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Azqueltán y la defensa del territorio en el norte de Jalisco, México

- Abril del 2018 -

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En 1733 México no existía como nación ni como idea, su territorio estaba dividido en virreinatos y en Azqueltán dependían de la coronal española. Las identidades eran otras, los pueblos que en aquel entonces recibieron estas ordenanzas han desaparecido casi en su totalidad. Sin embargo, aún quedan algunos y han conservado bien los documentos que certifican que son los usufructuarios de determinadas extensiones de tierra. Sobrevivieron a la guerra de independencia, al sangriento siglo XIX, a la revolución fracasada, al siglo del Partido de la Revolución Institucional (PRI) y ahora luchan en contra de los herederos del despojo, pequeños propietarios, empresas mineras que esperan el menor descuido para empezar las extracciones. Sobrevivientes de culturas milenarias.

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Estas tierras, según nos cuenta el comunero Catarino, fueron primero habitadas por aquellos mayores que son conocidos como tepecanos, aunque en muchas de las referencias actuales se les llama tepehuanos; tiempo después, cuando la mayoría de estos primeros habitantes se extinguieron, los wixaritari comenzaron a vivir en sus tierras sin dejar de reconocer su privilegiada herencia de cosmovisión.

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Refrendado como válido en 1954 por la Secretaría de la Reforma Agraria, el título u ordenanza virreinal se ubica por encima de los títulos ejidales y de pequeña propiedad, por lo que sería de esperarse que el tribunal agrario resuelva a favor de la comunidad indígena, quienes han presentado toda la documentación y han actuado conforme a derecho. Su abogado, Rubén Ávila Tena, ha expresado esta situación en varias ocasiones y además ha señalado una serie de irregularidades por parte de los pequeños propietarios.

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Catarino Aquilar es el representante agrario suplente, fue secuestrado por un grupo de gente armada el 19 de abril de 2018 junto con su sobrino Noé Aguilar Rojas, un joven comunero; al día siguiente, las personas que se los llevaron los dejaron en un punto de la sierra, les quitaron las esposas con las que los inmovilizaron durante un día y sin decir una palabra los abandonaron ahí.

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El pueblo tepecano (o’dam según su propia lengua) está repartido en los actuales estados de Nayarit, Jalisco, Durango y Chihuahua. No se conocen las razones de su disgregación pero sí se tiene registro de la defensa de su territorio desde hace siglos, de ahí que la resolución virreinal sea fundamental: es una victoria en un mar de luchas y despojos.

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«No pudimos ver los rostros de las personas que nos llevaron, fue muy rápido y muy confuso todo, tampoco nos golpearon mucho, no sabemos quiénes son pero por el contexto en el que nos encontramos, suponemos que es una manera más de amedrentarnos que tienen los pequeños propietarios que no reconocen nuestras tierras», me dice Catarino casi al final de la visita al cerro sagrado de Colotlán. Su rostro lucía tranquilo y no había rastro de sudor.

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«Hicimos un trámite agrario –explica Catarino– que se llama titulación y confirmación de bienes comunales ante el tribunal agrario de Guadalajara. Hace aproximadamente un año tuvimos una reunión en Asuntos Agrarios del estado, con el presidente municipal, Aldo Gamboa (Partido Acción Nacional), respecto a algunos problemas que ya estaban surgiendo. Ahí se comprometió él a hacer llegar la noticia a todas las personas de las rancherías que se abstuvieran de andar cercando, de invadir terrenos».

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Para el grupo de familias indígenas que sostienen el trámite agrario desde 2013, –en términos legales desde esa fecha pero por la vía histórica, por lo menos desde hace casi 80 años han comenzado este proceso– el hecho de que algunas personas empiecen a cercar de manera irregular, impide, sobre todo, el libre tránsito por el territorio comunal y corta, en varias ocasiones, las rutas de peregrinación, de cultivo, de pesca.

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Se han presentado casos en donde supuestos pequeños propietarios han violentado y amenazado a los comuneros, les exigen que ya no siembren en tal o cual tierra o que dejen de pescar en algún tramo. «Esta tierra es nuestra, no de ustedes», argumentan amenazantes.

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Lo que está en juego es algo que Raymundo Ortiz, abogado michoacano con amplia experiencia en defensa de comunidades indígenas: «es una guerra de castas moderna, la gente no quiere aceptar que hay otros modos de propiedad de la tierra distintos a la pequeña propiedad, con otros beneficios pero también con más responsabilidades y sobre todo, fuera del foco del enriquecimiento personal».

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Desde el gobierno local se reproduce la misma estrategia de división en donde no se respeta la propiedad comunal y por el contrario, se manipula la información; al final, quien puede resultar victorioso de este lado, ni siquiera son los pequeños propietarios, sino empresas transnacionales.

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Para las y los tepecanos, para las y los wixaritari de Azqueltán está claro que hay que continuar con la lucha, no sólo porque tienen derecho a defender sus tierras sino porque tienen los argumentos y la documentación necesarios. Ven con buen futuro y esperan un buen resultado al final de este largo camino, saben que no será fácil y que puede haber muchos riesgos, pero todo por conservar la vida de las generaciones futuras, vale el esfuerzo.

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Durante esta visita a Azqueltán, tuve la impresión de que la población que está organizada espera la solidaridad de otros pueblos indígenas y la presencia de colectivos y organizaciones sociales; Catarino me lo confirma al final de la entrevista que tuvimos, sin embargo, hasta ahora sólo han sido el Congreso Nacional Indígena (CNI), y la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para todas y Todos (Red TDT) los espacios para poder denunciar y comunicar lo que ocurre en esta latitud.

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Raquel Gutiérrez, investigadora mexicana con mucha experiencia en el análisis de las luchas sociales en América Latina, afirma que existe un tipo de luchas no Estado-centricas, ya que no detentan la ocupación del poder político estatal sino que se concentran en la defensa de procesos que tienen como fin último la reproducción material de la vida y la puesta en común de problemáticas que competen a todos los participantes. Azqueltán es una de estas luchas.

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Tras la denuncia de secuestro, la insistencia en la aplicación de justicia en materia agraria y la denuncia que ha hecho la comunidad para que las autoridades municipales, estatales y federales respeten sus tierras, los pueblos tepecanos y wixaritari que conviven en la región norte de Jalisco mantendrán su lucha por el reconocimiento de la propiedad comunal y por la defensa de la vida y su cultura.

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REGENERACIÓN RADIO | MAYO DEL 2018 | AZQUELTÁN Y LA DEFENSA DEL TERRITORIO EN EL NORTE DE JALISCO, MÉXICO