El 13 de septiembre (#13SMX) del 2013, se llevó cabo el desalojo del plantón que mantenía la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), desde el pasado 19 de agosto, como forma de lucha para echar abajo la reforma educativa privatizadora, que vulnera además los derechos laborales del magisterio Nacional.

 

Una vez más la saña del estado mexicano en contra del pueblo organizado salió a relucir a través de un nuevo despliegue policiaco nunca antes visto en la historia reciente de la capital del país. Lo implementaron conjuntamente el carnicero de Atenco -Enrique Peña Nieto-, así como el policía que encabeza el gobierno del Distrito Federal –Miguel Ángel Mancera-. Movilizaron alrededor de 10 mil efectivos de la policía, tanto de la federal, como capitalina, así como la industrial bancaria y diversos grupos especiales y del cuerpo de granaderos; todo con el objetivo de acabar con la digna resistencia magisterial. Sin embargo, se encontraron con un repliegue táctico por parte de la CNTE, así como de organizaciones e individuos solidarios que dieron la batalla y se retiraron con la frente en alto de las inmediaciones del Zócalo.

 

¿Qué camino queda si el gobierno ha dado muestra una vez más de la incapacidad para resolver las demandas populares por medio de la negociación? Esto a pesar de que la CNTE se estuvo movilizando fuertemente de manera cotidiana y permanente, siempre por delante el carácter civil y pacífico, todo esto en la búsqueda de la solución a sus demandas. De las masivas y constantes movilizaciones el gobierno federal hizo gala de una enorme omisión a la lucha magisterial, provocando e ignorando en todo el proceso, comportándose irresponsablemente.

 

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