federación del Trabajo, sin embargo, el grueso del movimiento obrero, permeado por las ideas libertarias, desbordó el congreso y se implantaron las ideas anarquistas y las formas organizativas federalistas, sobrepasando las pretensiones de los republicanos, adoptando el nombre de Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), que sería la reedición de la FRE, pero sin las siglas de la AIT, siendo la tendencia libertaria la más fuerte y logrando un importante crecimiento entre los trabajadores, tanto en las zonas urbanas como en las agrícolas, teniendo para 1882 alrededor de 50,000 afiliados, en 500 secciones. En su seno se hacen presentes dos posiciones principales:

 

En Catalunya predominaron los partidarios de la organización obrera que actuara en la legalidad, pero al margen de la política burguesa y los partidos políticos.


En Andalucía predominaron los partidarios de la propaganda por el hecho.


Ambas posturas coincidieron en reconocer el anarquismo como finalidad y medio para la construcción de la sociedad futura, así como las luchas reivindicativas como táctica de la organización (Zugasti, 2008).


La represión en contra de la nueva federación obrera no se hizo esperar y se presentó brutalmente, principalmente en la región de Andalucía, donde los jornaleros eran sometidos a condiciones de semi-esclavitud. La represión se desató a partir de lo que se ha asumido como un montaje policiaco conocido como “el caso de la Mano Negra” en 1882, donde a partir de la existencia de un supuesto grupo secreto terrorista ligado a la FTRE y de una serie de crímenes aislados, se justificó la persecución y la represión en contra de los miembros de la Federación para contener la creciente agitación social entre los jornaleros ante las condiciones económicas y sociales a las que eran sometidos.


La represión lastimó duramente a la organización, que nuevamente se volvió a ver reducida, éste fue uno de los factores que originaron que la FTRE se fuera debilitando, junto con las divergencias entre las dos posiciones encontradas en su seno: la que pugnaba por la acción colectiva, organizada y federalista y la que pugna por la acción individual y la “propaganda por el hecho”.


La “propaganda por el hecho” es una táctica de lucha que nació en los medios rusos e italianos, que sin llegar a ser la forma fundamental de lucha del anarquismo, si ha estado presente, en mayor o menor medida, en la historia del anarquismo, según el momento y el lugar determinado. En nuestro caso, en “España” fue ganando terreno y tomando fuerza, especialmente en determinadas regiones y durante determinados periodos concretos, sobre todo ahí y cuando las condiciones sociales se agudizaban y donde y cuando la represión se hacía más presente y más brutal1 (Nuño, 2010).


Ambas posiciones dentro de la FTRE convivieron, no sin enfrentamientos, a la par que se levantaron una serie de movimientos de agitación entre 1881 y 1888, que se hicieron expresos con las huelgas en Catalunya y Asturias, y los levantamientos campesinos en Andalucía, Valencia, dándose a la par fuertes e importantes debates ideológicos y culturales, que a partir de mediados de esa década comenzaran a darle una fuerte importancia a lo cultural, originando la proliferación de trabajos y esfuerzos destinados a difundir y construir una cultura libertaria entre los trabajadores2, como parte del proceso revolucionario, esto se hace manifiesto con la proliferación de centros obreros, ateneos y publicaciones, dirigidos a una diversa gama de temas, tales como: ciencia, educación, economía, naturaleza, nudismo, campismo, ecologismo, naturalismo, vegetarianismo, políticos, económicos, sindicales, históricos, pedagógicos, culturales, etc. (Masjuan, 2000).


También, es a finales de la década de 1880 cuando se lleva a cabo el 1er Congreso del PSOE3 y la conformación de su brazo sindical: la Unión General de Trabajadores (UGT)4 (Zugasti, 2008), con lo que se abre una nueva veta del movimiento obrero en “España”, es a partir de entonces que puede hablarse de la existencia de otra tendencia en el movimiento obrero que no fuera la anarquista, aunque la corriente socialista continuó siendo marginal, tanto sindical como políticamente, hasta por lo menos 1910.


Con la llegada de la última década del siglo XIX, en el movimiento obrero en “España” predominantemente anarquista, se reavivaron también debates respecto a la conveniencia de utilizar o no los cauces legales para la lucha sindical, cuestión que fue zanjada por el cierre de dichos cauces desde el poder político, lo que fortaleció las posturas de salir de los cauces legales, procediendo a disolver la Federación de Trabajadores de la Región Española, pero manteniendo una serie de pactos flexibles entre las organizaciones obreras y los grupos ideológicos que se aglutinaron en la Organización Anarquista de la Región Española, de tendencia anarco-comunista, que sería el antecedente de lo que en 1927 se conformaría como la Federación Anarquista Ibérica (FAI), por su parte los organismos obreros mantendrían relación por medio del Pacto de Unión y Solidaridad de 1889 (Zugasti, 2008).


Vendrían también los intentos de impulsar la Huelga General Revolucionaria, por parte de los órganos obreros anarquistas, que al no contar con un órgano que cohesionara la acción, encontró muchos tropiezos, pero sin que esto implicara importantes movimientos huelguísticos a niveles locales o regionales (Zugasti, 2008) y también tomaron fuerza los actos de “propaganda por hecho” realizados por elementos ligados al anarco-individualismo que actuaban principalmente en respuesta a la represión y brutalidad ejercida desde el Estado (Nuño, 2010). En este contexto se celebra por primera vez en la región el 1º de Mayo, con una huelga general que se extiende por la región andaluza en 1890, que se repetirá al año siguiente convocada por el Pacto de Unión y Solidaridad, y también se realizarían una serie de atentados, que darían el pretexto para detener a Fermín Salvochea, uno de los principales agitadores en la región y para extender la represión sobre los organismos anarquistas y obreros.


También en este contexto, en 1892 se da una insurrección social en la región de Jerez, donde alrededor de 500 trabajadores tomaron la localidad al grito de “Viva la anarquía” “Viva la revolución social” “Muerte a la burguesía” (Zugasti, 2008), los insurrectos intentaron liberar a los presos acusados de pertenecer a la “Mano Negra” de la cárcel, aunque sin lograrlo. La policía se mantuvo al pendiente, sitiando la localidad, hasta tener incidentes “suficientes” para justificar la represión, de la que resultaron heridos cientos de trabajadores, algunos encarcelados y condenados a largas condenas, entre ellos Fermín Salvochea y cuatro labradores anarquistas que fueron ejecutados en la plaza.


En otras regiones la agitación obrera se hacía presente en las zonas industriales, como la huelga de Bilbao, impulsada por los socialistas y una serie de huelgas en Catalunya, Andalucía, Madrid, Zaragoza, Valencia, Cartagena, impulsadas por los obreros anarquistas, en reclamo a la reducción de la jornada laboral, en contra los barrancones en los que los trabajadores eran obligados a habitar y en contra de la obligatoriedad de comprar en las tiendas de la empresa. De entre éstas, la huelga en Barcelona convocada por el Pacto de Unión y Solidaridad paso de ser un acto pacifico, a ser escenario de enfrentamientos entre obreros y policías, ante lo que se decretó la ley marcial y se desató la represión, ante lo que se presentaron actos de propaganda por hecho, que fueron adquiriendo fuerza en la región, como el atentado fallido en contra del Capitán General de Catalunya, y se desataron también las ejecuciones en contra de los anarquistas perpetradores y las venganzas en respuesta, como la realizada por Santiago Salvador, quien arrojó una bomba en el Teatro Liceo de Barcelona, en venganza a la ejecución de Paulino Pallas, un joven anarquista andaluz que actuó en venganza por las ejecuciones que se realizaron en Jerez (Nuño, 2010).


Esto dio el pretexto adecuado para desatar una fuerte represión en contra del movimiento obrero y anarquista, que se conoció como los “procesos de Montjuic”5, donde fueron detenidos un importante número de obreros y sometidos a torturas e interrogatorios durante meses. Ante la segura condena y castigo de diversos obreros acusados del atentando, Santiago Salvador se declaró autor único del atentando, sin embargo esto no impidió que fueran ejecutados otros cinco compañeros anarquistas. Ante estas ejecuciones, se hicieron presentes otros actos de venganza y propaganda por el hecho, que fueron respondidos con una amplia represión en contra de obreros, maestros, escritores, una represión generalizada en contra de todo aquel que portara ideas avanzadas, quienes fueron trasladadas al castillo de Montjuic, detenidos por la llamada “Brigada Social”6.


Los detenidos en los procesos de Montjuic fueron sometidos fuertes y brutales torturas durante un par de meses, hasta que las autoridades decidieron a quienes harían culpables y solicitaron al Consejo de Guerra, 28 de penas de muerte, 59 cadenas perpetuas, de las cuales se ejecutaron 5 condenas a muerte, y 20 condenas a diferentes penas carcelarias, que se llevaron a cabo el 4 de mayo de 1897, mientras que todos los coacusados restantes fueron enviados a una colonia carcelaria en África, después de esto se logró levantar una campaña en el extranjero que se hizo presente en “España”, exigiendo la libertad de los presos y la revisión de los procesos, además, un joven anarquista italiano, decidió vengar las ejecuciones, asesinando al Presidente del Consejo de Ministros ese mismo año (Zugasti, 2008).


Con la llegada del siglo XX, y después de la feroz represión de la última década, volvió a pujar la necesidad de una organización obrera, por lo que en 1900 los albañiles de Madrid convocaron a una conferencia a la que acuden delegados de lo que fuera la FTRE y del Pacto de Unión y Solidaridad, provenientes de las diferentes regiones del territorio y se acuerda constituir la Federación Regional Española de Sociedades Obreras, con esta nueva organización es que se convoca a las jornadas de huelga de los metalúrgicos en diciembre de 1901 en Barcelona, en pos de la jornada de 8 horas, que duro dos meses ante la cerrazón patronal, la nueva federación en febrero de 1902 llama a la huelga general en solidaridad, que logra extenderse en toda la ciudad y en otras ciudades de la región por una semana más a pesar de que la UGT se negó a solidarizarse con la huelga metalúrgica y la consiguiente huelga general, pero sin que se lograra extenderse más allá de la región.


Con esto, la huelga general fue tomando fuerza como táctica de lucha de los obreros y anarquistas, y las sociedades obreras comenzaron a asumirse como sindicatos7, la nueva federación vivió hasta 1906 y se enfrentó al auge en que diferentes partidos socialistas y republicanos comenzaron a usar un discurso “obrerista”, dirigido a atraer a los obreros a su seno con fines electorales. Dentro del movimiento obrero y agrícola, y dentro del anarquismo tomó más fuerza lo que ya afínales del siglo XIX había comenzado: la importancia de la educación y la cultura en la concepción de una futura revolución anarquista, lo que generó que los procesos educativos comunitarios, informativos, publicaciones, centros sociales, proyectos pedagógicos y una diversa gama de actividades e instrumentos culturales, que tenían por objetivo construir una cultura libertaria que se anclara en los obreros y campesinos, en sus concepciones y prácticas cotidianas, políticas y de lucha, gestándose aquí las más brillantes mentes libertarias del anarquismo ibérico que tenían presencia en las diferentes publicaciones que el movimiento distribuía en las diversas ciudades y regiones agrícolas por toda la península (Zugasti, 2008).


Es durante esta época donde el anarquismo “español” llevo a cabo una fuerte tarea educativa, pedagógica y cultural entre sus militantes obreros, campesinos y jornaleros. Los y las anarquistas comenzaron a impulsar escuelas con proyectos pedagógicos libertarios que vendrían a revolucionar la concepción de la educación8, no sólo dentro del movimiento obrero, sino que décadas después, influyó incluso en los proyectos educativos nacionales, que tomaron dichos proyectos, despojándolos lo más posible de su espíritu anarquista9.


Junto a esta diversidad de proyectos educativos-escolares-pedagógicos, el anarquismo ibérico impulsó una importante tarea cultural a partir de los ateneos obreros, centros sociales, así como con la importante diversidad de publicaciones dedicadas a diferentes temas, políticos, sociales, económicos, culturales, donde se difundían las propuestas anarquistas y donde se discutían estos y otros temas que se remitían, además de los temas “clásicos” del movimiento obrero y socialista, a otros tales como el nudismo, el naturalismo, el vegetarianismo, el feminismo, el amor libre, la libre sexualidad, además de un sin número de temas científicos.


Estos proyectos libertarios tenían el fin de: abatir las condiciones de “ignorancia”10 a las que el capitalismo condena a la población trabajadora en las ciudades y los campos; combatir los dogmas y traumas que las instituciones eclesiásticas difunden e introducen en el pensamiento; transformar la forma de pensar de los y las trabajadoras; e inculcar y fomentar un pensamiento libertario, que se hiciera parte de una cultura libertaria11, en la cual se basaría la futura revolución y sociedad. Infinidad de militantes anarquistas hechos maestros recorrían los barrios obreros, los pueblos en las diferentes regiones, con el fin de llevar dichos proyectos educativos y culturales, haciendo posible que los y las trabajadoras tuvieran acceso a esos conocimientos que el capitalismo les negaba. De entre estos proyectos, el más relevante y conocido, podría ser el del militante y pedagogo anarquista Francisco Ferrer I Guardia, con su “Escuela Moderna”.


El modelo de la “Escuela Moderna”12, por sus innovaciones, fue rápidamente adoptada por otros proyectos educativos y comenzó a extenderse con fuerza, primero por Catalunya y después en otras regiones, por lo cual despertó una fuerte oposición entre las clases dominantes y las jerarquías políticas y religiosas, quienes aprovecharon el atentado realizado por el anarquista Mateo Morral en contra de los reyes, para encarcelar a Ferrer I Guardia por un año, acusándolo de haber colaborado con Morral, después de lo cual ya no volvió a abrir el centro educativo.


Junto a este impulso de la táctica educativa y cultural del anarquismo, en los primeros años del siglo XX llego a constituirse lo que sería conocido como en “sindicalismo revolucionario”. Este planteamiento se vino formulando desde los últimos años del siglo XIX en los organismos obreros en Francia aglutinados en la Confederación General del Trabajo (CGT)13.


En esta organización convivían tres propuestas: el sindicalismo revolucionario, impulsado por los anarquistas; los guesdistas, que defendían que los sindicatos deberían depender políticamente del Partido Socialista; y el sindicalismo reformista, que plantearía que las luchas obreras deberían ceñirse a reivindicaciones económicas. De estás 3 corrientes, las dos sindicalistas reivindicaban la independencia del movimiento obrero respecto a los partidos políticos y en 1906 la CGT plasma los principios del sindicalismo revolucionario en las Cartas de Amiens, por la influencia de los anarquistas:


Independencia de los sindicatos respecto a los partidos políticos y agrupaciones ideológicas; libertad de sus miembros respecto a participar unos u otras.

Objetivo inmediato de luchar por mejoras en las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Objetivo final de acabar con el capitalismo.

El sindicato y sus funciones: En un principio serán grupos de resistencia y en el futuro serán la base de reorganización social.

Estos principios, que ya tenían un fuerte sustento entre el movimiento obrero anarquista en “España”, vendrían a fortalecerse durante las primeras décadas del siglo XX y para 1907 el movimiento obrero volvería comenzar a repuntar, pero esta vez, siguiendo un camino de abajo arriba: A partir de organismo locales se fueron tejiendo redes y estructuras regionales, constituyéndose algunas Federaciones Locales, como en Barcelona, donde adoptaría el nombre de “Solidaridad Obrera” (Zugasti, 2008), que lanzaría a la calle la publicación bajo el mismo nombre, consiguiendo al año de conformada, alrededor de 25,000 afiliados, principalmente de Catalunya, pero también asistieron sociedades obreras de otras regiones, presentándose como un organismo sindical meramente sindicalista, reivindicativo e independiente de las corrientes socialistas que convivían en su seno: marxistas y anarquistas.


Los socialistas marxistas dentro de la nueva organización, buscaban llevarla a integrarse al órgano sindical del PSOE, la UGT, mientras que los anarquistas reivindicaban el sindicalismo revolucionario que tomaría forma en el anarcosindicalismo, posición que pronto se haría más fuerte que la de los socialistas marxistas, adoptando la huelga general como táctica de lucha por excelencia, con el objetivo de extender la organización hacia el resto del territorio bajo el dominio del Estado español, objetivo que sería truncado, por el momento, debido a los suceso conocidos como “La semana trágica”, en Barcelona.


Esta “semana trágica” comenzó cuando en julio de 1909, el gobierno anunció que los reservistas tendrían que prestar servicio militar en Marruecos, para entablar la guerra colonial abierta en contra de la población nativa, esta guerra afecto en especial a las familias trabajadoras, que se veían imposibilitadas de sobrevivir con la ausencia o muerte de uno de sus miembros y comenzaron a movilizarse, protestando en contra de la partida de sus familiares y de la guerra en Marruecos, en este contexto, Solidaridad Obrera convocaría a la huelga general (Peirats, 2006) y al comité de huelga se sumarian otros grupos socialistas (Zustagi, 2008).


El 26 de julio de 1909, la ciudad de Barcelona quedaría paralizada por la huelga general: los obreros y el pueblo levantarían barricadas en las calles y desatarían su furia en contra de la iglesia, quemando conventos e iglesias (Peirats, 2006), hasta tener en sus manos las calles de la ciudad, generando un desconcierto entre políticos, policías y militares, ocasionando que algunos soldados se negaran a disparar contra la movilización, que el gobierno dimitiera y que la policía desapareciera de las vista ante la gran movilización, dejando las calles en manos del pueblo.


Los insurrectos dinamitarían las vías del tren para impedir la llegada de tropas militares, por lo que se declaró el estado de guerra en Barcelona (García, 2008), dos días después comenzarían a entrar las tropas a ciudad, que tardarían hasta el 31 de julio para terminar con la insurrección, con un saldo oficial de 104 civiles muertos, aunque desde los participantes se hace la cuenta de alrededor de 600 (Zugasti, 2008). Alrededor de 1700 personas fueron acusadas por tribunales militares, fueron condenadas 450, 17 de ellas a muerte, de las cuales se ejecutaría a 5, entre ellas a Francisco Ferrer I Guardia, el pedagogo anarquista fundador de la “Escuela Moderna” (Peirats, 2006) quien no participó en la insurrección, pero en contra de quien las jerarquías políticas y religiosas mantenían un rencor, debido a su labor educativa anarquista.


Después de estos sucesos, Solidaridad Obrera vio la urgencia de retomar su plan de extenderse por todo el territorio español, pues la fuerte represión dejó clara la necesidad de contar con una organización capaz de reaccionar y solidarizarse en las diferentes regiones, para lo que convocó al “Congreso de Bellas Artes” a finales de octubre de 1910, al cual llegaron delegados de organismos obreros de todas la regiones, entre quienes estaban los viejos militantes de la FRE y la posterior FTRE, retomando los principios que ya el movimiento obrero español había hecho patente desde la FRE, y que estaban plasmados en las “Cartas de Amiens” de la CGT francesa, del sindicalismo revolucionario, fundando la Confederación Nacional del Trabajo, asumiendo al sindicalismo como:


“un medio de lucha (…) para recabar de momento todas aquellas ventajas que permitan a la clase obrera poder intensificar la lucha dentro del presente estado de cosas, a fin de conseguir (…) la emancipación integral de la clase obrera, mediante la expropiación revolucionaria de la burguesía, tan pronto como el sindicalismo (…) se considere bastante fuerte numéricamente y bastante capacitado intelectualmente para llevar a efecto la huelga general, que por propia definición deber ser revolucionaria, y hace suya la divisa de la Primera Internacional: “La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos”. Por consecuencia, los sindicatos de la CNT sólo pueden estar integrados por obreros que conquisten su jornal en las empresas o industrias que explotan la burguesía y el Estado” (CNT, 1959; 48, citado en Peirats, 2006; 25).


Con la conformación de la Confederación Nacional del Trabajo vendría a concluir una etapa de conformación del movimiento obrero anarquista en la región conocida como “España”, largas décadas de lucha, de experiencia, de represiones, que llevaron al anarquismo y al movimiento obrero ligado a éste hacia la conformación de lo que llegaría a ser una poderosa organización obrera con una clara influencia anarquista, la cual en la revolución de 1936 será indispensable y sin la cual no podemos entender ese proceso histórico que estamos intentando recordar, no sólo por rememorar, sino por intentar vislumbrar de la historia ejemplos y experiencias que nos sirvan a entender los procesos revolucionarios, y poder a partir de eso, intentar vislumbrar que nos hace falta, que de esas experiencias no son útiles, que no, y que necesitamos construir.


Este recorrido preliminar a la revolución de 1936 aún no hay terminado, pues aún faltan una larga serie de años, experiencias y procesos en los cuales la CNT formo parte, como órgano obrero ligado al anarquismo, al cual iremos llegando poco a poco, siguiendo este intento de resumen histórico, del cual, en un primer momento intentamos dejar clara la idea de que las revoluciones son procesos, que no irrumpen simplemente de la nada, que no nacen por generación espontánea, sino que requiere de un acumular experiencias, historias, esfuerzos, derrotas, en suma de un proceso incesante, que nos conlleve a construir la posibilidad tanto de una insurrección social amplia, como de una revolución, que tampoco se termina con la insurrección. De construir órganos sociales, donde a la par de constituir una fuerza social, se construyan y reconstruyan las formas en que entendemos la vida y la vivimos en sus diferentes ámbitos sociales, formas culturales, políticas, económicas, relacionales, de convivencia, de discusión, de divergencia acorde a los principios base del anarquismo, y a la libertad, para poder desde ahí empujar procesos revolucionarios, que fuera de romanticismo, son procesos arduos, nada fáciles y mucho menos inmediatos.


Esto queda retratado en esta primera parte del recorrido preliminar, un proceso que ni siquiera podemos situar a partir de la constitución de la CNT o de la FAI, sino que devenía de décadas de lucha y organización, de aciertos, errores, de transformaciones propias del mismo movimiento, y desde luego, de la represión a la que cualquier planteamiento de lucha, más si es verdaderamente revolucionario y peligroso al Estado y al capitalismo, tendrá que enfrentar.


Aunque el recorrido preliminar no termina aquí, pues nos falta aún, si podemos decir que en 1910, con la conformación de la CNT se cierra una etapa, que inicio desde la década de 1860, y comienza otra que vendrá a continuación y hasta 1936. Así, que espero no desesperemos con llegar tan pronto a 1936 y la aún larga experiencia, ya no en años, sino en procesos que se desencadenaron con la revolución anarquista.
Continuará…

 

Bibliografía.

-CNT Confederación Nacional del Trabajo.
1959. Congreso de constitución de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Ediciones CNT, Toulousse.
-García Oliver, Juan.
2008. El eco de los pasos. El anarcosindicalismo en la calle, en el Comité de Milicias, en el gobierno, en el exilio, Reproducción de a edición de 1978 realizada por Ruedo Ibérico, Coedición Fundació d´Estudis LLibertaris i Anarcosindicalistes-Librería La Rosa de Foc-Confederación Nacional del Trabajo Catalunya, Madrid.
-Gil Andrés, Carlos.
2010. “La aurora proletaria. Orígenes y consolidación de la CNT”, en en Casanova, Julián (Coord.) (2010) Tierra y libertad. Cien años de anarquismo en España, Editorial Crítica S.L, págs. 89-116, Madrid.
-Masjuan, Eduard.
2000. La ecología humana en el anarquismo ibérico. Urbanismo “orgánico” o ecológico, neomaltusianismo y naturismo social, Icaria Editorial-Antrazyt, Barcelona.
-Nuño Florencio, Rafael.
2010. “El terrorismo”, en Casanova, Julián (Coord.) (2010) Tierra y libertad. Cien años de anarquismo en España, Editorial Crítica S.L, págs. 61-88, Madrid.
-Peirats, José.
2006. Los anarquistas en la crisis política española (1869-1939), Libros de Anarres, Colección Utopía Libertaria, Buenos Aires.
-Sánchez Jiménez, J.
¿?. El movimiento obrero y sus orígenes en Andalucía, Editorial ZYX.
-Zugasti Jiménez, Paco
2008. La clase obrera hace historia, Coedición Fundación Emmanuel Mounier-SOLITEC-IMDOSOC-Instituto Social Obrero, Colección SINERGIA, Serie Roja, Salamanca.

×

Log in